De nuevo asistimos a una
campaña de propaganda que pretende la prohibición, a medio y largo plazo, de
los pagos en efectivo.
El argumento favorito es
el golpe que esta medida daría a la economía sumergida, cuestión que es
evidente ya que la capacidad informática de los estados permite ya analizar
todas las transacciones electrónicas que al final tienen el doble registro en
la cuanta pagadora y la cuenta receptora.
La ausencia de efectivo
tiene otras ventajas, que importan poco a las empresas promotoras de estas campañas
pero que son importantes para la sociedad, entre las que destacan el golpe a la
delincuencia en general y al mercado de la droga en particular, actividades que
sin la posibilidad del manejo de dinero en efectivo se verían muy dañadas.
Pero la desaparición del
efectivo tiene también no pocos efectos negativos, para las haciendas públicas,
para las empresas que venden al por menor y para los ciudadanos de a pie.
Las haciendas públicas
tienen en la emisión de billetes y monedas una fuente de financiación casi
gratis (sólo tienen que pagar el coste de emisión, muy inferior al valor de lo
emitido y a cambio cuando algunos billetes de destruyen antes de ser cambiados,
la hacienda ingresa de hecho su valor nominal. Con la desaparición del efectivo
las haciendas perderían este medio de financiación tan barato.
Los comerciantes al por
menor, no tienen que pagar ninguna comisión a las entidades financieras que
emiten los medios de pago cuando cobran en efectivo. Con la desaparición del
efectivo estos comerciantes perderían este segmento de cobros sin comisión.
Los ciudadanos de a pie con
la desaparición obligatoria del efectivo cederíamos a la entidad financiera
correspondiente el conocimiento exhaustivo de todos nuestros ingresos y gastos,
que quedarían registrados sin posibilidad de borrarlos. Asimismo estaríamos
sujetos de forma obligada a los pagos de comisiones a las entidades
financieras, que podrían quedarse con una parte creciente de nuestros ingresos.
Finalmente, correríamos el riesgo de perder todo nuestro dinero en caso de
fraude o quiebra de la entidad financiera correspondiente o de que el gobierno
de turno decidiera hacer un "corralito"
Por tanto, es
absolutamente necesario salvaguardar la libertad de cada ciudadano de forma que
no esté obligado a poner a disposición de determinadas entidades o instituciones
todos y cada uno de sus movimientos económicos, a pagar por ello las comisiones
que los lobbies financieros consigan imponer y a correr el riesgo de perder
todo el dinero de que disponga por mala gestión de las entidades financieras o
por malas decisiones de los gobernantes. Para ello es imprescindible que siga
existiendo el dinero en efectivo como medio de pago para los ciudadanos que lo
deseen, compatible con el uso voluntario de los medios de pago electrónicos que
cada uno desee hacer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario