Leo en el diario que en un debate sobre la forma de afrontar la coyuntura económica actual celebrada el 23 de febrero en el IESE, el Profesor Juan José Toribio apuntó que la situación presente es adecuada para abordar una reforma en profundidad del sistema tributario español. Su propuesta incluía una reducción a corto plazo de las cotizaciones sociales unida a un aumento del IVA y, a medio plazo, llevara a cabo una igualación de los tipos aplicables al IVA, IRPF y sociedades, poniendo como ejemplo la experiencia de Eslovaquia que ha puesto el tipo del 20% para los tres impuestos.
La propuesta me parece sumamente interesante, aunque si se llevara a cabo en esos términos llevaría a la desaparición total de la progresividad del sistema impositivo, por lo que, en mi opinión, sería más adecuado un sistema que, sin alejarse mucho de la propuesta, permitiera una progresividad razonable que hiciera posible que las personas con renta próxima a la de subsistencia no pagaran impuestos o lo hicieran en cuantía muy reducida.
Para ello sería necesario que el IRPF tuviera un primer tramo exento, de cuantía equivalente a la renta que se considere de subsistencia, y un segundo tramo, aplicable al resto de la renta, con el tipo que se fijara como referencia para todos los impuestos.
En cuanto al IVA, sería necesario incluir el tipo cero (no la exención actual) que se debería aplicar a los bienes y servicios de primerísima necesidad, esto es los que consumen las personas que están en el nivel de subsistencia. Creo que además sería adecuado mantener un tipo bajo, entre el 4 y el 7%, para el resto de bienes y servicios de primera necesidad y, posiblemente, sería adecuado añadir al tipo normal, que debería ser el generalmente aplicado, un tipo elevado para bienes y servicios especialmente lujosos.
El impuesto de sociedades tendría el tipo único, igual al del segundo tramo del IRPF y al tipo normal del IVA y los tipos se deberían establecer de forma que el esfuerzo fiscal global no variara de forma perceptible, lo que supondría una reducción para quien ya cumple con sus obligaciones fiscales.
Con este esquema impositivo se conseguirían muchos aspectos positivos en el ámbito fiscal: la neutralidad de la imposición respecto del origen de las rentas, una progresividad razonable, especialmente adecuada para las personas de rentas más bajas, una simplificación enorme del cumplimiento tributario de la mayoría de las personas, la incentivación de la actividad económica y la desincentivación del fraude fiscal.
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