sábado, 26 de septiembre de 2015

Consecuencias de una eventual secesión unilateral de Cataluña (IV) Efectos sobre el sistema financiero.



El sistema financiero será el que más rápidamente notará los efectos de una declaración unilateral de independencia, porque el dinero es cobarde, muy cobarde, y huye de los lugares en los que intuye que pueda tener problemas. ¿Cuántos miles de millones de euros han pasado de cuentas situadas en oficinas de Cataluña a otras situadas en el resto de España, en la misma entidad o en otra diferente? Y esto no ha hecho más que empezar cuando todavía no se han realizado las elecciones al Parlamento autonómico catalán.

La salida de depósitos de Cataluña será mucho mayor si de las elecciones sale un parlamento con mayoría de escaños independentistas y también podría empezar el éxodo hacia otros países si la situación en España se complicara más adelante.

Mucho antes, sin embargo, los bancos con sede social en Cataluña y una parte relevante de su negocio en el resto de España deberán definir su postura, con la dificultad que supone el saber que, sea cual sea ésta, tendrá un coste elevado en términos de pérdida de negocio.

El gobierno de Cataluña deberá velar para evitar la quiebra de las entidades financieras catalanas y, por otra parte, es muy probable que cree una entidad pública para atender las necesidades de financiación de las familias, autónomos y pequeñas empresas, y el gobierno de España deberá esforzarse para evitar una nueva crisis en algunas entidades.

Si la secesión unilateral de hecho fuera una realidad, cada una de las entidades financieras que sigan operando en los dos lados tendrán que tener una ficha bancaria en cada país y seguir las reglas del mismo.

Los siguientes problemas son evidentes:
-       Los depósitos en la República de Catalunya dejarían de tener el paraguas del Fondo de Garantía español, y el nuevo gobierno catalán tendría que instituir un nuevo fondo para evitar la enorme pérdida de depósitos que supondría no tener ninguno, para lo que tendría que hacer frente al enorme reto de hacerlo de forma inmediata, lo que le impediría recurrir a que sean las propias entidades financieras las que le doten con el capital suficiente en una primera etapa.
-       Las entidades financieras del nuevo país tendrían serias dificultades para obtener financiación internacional, ya que no podrían acudir ni al BCE ni al FMI, por lo que sus posibilidades de financiación se reducirían a lo que pudieran obtener en el mercado interior, en dura competencia con la deuda pública catalana que intentaría captar muchos recursos para hacer frente a sus obligaciones.
-       Las entidades financieras de España tendrían que hacer frente, previsiblemente, a un encarecimiento de su financiación por el más que probable aumento de la prima de riesgo y la competencia con la deuda pública española ante el más que probable aumento del déficit publico derivado de la secesión.
-       La financiación para las empresas y familias se reduciría en ambos lados y también sería más cara, lo que supondrá un lastre añadido para el crecimiento económico.
-       La posibilidad de un corralito en Cataluña crecería y también lo haría, aunque en menor medida, en España, porque digan lo que digan los políticos para evitar que la gente se asuste, lo cierto es que la experiencia de Grecia ha demostrado que un corralito en un país de la Eurozona es posible si los depósitos huyen de ese país en cantidad suficiente.
 
El resultado inevitable de una secesión de ese tipo sería que, durante una buena temporada, el sector financiero sería un lastre más que impediría el deseable desarrollo de la economía en ambos lados.

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