El Presidente del Gobierno se prestó, por segunda vez, a escuchar y contestar en directo las preguntas de unos cuarenta ciudadanos en un programa de televisión.
Está bien que ciudadanos de a pie puedan formular libremente preguntas a quien gobierna.
Me gustó el programa y, para mí, los aspectos más relevantes fueron la constatación de que la situación económica es el problema que más preocupa en la actualidad a los españoles, la sensación de libertad en la formulación de las preguntas y de que los participantes no habían sido elegidos de entre los afines al gobierno, las tablas del Presidente para dar respuestas prolongadas en el tiempo, aunque casi nunca respondiera a la pregunta formulada, los capotes del moderador para evitar que los participantes insistieran en que su pregunta no había sido respondida y, sobre todo, las caras que ponían la mayoría de los participantes al comprobar que era imposible obtener una respuesta a las preguntas claras y concretas que habían formulado.
No debió resultar fácil al Presidente decir en público, ante millones de personas, que el pleno empleo no había sido un compromiso adquirido por él en la campaña electoral, o que nunca ha engañado al personal (como mucho ha incurrido en algún error) con sus previsiones sobre la crisis. Tampoco le debió resultar fácil recomendar confianza como única solución a los que están ya en el paro, o a los que temen estarlo en un futuro próximo, sin perspectiva alguna de encontrar empleo.
Para mí lo más preocupante, además del crecimiento galopante del paro, es que el Presidente no fue capaz de presentar un conjunto de actuaciones que ayuden a mejorar la situación económica y permitan que cuando ésta mejore, que antes o después lo hará, lo haga sustentada en unas bases más sólidas y estables.
Aparenta estar muy convencido de que el plan de infraestructuras de los ayuntamientos generará 400.000 puestos de trabajo. Me temo que serán muchos menos y que, cuando dentro de un año se publique la EPA del cuarto trimestre de 2009, pensaremos para nuestros adentros que ojalá sólo hubiera cuatro millones de parados.
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