viernes, 25 de septiembre de 2015

Consecuencias de una eventual secesión unilateral de Cataluña (III) La moneda de la Cataluña independiente


En principio hay dos posibilidades para resolver el tipo de moneda que use la eventual República de Catalunya que, al no formar parte de la UE, estaría obviamente fuera de la zona euro:

En un primer momento, la única solución posible es que se mantenga el euro como unidad de cuenta y como moneda de pago, ya que una nueva moneda no se puede instituir de la noche a la mañana. Sin embargo es obvio que las ventajas de mantener el euro como unidad oficial de cuenta (moneda fuerte y de uso en gran parte de los países de su entorno) van acompañadas de no pocos inconvenientes, ya que Cataluña la usaría como lo hacen Andorra, Mónaco o San Marino. 

Estos inconvenientes son la imposibilidad de tener una política monetaria propia (la haría el BCE sin ni siquiera la presencia de las autoridades catalanas) la ausencia de financiación pública por la emisión de moneda, cuyo único coste es el de emisión y renovación de los billetes y monedas, la imposibilidad de que los bancos con sede en Cataluña, aunque sean matrices o filiales de otros bancos que operen en la zona euro, se financien con créditos del BCE para sus operaciones en Cataluña y la necesidad de pagar por los créditos que se puedan obtener del exterior, tanto si son para el sector público como si lo son para el privado, el tipo de interés que marque la prima de riesgo que los mercados internacionales le pongan en cada momento a Cataluña.

En esta situación, es de esperar que, durante todo el periodo transitorio que transcurra desde que se conozcan los resultados de las elecciones del 27 de septiembre de 2015, en el caso de que den lugar a una mayoría de escaños independentistas y la situación de independencia de hecho, se produzca un enorme trasvase de fondos desde cuentas en oficinas situadas en Cataluña hacia cuentas en oficinas de otros lugares de España y, en mucha menor medida, hacia cuentas en otros países. 

Si los trasvases no suponen un cambio radical de depósitos hacia entidades financieras con sede fuera de Cataluña, los efectos inmediatos sobre el sistema financiero serían irrelevantes, pero si no fuera así, alguna de las entidades Catalanas podría tener serios problemas de liquidez ya en este periodo.

Si transcurrido un cierto periodo de tiempo resultara imposible para el gobierno catalán obtener la financiación que necesite entre los préstamos del interior y del exterior, es probable que se plantee introducir su propia moneda. Las ventajas serían una capacidad de financiación relevante en un primer momento, a un coste absolutamente marginal y sin necesidad de devolver el principal, la posibilidad de implantar su propia política monetaria y de tipos de cambio (en éste último caso salvo que optara por dejar fluctuar libremente a la nueva moneda en los mercados internacionales) y también la de poner el tipo de interés que desee a las emisiones de deuda pública en la nueva moneda. Los inconvenientes serían la dificultad de conseguir la convertibilidad de la nueva moneda, que llevaría a un inevitable control de los cambios de moneda para todas las actividades y el incremento de costes para todas las operaciones con divisas que dificultaría la actividad económica. 

Cualquiera de las dos opciones es claramente peor para la economía catalana que la continuidad en la zona euro, ya que su capacidad de financiación se reduciría mucho y los costes de la misma serían previsiblemente muy elevados tanto para el sector público como para el privado, y entre las dos la que sería menos mala es el uso del euro como moneda, que sería menos mala para todos excepto para los políticos que gobiernen la economía del nuevo país, ya que con ella perderían muchas de las herramientas de política económica que tienen las autoridades económicas.

No hay comentarios: