La modificación del
sistema de cálculo de las nuevas pensiones es, sin duda, uno de los problemas
de más difícil solución, aunque sería aconsejable que se estableciera el
sistema definitivo, el que se aplicaría a todos los nuevos cotizantes y también
a aquellos a los que les falte un mínimo de 30-35 años para llegar a la edad de
jubilación prevista para ellos. Podría, en caso necesario, complementarse el
nuevo modelo con un sistema transitorio que evite penalizar gravemente a las
personas que estén cercanas a la jubilación.
El nuevo sistema de
cálculo, debería tener en cuenta los siguientes factores:
- Cotización
acumulada realizada por el futuro pensionista, sin que tengan mayor o menor
peso las cotizaciones en función de la fecha en que se hayan hecho. El sistema
sueco que las actualiza en función del tipo de interés de los bonos del Estado
a largo plazo es un buen sistema para hacerlo.
- Edad del pensionista
en el momento de solicitar la pensión.
- Esperanza de
vida de las personas de la misma edad del pensionista, también en el momento de
solicitar la pensión.
- Volumen
previsible de ingresos por cotizaciones, en plazos plurianuales, para que el
volumen de pensiones pagadas sea equivalente al de los ingresos.
El resto de factores que
puedan influir en el montante a percibir por el pensionista, derivadas de su situación
personal o familiar, deberían ser objeto de un cálculo separado, y las
prestaciones correspondientes deberían ser pagadas con cargo a los PGE y no con
cargo a la Seguridad Social.
Además, debería fijarse la
edad mínima de jubilación voluntaria que sólo debería poderse reducir por
motivos de incapacidad o de enfermedades crónicas graves.
También deberían establecerse
los criterios para poder obtener la pensión máxima, básicamente de edad mínima
al jubilarse. No deberían ponerse límites o reducciones a la pensión por el
hecho de no haber cotizado en épocas determinadas.
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