sábado, 29 de octubre de 2016

El problema de las pensiones en España: Medidas complementarias para asegurar a los pensionistas la cobertura de sus necesidades básicas



Para que los pensionistas puedan tener una vida digna, una pensión suficiente es un elemento muy importante, pero no el único ya que hay unos cuantos servicios básicos que, si tuvieran que ser íntegramente pagados por ellos cuando la pensión sea su principal, y muchas veces única, fuente de ingresos sencillamente estarían fuera de su alcance.

De esos servicios básicos hay unos cuantos que en un país moderno y socialmente desarrollado deben ser prestados, en su totalidad o en su mayor parte, por el sector público. Los principales son:

-  Vivienda digna, para lo que debería actuarse en dos vías complementarias: asignación de viviendas sociales, con un alquiler compatible con sus ingresos, a aquellas personas que carezcan de vivienda propia y limitación a un importe razonable, por ejemplo el 5% de sus ingresos totales, del importe total de tasas e impuestos municipales a pagar por la vivienda habitual cuando sean los propietarios

-  Alimentación suficiente, para ello debería establecerse una cesta de servicios básicos, cuyo importe se actualizara anualmente que sirviera de referencia para establecer el complemento a mínimos, de manera que todos los jubilados tuvieran al menos esos ingresos anuales.

-  Sanidad de calidad, para ello debería renunciarse a la práctica cada vez más extendida de usar las colas para pruebas e intervenciones que no son consideradas urgentes y prohibir la discriminación por edad avanzada para la realización de pruebas preventivas, como ocurre ahora, por ejemplo, con las mamografías que dejan de hacerse a las mujeres de más de 70 años sólo para ahorrase el coste, la que la probabilidad de que aparezca cáncer de mama después de los 70 no decrece con la edad si la base de comparación es el número de mujeres que tienen esa edad. Por descontado, debe mantenerse el copago máximo mensual por medicamentos en una cuantía que no pueda inducir a no comprar las medicinas por su coste a las personas de menor renta.    

-  Atención a la dependencia. Este es el aspecto, junto al establecimiento de un ingreso mínimo suficiente, que mayor coste adicional tendrá para la sociedad, debido al elevado porcentaje de personas que no lo tienen en la actualidad y no estaría de más el volver a analizar la conveniencia, desde todos los puntos de vista, de promover siempre que sea posible que la atención la presten personas del entorno de quien la recibe. No sólo es más efectiva, en la mayoría de los casos, sino que a la vez resulta mucho menos gravosa para la sociedad.

-  Movilidad a su alcance, mediante la disponibilidad generalizada de tarjetas de transporte público de precio muy moderado como por ejemplo la existente en la Comunidad de Madrid para mayores de 65 años. La posibilidad de trasladarse a precio moderado abre muchas posibilidades de actividades de todo tipo que redundan en una mayor calidad de vida.

-  Servicios sociales varios. En casos específicos, la asistencia social a los mayores es la única manera de garantizarles unas condiciones de vida dignas. Estos servicios existen en muchos ayuntamientos, pero deberían generalizarse.

Además de los servicios básicos, hay un aspecto genérico que la sociedad debe cambiar radicalmente: los jubilados no tienen por qué ser (salvo por motivos de salud) una clase social pasiva, sino que al contrario deben disponer de total libertad para hacer lo que prefieran, incluido el derecho a realizar actividades laborales a cambio de una remuneración, tanto por cuenta propia como por cuenta ajena, que sean totalmente compatibles con la percepción íntegra de la pensión contributiva que les corresponda. Para eso es necesario que la sociedad en su conjunto asuma que la pensión contributiva es un salario diferido derivado de la suma de cotizaciones pagadas por el trabajador y, en su caso, por las empresas para las que ha trabajado a lo largo de su vida laboral y que, por tanto, es justo que quien haya cotizado el doble que otro a lo largo de su vida laboral reciba, en igualdad del resto de condiciones, una pensión que sea asimismo el doble. El pago del impuesto sobre la renta del conjunto de ingresos que obtenga y del IVA de aquellos bienes y servicios que consuma serán las vías para que se produzca la deseable y necesaria redistribución de la renta que permita mejorar de forma equilibrada las condiciones de vida de las capas de la sociedad menos favorecidas.

Finalmente, hay otros aspectos que corresponde atender al entorno más próximo de los jubilados que, por fortuna, en nuestra sociedad se suele atender de forma satisfactoria. Es la presencia recurrente de familiares, amigos y vecinos que impide que la soledad castigue a aquellos que se van quedando solos por la edad y por motivos de salud y que también les proporcionan un sinnúmero de pequeños servicios que les hacen la vida mucho más confortable.

Como la parte de la población que supera la edad media de jubilación es cada vez mayor, la sociedad se debe esforzar en facilitar a los jubilados unos medios de vida razonables en un entorno de actividad creciente, pero de forma totalmente voluntaria. Si esto no se consiguiera, la sociedad en su conjunto sería no sólo menos justa sino que además sería más pobre en todos los sentidos.

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