El gobierno, por fin, ha presentado un cuadro macroeconómico creíble para 2009, aunque continúa siendo optimista, más allá de lo razonable, para 2010 y, especialmente, para 2011. Seguramente se ha sentido obligado ante la inminente presentación de las previsiones de la Comisión.
Standard&Poor’s ha rebajado el rating de la deuda del Reino de España, lo que supondrá alguna dificultad adicional para la recuperación económica, y el ministro Solbes ha dicho en una entrevista que ya se ha utilizado todo el margen que existía para combatir la recesión económica.
Evidentemente, el margen al que se refiere el ministro es el que se deriva de poner un límite al déficit admisible para las cuentas públicas y, ciertamente, el 6% de déficit oficial, al que deben añadirse los maquillajes que sin duda se harán, parece un límite que no debería superarse.
El problema es que siguen sin anunciarse las otras medidas, las que suponen cambios normativos y de costumbres, que son más lentas, que inicialmente apenas proporcionan resultados, pero que a medio y largo plazo son las que permiten un crecimiento más sólido y estable del bienestar de la población.
La primera, porque puede dar resultados económicos importantes y con cierta rapidez, es la mejora de la gestión de los recursos públicos a todos los niveles.
A continuación la modificación del marco legal de nuestra economía, para eliminar la gran panoplia de monopolios, oligopolios y privilegios que gravan la calidad y el precio de buena parte de los bienes y servicios que compramos los ciudadanos.
Si algo ha dejado claro la situación económica actual, es la imperiosa necesidad de cambiar radicalmente los procesos y la estructura de las entidades de control y regulación, tanto públicas como privadas.
No se puede olvidar el repaso que necesita la seguridad social, tanto en el ámbito de la sanidad como en el de las pensiones, repaso del que probablemente surja un nuevo reparto entre la parte de las prestaciones que proporcionarán el sector público y el privado.
La educación y la formación son otro de los aspectos pendientes de reforma. Seguramente los últimos que se abordarán porque aunque son los que permiten obtener mejores resultados, son también los que necesitan más tiempo para que se noten.
Finalmente, es necesario hacer una planificación razonable de las infraestructuras, cuya falta o mal funcionamiento se convierten en cuellos de botella insalvables para el progreso. ¿Se acordará alguien de la utilidad de unas tablas input-output bien elaboradas?
El gobierno se podrá quejar de muchas cosas, de las que desde fuera nos hacen la vida económica muy difícil y también de lo mal que lo hacemos los ciudadanos; hasta se puede quejar de lo mala que es la oposición, que no es capaz de mostrarle vías de actuación razonables, pero de lo único de lo que no se puede quejar, es de la falta de tareas que, sin requerir apenas dinero, puede hacer el gobierno para que dejemos lo antes posible, y en las mejores condiciones, la penosa situación económica que padecemos.
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