He leído las declaraciones de dos de los profesores que más han influido en mi aprendizaje de la economía: Juan Velarde y Paul Samuelson.
Juan Velarde es el coautor, con Enrique Fuentes Quintana, del primer libro en el que estudié economía, cuando en la década de los sesenta hacía el sexto curso de bachillerato. Después he tenido la oportunidad de leer algunos de sus artículos y de escucharle en la radio y siempre me ha gustado, sobre todo, la sensatez de sus afirmaciones.
El mensaje que Juan Velarde ha dado en la presentación del curso “La situación económica española en el contexto de la crisis internacional” es el riesgo de que la economía española evolucione de forma parecida a como lo hizo la economía Argentina en la primera época de Perón. El problema, para Velarde, está en la ausencia de un plan de actuaciones económicas homogéneo y coherente que incluya las medidas necesarias para cambiar a un modelo económico más flexible, eficiente y competitivo. Como siempre ha ocurrido en los últimos cuarenta años, estoy de acuerdo con su diagnóstico y con las soluciones que propone.
Paul Samuelson, además de Premio Nobel, es el autor de un manual de economía que, muy probablemente, ha sido el que han utilizado más estudiantes del mundo. Obviamente, yo también lo usé cuando era estudiante de la Facultad de Económicas.
En una entrevista publicada en La Vanguardia el domingo pasado, Samuelson hablaba de la crisis actual y de entre las cosas que dijo me gustaría resaltar dos.
La primera, que hasta ahora yo no había visto formulada de una forma tan sencilla como clara es que ningún sistema económico que se autorregule puede ser estable a largo plazo. Parece difícil dar una explicación en menos palabras del origen del enorme problema financiero que estamos pasando y, sin decirlo, apuntar a la única solución posible si no queremos que se vuelva a producir algo parecido en el futuro: debe cambiarse completamente el sistema de control y regulación de las actividades financieras de forma que se garantice la total separación e independencia de reguladores, controladores y operadores.
La segunda es la apuesta rotunda de Samuelson por el uso masivo del gasto público para salir de la crisis. Insinúa que aunque es preferible que el gasto se realice en inversiones necesarias, es más importante gastar que hacerlo bien, sobre todo si el hacerlo bien lleva a retrasos en las inversiones. Aunque resulte una osadía por mi parte discrepar de un premio Nobel de su categoría, lo cierto es que comparto la idoneidad de usar el gasto público para salir de la crisis, pero creo que es imprescindible asegurar que el dinero público se gestione bien, gastar lo estrictamente necesario para cada proyecto y hacerlo sólo en proyectos que sean necesarios para facilitar, aunque sea a largo plazo, la actividad económica.
No hay comentarios:
Publicar un comentario