jueves, 20 de octubre de 2016

El problema de las pensiones en España: Necesaria modificación del sistema de cotizaciones



El sistema actual de cotizaciones dista mucho de ser equilibrado y equitativo. El desequilibrio se deriva de los diferentes regímenes de cotización existentes y tiende a multiplicar los efectos perniciosos:

-  La base máxima de cotización aumenta a ritmos anuales del 2,5-3%, en tanto que la pensión máxima que se puede obtener si se cotiza por ella lo hace al 0,25%. Eso significa para un nuevo trabajador que empezara ahora a cotizar y que se jubilara tras cuarenta años de cotización (nada exagerado para alguien que empiece ahora a trabajar salvo por la dificultad de mantener una cotización continuada durante cuarenta años que lleve a la cotización máxima) recibiría una pensión que en términos comparativos de poder adquisitivo sería tan sólo del orden del 40% de la que percibe alguien que se jubile ahora en esas mismas condiciones, pero si esa misma persona aumentara su cotización anualmente sólo en la cuantía necesaria para obtener la pensión máxima, habría cotizado a lo largo de su vida del orden de un 40% menos, con el curioso (e injusto) resultado de una pensión de igual, o muy similar, cuantía.
-  En el cálculo de la pensión actualmente sólo se tienen en cuenta las cotizaciones realizadas durante los últimos quince años, (veinte últimos si el resultado es más favorable para el pensionista) por lo que aquellos que pueden hacerlo, en su mayor parte, cotizan al mínimo hasta que les faltan quince años para jubilarse, momento en el que pasan a cotizar cerca del máximo, lo justo para obtener la pensión máxima.
-  Los descuentos e incrementos que se producen por adelantar o retrasar la fecha de jubilación no suponen la variación en el importe de la pensión que sería equitativa.
-  La incompatibilidad total o parcial de la mayoría de las pensiones con el trabajo, por cuenta propia o ajena, desincentiva de forma muy notable el trabajo de los pensionistas, lo que redunda en una menor recaudación fiscal que agrava el problema de la falta de sostenibilidad del sistema. La percepción de las pensiones a partir de los 65-70 años es incompatible con una vida media de los pensionistas que se va acercando progresivamente a los 90 años, motivo por el que el trabajo, a menudo a tiempo parcial, de los pensionistas que quieran y puedan hacerlo está llamado a ser uno de los nuevos pilares que ayudarán a mejorar la sostenibilidad del sistema, aunque la mayor recaudación que proporcione este trabajo adicional se ingrese por IRPF y por IVA y no por cotizaciones.  

Creo que las correcciones a introducir deberían ir en el sentido de no desincentivar que se cotice por los ingresos reales, hasta el límite de la base máxima de cotización, y con carreras tan largas como sea posible. Como todos los cambios que afectan a millones de personas y durante plazos muy largos, no será fácil llevarlos a cabo. Lo primero y fundamental es tener las ideas claras del sistema que se desea implantar que, necesariamente, debería ser sostenible y sin grandes cambios a muy largo plazo, lo que implica que también tiene que ser sostenible a corto y medio plazo.

Para ello lo primero es explicar a todo el mundo el nuevo sistema para que una persona que inicie ahora su carrera de cotización sepa que, cuando llegue a la edad de jubilación, tendrá derecho a una pensión que, además, será ser justa y calculada de acuerdo con su cotización total a lo largo de toda su carrera profesional.

Lo segundo es explicar claramente como se calculará la pensión, para lo que habrá que haber desarrollado un modelo claro y que se sepa, con certeza razonable, que será sostenible, explicándolo de acuerdo con la evolución prevista de la pirámide de población y las desviaciones más probables de otros indicadores económicos, ya que la evolución vegetativa de la población actual no es suficiente, y hay que considerar alternativas de migración neta que normalmente será de llegada neta de inmigrantes.

Lo tercero es homogeneizar al máximo las cotizaciones tendiendo a dejar sólo dos tipos de cotizantes, los trabajadores por cuenta ajena y los trabajadores por cuenta propia (autónomos). El cálculo de las cotizaciones debería ser el mismo, dependiendo lógicamente, en el caso de los autónomos, de los ingresos netos de gastos necesarios para llevar a cabo la actividad. Sería importante dar una mayor flexibilidad a los autónomos para que las cotizaciones sociales no supongan una barrera al inicio de su actividad o en las épocas en que sus ingresos puedan disminuir mucho, flexibilidad que podría establecerse de manera que la cotización de cada mes se hiciera de acuerdo con los ingresos netos de dos meses antes (con una cotización mínima muy baja, por ejemplo 50 euros al mes, cuando no tengan ingresos netos positivos o el resultado fuera inferior a ese límite) con una regularización a final de año y con la obligación de cotizar por bases superiores a la máxima siempre que los ingresos netos del mes de referencia superen la citada base máxima y con el límite de que en el acumulado de la carrera del autónomo concreto se haya cotizado menos que el acumulado de las máximas. De esta manera se conseguiría que los autónomos cotizaran de acuerdo con sus ingresos reales, pero a la vez que los autónomos con ingresos netos iguales o superiores a la base máxima coticen como los trabajadores por cuenta ajena y también que la pensión a recibir no dependa para nada de si ha cotizado como autónomo o como trabajador por cuenta ajena o de forma mixta. 


Finalmente, parece razonable que el trabajo por cuenta propia de los pensionistas, que debería pasar a ser compatible con la pensión en todos los casos, sólo debería aportar cotizaciones cuando la edad del pensionista sea inferior a la de jubilación o cuando el trabajo sea por cuenta ajena. En el caso del trabajo por cuenta ajena, la cotización debería limitarse a los conceptos que no se dedican a la financiación de las pensiones.

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