A poco que el análisis
realizado se acerque a la realidad, la conclusión inevitable es que una
secesión unilateral de Cataluña con una respuesta hostil por parte de España
llevaría a unas consecuencias económicas catastróficas para la República de
Catalunya y, como mínimo muy malas para el resto de España. Creo que la crisis
que aún estamos padeciendo sería un pequeño aperitivo comparado con la que nos
espera si se llevara a cabo una secesión en los términos planteados en mi
hipótesis inicial.
Este análisis, en el que
no se incluyen los efectos derivados de la fractura social a que llevaría, lo
he ido haciendo en los días previos a las elecciones al Parlamento de Cataluña
del 27 de septiembre de 2015 y lo he terminado en la jornada de reflexión del
día 26.
Como soy consciente de que
la realidad será distinta, en algunos aspectos muy distinta, de la que yo he
pronosticado, iré añadiendo en el Epílogo la constatación de los errores
cometidos. Espero no tener que escribir demasiados aciertos, porque eso
supondría que estaríamos en una situación muy difícil, y en cambio me
encantaría tener que decir que no se puede comparar la realidad con mis
previsiones, porque lo que haya ocurrido sea que esa secesión no se ha producido.
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