De acuerdo con los datos previos existentes, en el momento del apagón el precio mayorista de la electricidad era en España negativo, lo que indica sin lugar a dudas que la demanda de electricidad era en ese momento inferior a la oferta a precios mínimamente positivos.
Esta situación era conocida desde el día antes, cuando se llevó a cabo la subasta horaria de la que salieron esos precios negativos y, aunque no sea frecuente, no es un suceso que no se produzca unas cuantas horas cada año.
En el momento del apagón, por algún motivo que desconozco, se produjo un exceso de generación, respecto a la demanda de ese instante, lo que llevó a un desacoplamiento en cadena de los 15 GW que indican las noticias. Esta caída tan brusca no pudo ser compensada por el sistema francés, que se desconectó inmediatamente del sistema español (la potencia de las conexiones con Francia ni de lejos llega a los 15GW) y solo ya por la tarde, cuando el sistema español empezó a recuperarse pudo apoyar con un suministro de electricidad relevante para la zona fronteriza. La caída del sistema español provocó a su vez la caída del sistema portugués.
Indudablemente, los mecanismos de seguridad del sistema de Red Eléctrica de España deberían haber acotado la zona de caída del sistema a un perímetro mucho más reducido que el conjunto del sistema peninsular, pero la realidad fue muy diferente. Las causas solo pueden ser un diseño insuficiente de esos mecanismos, probablemente con el objetivo de reducir las inversiones, un mal mantenimiento de los mismos o un fallo informático (accidental o provocado)
Me inclino a pensar que la opción primera es la más probable, ya que las inversiones de Red Eléctrica de España deben ser aprobadas por el Gobierno, en concreto por el mismo ministerio que no aprobó las inversiones para aumentar la capacidad de evacuación de agua del Barranco del Poyo en caso de gran avenida, ministerio que seguramente aplicó el mismo criterio de no aprobarlas por su nula rentabilidad en caso de operación normal.
Cualquiera de las otras dos opciones, si hubieran sido las causantes, habrían sido comunicadas a la población por el Gobierno que, con su silencio, parece aceptar implícitamente que es el responsable del apagón.
Independientemente de la causa concreta, creo necesario que se haga un profundo estudio del diseño del sistema eléctrico español para determinar las consecuencias de casos extremos, pero posibles, de desajustes de la oferta y la demanda instantánea de electricidad y la forma de evitarlas, teniendo en cuenta además el progresivo cambio en las aportaciones relativas de las diferentes fuentes de electricidad (solar, eólica, hidráulica, nuclear y ciclos combinados) que con total seguridad se irá produciendo en las próximas décadas, lo que necesariamente llevará a cambiar los criterios de entrada de la energía de las distintas fuentes, hora a hora, a fin de evitar, incluso en ámbitos territoriales mucho más reducidos, que se produzcan desajustes como los del día 28.
El primer objetivo de todos estos cambios debería ser el aseguramiento de la total estabilidad del sistema eléctrico español durante todas las horas de todos los días de todos los años. La sociedad española no se merece estar expuesta a que apagones como los del día 28 de abril se puedan producir, salvo en ámbitos geográficos de una extensión muchísimo más reducida.
También considero necesario modificar el sistema retributivo de la generación de electricidad, en todo aquello que sea necesario para asegurar el cumplimiento del citado objetivo de aseguramiento de la total estabilidad del sistema eléctrico español durante todas las horas de todos los días de todos los años.
Es ciertamente complicado, pero no imposible, diseñar un sistema de fijación de precios y cantidades para la generación eléctrica de un sistema tan complejo como el español, no muy diferente de los de los países de nuestro entorno, ya que las distintas tecnologías de generación tienen características muy diferentes unas de otras en aspectos tan relevantes como la cantidad de energía que puede generar por hora cada una de ellas, la flexibilidad para entrar en el sistema, modificar la cantidad generada, asegurar con una cierta antelación (al menos el día anterior al de la generación) la disponibilidad de la energía, la flexibilidad para salir temporalmente del sistema y las posibilidades de respaldo por otras fuentes de generación en caso de imposibilidad física de generar la electricidad prevista.
Todas las fuentes mencionadas son necesarias, y además convenientes, para asegurar la disponibilidad de la energía requerida por el conjunto del país con una garantía total de la estabilidad del sistema.
Sin duda alguna corresponde al Gobierno fijar las directrices principales de todos los aspectos del sistema, pero debería evitarse que la ideología política de algunas personas que están en la cúpula de la gestión ponga en riesgo el objetivo principal, e irrenunciable, del aseguramiento en todo momento de la estabilidad del sistema eléctrico, lo que solo se puede conseguir si todas las decisiones relevantes sobre el sistema se taman haciendo suyo el citado objetivo principal.
Los que promueven el cierre de las centrales nucleares actuales, antes de que finalicen sus vidas técnicas razonables, deberían proponer a la vez, todas las medidas que tomarían para conseguir que el sistema eléctrico español cumpliera en todo momento el objetivo anteriormente citado, al menos con la misma garantía de estabilidad y con un coste medio de la electricidad para los consumidores que no fuera superior al que se tendría prolongando la vida útil de una forma responsable.
Por su parte, los que promueven la instalación de nuevas centrales nucleares deberían explicitar, con antelación a la decisión de cosntruir, las ubicaciones elegidas, los plazos razonables para conseguir todos los permisos necesarios (incluida la homologación en España de los procesos de dichas nuevas centrales) el coste de las citadas centrales, corriendo ellos con el pago de los costes adicionales a los previstos si los hubiera; también el coste para el consumidor de la energía eventualmente producida por dichas centrales y las consecuencias para el sistema eléctrico de su entrada en operación respecto a las que habría si la misma cantidad de electricidad a generar se produjera con otras tecnologías.
Por su parte, los que promueven el cierre de las centrales de ciclo combinado a gas, deberían explicitar con que fuentes alternativas llevarían a cabo el respaldo a la generación renovable en las horas en que está disponible en una cuantía inferior a la prevista (por ejemplo la reducción de generación solar debida a un bimestre tan nublado y lluvioso como el que, por fortuna, hemos tenido en España en marzo-abril de este año)
Los que defienden que sólo se debería admitir la generación renovable, tendrían que explicar como funcionará la sociedad sabiendo que sólo con el agua, el viento y la luz solar es imposible, hoy por hoy, atender toda la demanda de energía eléctrica que pide la sociedad, y precisamente en las horas en que la desea.
Un criterio que si debería incluirse en el diseño económico del funcionamiento del sistema eléctrico español es que todos los generadores que pongan a disposición del sistema las instalaciones que el regulador considere necesarias deberán renunciar a poder operarlas para maximizar sus beneficios, pero a cambio deberán tener la garantía de que si operan de forma eficiente sus instalaciones, en términos anuales obtendrán un beneficio razonable.
De ac