lunes, 2 de marzo de 2015

Los riesgos de la desaparición del dinero en efectivo



De nuevo asistimos a una campaña de propaganda que pretende la prohibición, a medio y largo plazo, de los pagos en efectivo.

El argumento favorito es el golpe que esta medida daría a la economía sumergida, cuestión que es evidente ya que la capacidad informática de los estados permite ya analizar todas las transacciones electrónicas que al final tienen el doble registro en la cuanta pagadora y la cuenta receptora.

La ausencia de efectivo tiene otras ventajas, que importan poco a las empresas promotoras de estas campañas pero que son importantes para la sociedad, entre las que destacan el golpe a la delincuencia en general y al mercado de la droga en particular, actividades que sin la posibilidad del manejo de dinero en efectivo se verían muy dañadas.

Pero la desaparición del efectivo tiene también no pocos efectos negativos, para las haciendas públicas, para las empresas que venden al por menor y para los ciudadanos de a pie.

Las haciendas públicas tienen en la emisión de billetes y monedas una fuente de financiación casi gratis (sólo tienen que pagar el coste de emisión, muy inferior al valor de lo emitido y a cambio cuando algunos billetes de destruyen antes de ser cambiados, la hacienda ingresa de hecho su valor nominal. Con la desaparición del efectivo las haciendas perderían este medio de financiación tan barato.

Los comerciantes al por menor, no tienen que pagar ninguna comisión a las entidades financieras que emiten los medios de pago cuando cobran en efectivo. Con la desaparición del efectivo estos comerciantes perderían este segmento de cobros sin comisión.

Los ciudadanos de a pie con la desaparición obligatoria del efectivo cederíamos a la entidad financiera correspondiente el conocimiento exhaustivo de todos nuestros ingresos y gastos, que quedarían registrados sin posibilidad de borrarlos. Asimismo estaríamos sujetos de forma obligada a los pagos de comisiones a las entidades financieras, que podrían quedarse con una parte creciente de nuestros ingresos. Finalmente, correríamos el riesgo de perder todo nuestro dinero en caso de fraude o quiebra de la entidad financiera correspondiente o de que el gobierno de turno decidiera hacer un "corralito"

Por tanto, es absolutamente necesario salvaguardar la libertad de cada ciudadano de forma que no esté obligado a poner a disposición de determinadas entidades o instituciones todos y cada uno de sus movimientos económicos, a pagar por ello las comisiones que los lobbies financieros consigan imponer y a correr el riesgo de perder todo el dinero de que disponga por mala gestión de las entidades financieras o por malas decisiones de los gobernantes. Para ello es imprescindible que siga existiendo el dinero en efectivo como medio de pago para los ciudadanos que lo deseen, compatible con el uso voluntario de los medios de pago electrónicos que cada uno desee hacer.

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