jueves, 24 de septiembre de 2015

Consecuencias de una eventual secesión unilateral de Cataluña (II) Efectos sobre las pensiones


Probablemente los efectos sobre las pensiones actuales y futuras serán los que más perjudiquen de forma directa y tangible a los ciudadanos de las dos partes, especialmente a los que tengan actualmente más de 50 años. A la vez, la complejidad de las soluciones que se puedan adoptar por parte de los gobiernos es también enorme, porque los de las dos partes necesariamente legislarán al respecto para adaptarse a la nueva situación.

Respecto a las pensiones actualmente reconocidas, no es fácil imaginar una situación distinta de la continuidad de los pagos de la Seguridad Social española a todos los pensionistas, al menos a los que tienen una prestación contributiva, tanto si después de la independencia residen en 

Cataluña como si lo hacen en cualquier otro territorio y al margen de la nacionalidad que tengan en cada momento.

En esta hipótesis, la carga para la caja única de la seguridad social española sería tremenda ya que, por el concepto de pensiones seguiría pagando casi lo mismo en un primer momento, pero habría perdido los ingresos por las cotizaciones de los trabajadores catalanes a partir de la independencia.

Además, se irían añadiendo las pensiones contributivas de los nuevos pensionistas que residiendo en Cataluña fueran llegando a la edad de jubilación. Sólo se irían descolgando aquellos que o sólo tuvieran derecho a prestaciones no contributivas o dejaran de cumplir las condiciones para acceder a la pensión contributiva, en concreto por no haber cotizado al menos durante dos de los últimos cinco años previos a la jubilación, motivo por el que esta causa apenas tendría efectos durante los tres primeros años.

Por descontado, sea cual fuere el gobierno que haya en España, estará obligado a reformar de forma muy relevante el sistema de pensiones, ya que el déficit sería insostenible, en España, al cabo de unos pocos meses. 

Las reformas más probables serían en primer lugar la del IRPF, que probablemente aumentaría el tipo impositivo a las rentas de trabajo de los no residentes derivadas de pensiones (actualmente el 8% hasta 12000 euros anuales, el 30% entre 12000 y 18700 euros y 40% de la cantidad que supere los 18700 euros) y pondría una retención en la fuente que cubriera totalmente el nuevo impuesto. Esto afectaría a los pensionistas de la SS española no residentes en España, tanto si su nacionalidad fuera la catalana como si fuera la española o cualquier otra.

En una situación así, es de esperar que el gobierno catalán legisle para compensar a los pensionistas catalanes por la reducción neta de sus pensiones, cosa que podría hacer sin demasiados problemas durante los primeros años, teniendo en cuenta que la presión de las pensiones que tuviera que pagar sería al principio muy reducida en relación con las cotizaciones que reciba.

La recuperación vía IRPF de una parte de las pensiones pagadas a los residentes en Cataluña difícilmente cubrirá la totalidad del déficit generado por la secesión, ni siquiera una parte mayoritaria del mismo, ya que no sería lógico poner un tipo marginal superior al máximo del IRPF para residentes, motivo por el que sólo cabría que los Presupuestos Generales del Estado (PGE) se hicieran cargo del déficit efectivo que resultara, con el consiguiente aumento impositivo para el conjunto de la población o, alternativamente que se redujeran las pensiones o una mezcla de ambas cosas que sería probablemente la opción elegida.

Socialmente es más que probable que se indujera a una mayor elección de la nacionalidad catalana por parte de los pensionistas allí residentes, mediante el incentivo de evitar la merma de su pensión neta y, simultáneamente y por el mismo motivo, el retorno a España de la mayoría de los pensionistas que desearan mantener la nacionalidad española y la ciudadanía europea, con la consiguiente fractura social por la separación geográfica de muchos pensionistas respecto a sus descendientes.

A medida que fueran pasando los años, cada vez sería menor el número de residentes en Cataluña que tuvieran derecho a la pensión contributiva española y los gobiernos catalanes deberían legislar para asegurar a los trabajadores residentes en Cataluña con una larga carrera de cotizaciones antes de la independencia, pero insuficiente a partir de ésta, que su pensión al llegar a la edad de jubilación fuera una pensión razonable para el conjunto de su cotización.

Las reformas en los sistemas de pensiones de ambos países serían inevitables y muy profundas y, con gran probabilidad, serían aprovechadas para un recorte adicional del conjunto de las pensiones que permitiera mantener el sistema de cada país equilibrado durante las próximas décadas.

En resumen, la secesión afectaría de forma directa reduciendo la pensión neta (esto es después del IRPF) a la mayoría de los pensionistas actuales, residan donde residan, y también de los pensionistas futuros durante varias décadas, a la vez que podría inducir movimientos migratorios no deseados de pensionistas residentes en Cataluña hacia otros lugares de España.

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