sábado, 7 de febrero de 2009

España necesita unos nuevos Pactos de la Moncloa

Cada día que pasa es más evidente que la actual situación económica es la peor que ha habido desde el Plan de Estabilización de 1959.

Yo era un niño en esa época y no tengo ningún recuerdo de cómo viví esa situación (suponiendo que notara algo distinto de lo habitual) por lo que la primera situación económica muy grave que recuerdo con claridad es la de los primeros años de la transición, que se empezó a solucionar a partir de la firma, el 25 de octubre de 1977, de los Pactos de la Moncloa, fechas en las que yo estudiaba el cuarto curso de Económicas, lo que ya me permitía tener una opinión muy clara sobre los problemas económicos de nuestro país.

La situación económica era muy difícil, ya que la sociedad española estaba dedicando la mayor parte de sus esfuerzos a realizar la transición política a la democracia y los aspectos económicos se dejaban en un plano muy secundario. Tuvimos la fortuna de que nombraran Ministro de Economía a Enrique Fuentes Quintana, probablemente una de las pocas personas con capacidad para analizar la situación existente y para proponer soluciones razonables y efectivas.

Tuvo, además, el coraje de proponer un pacto político de largo alcance, también económico, a partidos políticos y sindicatos, y tuvo el apoyo total del Presidente de Gobierno, Adolfo Suárez.

Desde la perspectiva de un ciudadano normal, aunque ciertamente interesado en los aspectos políticos y económicos, el resultado palpable fue que se alcanzaron unos acuerdos generalizados (ignoro cuanto cedió cada parte para que fueran posibles) que de forma inmediata alejaron el principal riesgo que entonces tenía nuestra economía, la inflación galopante que se acercaba peligrosamente al 30% en los últimos doce meses y que amenazaba con dispararse a los valores comprendidos entre el 100 y el 1000% anual, habituales entonces en no pocos países de América.

La inflación bajó hasta el entorno del 15% anual, en que se mantuvo hasta que, durante la etapa en que fue Ministro de Economía Miguel Boyer, se inició una nueva reducción relevante que continuó tras la entrada en las CCEE hasta llegar a la situación actual, en que tasas anuales de inflación del orden del 4 o el 5% nos parecen, y lo son, excesivas e inadmisibles.

Para mí, como para la mayoría de la gente, el principal problema que tiene que resolver la sociedad española, de forma muy urgente, es el desempleo, que crece de forma imparable y que amenaza con crear una situación social insostenible cuando, dentro de unos pocos meses, nos empecemos a enterar de que se cuenten por centenares de miles el número de familias que no sólo tengan a todos sus miembros en edad de trabajar sin empleo como ya ocurre ahora, sino que, además, hayan terminado de recibir la prestación por desempleo y no reciban ningún subsidio o lo reciban por cuantía no superior a 200 o 300 euros mensuales.

No existe la varita mágica que cree de la noche a la mañana el par de millones de nuevos puestos de trabajo que precisa la economía española para hacer manejable el problema del desempleo, ni tampoco basta con unas pocas medidas que aumenten el déficit público en unas pocas decenas de miles de millones de euros. Es necesario actuar sobre múltiples aspectos que incluyen, al menos, modificaciones relevantes en la optimización del gasto público, en los niveles de administración central, autonómica y municipal, y también en la fiscalidad, la seguridad social, el sistema de pensiones, las legislaciones laboral y económica y el sistema educativo.

No será fácil poner de acuerdo a los partidos políticos, cuantos más mejor pero necesariamente al PSOE y al PP, a los sindicatos (como poco a UGT y CCOO) y a la patronal para que se introduzcan en nuestro marco legal, y en las prácticas diarias, las modificaciones necesarias para salir de esta situación sin que los más sacrificados sean precisamente los más débiles.

Pasados más de 30 años de los Pactos de la Moncloa, caben pocas dudas de que fueron muy beneficiosos y que, de alguna manera, repartieron los esfuerzos y sacrificios, aunque cada cual pueda pensar que los demás salieron mejor parados. Lo cierto es que permitieron que la economía creciera mucho más y mejor y que, en lógica consecuencia, todos (salvo unos pocos que perdieron privilegios inaceptables) nos hemos beneficiado de ellos.

Para salir de la situación actual es más que probable que la mejor solución, quizás la única razonable, sea la realización de unos nuevos Pactos de la Moncloa, con este nombre o cualquier otro, que tendrían que resolver una situación completamente diferente con soluciones asimismo distintas. Lo que si sería bueno que se mantuviera de los de 1977 es el espíritu de colaboración y de consenso, basado en la convicción de que la solución del problema social al que nos enfrentamos es la prioridad para todos y en la seguridad de que la sociedad española valorará muy positivamente a todos los que colaboren en su elaboración, como ya ocurrió entonces.

Una vez que se hayan alcanzado y puesto en marcha, será el momento para que los políticos vuelvan a su actividad habitual favorita, la consecución del poder a costa de lo que sea.

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