martes, 29 de julio de 2014

¿Mejora la economía española? y la sociedad ¿como evoluciona?



En los últimos meses el gobierno se ha apuntado al mensaje de que la economía española está mejorando y la oposición contraataca diciendo que estamos muy mal.

Los datos que van saliendo indican que gobierno y oposición dicen cosas que reflejan la realidad, pero ocultan otras que no les interesan. Dicen medias verdades con el único objeto de conseguir votos en las próximas elecciones, pero está por ver lo que decidirá el electorado en las próximas elecciones del 2015 (autonómicas y municipales en mayo y generales previsiblemente a finales de año)

Para hacerse una idea objetiva de cual es la situación real de la sociedad española es necesario incluir un buen puñado de indicadores y para juzgar su evolución hay que analizar como están variando esos mismos indicadores.
Los indicadores macroeconómicos indispensables para el análisis son los que tradicionalmente han supuesto un freno para el desarrollo de la economía, a los que hay que añadir alguno que se ha incorporado en esta crisis. En concreto creo que son los siguientes: PIB, inflación, balanza de pagos, déficit de las administraciones, deuda pública y deuda con el exterior (pública y privada).

Hay además una serie de indicadores sociales que son consecuencia de la situación económica, pero no por ello menos importantes sino al contrario mucho más importantes, porque reflejan el grado de bienestar o de malestar de importantes capas de la población y por lo tanto fundamentales para hacerse una idea de como evoluciona la sociedad en lo que se refiere al grado de bienestar (o de malestar). Sin pretender ordenarlos por orden de importancia, algunos de estos indicadores son el desempleo, el número de familias sin ingresos recurrentes, el número de desahucios de la vivienda habitual y el deterioro de la atención sanitaria pública.

Finalmente hay un grupo de problemas que constituyen auténticas bombas de relojería (la posibilidad, o no, de pagar las pensiones a medio y largo plazo sin que sea necesario reducirlas y la atención a las personas con evidente riesgo de exclusión social) o problemas ya endémicos de nuestra sociedad (la corrupción y la mala gestión del dinero público, incluso donde no hay corrupción, la injusticia e ineficacia del sistema fiscal, los excesivos privilegios y la relativa impunidad de la clase política y la incapacidad de la clase política de acordar un sistema de enseñanza pública estable y de calidad)

Como son muchos indicadores, y además casi todos ellos muy complejos, en esta primera entrega haré un diagnóstico rápido de cada uno de ellos y en sucesivas notas los iré desarrollando uno a uno.

INDICADORES ECONÓMICOS

PIB.- Hay pocas dudas de que la caída del PIB ha tocado fondo y que podríamos haber iniciado una etapa de crecimiento que, aunque todavía es muy bajo, podría ser sostenido en un futuro próximo. Lo cual no significa que la insuficiencia del PIB haya terminado, porque nos falta mucho para llegar a un nivel de producto que sea equivalente al de antes de la crisis incluso si a este se le quita la parte de haber vivido por encima de nuestras posibilidades.

Inflación.- Esta magnitud, que fue el punto débil más persistente de nuestra economía mientras los gobiernos tuvieron la posibilidad de devaluar la moneda, está ahora contenida, lo cual es una excelente noticia (excepto para los políticos que desearían que fuera mayor para tener menos problemas para aumentar la recaudación fiscal sin que la gente se de cuenta) En mi opinión, el nivel de precios no constituye en la actualidad ningún problema (al contrario su evolución es muy buena) y seguirá siendo así siempre que su variación anual se encuentre entre un crecimiento que no supere el 2% y una caída que no supere el mismo valor del 2% y, por fortuna, llevamos varios años en esta situación.

Balanza de pagos.- La balanza de pagos es otro de los indicadores que tradicionalmente suponía un freno al crecimiento de la actividad. Desde que estamos en el euro, los gobiernos no pueden recurrir a las devaluaciones y los ajustes de la misma se tienen que realizar por la vía de los costes de producción (que en no pocas ocasiones se limitan a los costes salariales) En el momento en que el PIB ha empezado a crecer algo, la balanza comercial se ha vuelto a deteriorar, lo que supone que la compensación del déficit se tiene que realizar con el turismo (aumento de turistas que vienen y descenso del turismo español hacia terceros países) o con la balanza de capitales, que incluye tanto las inversiones en España de entidades terceros países como  la variación de la deuda exterior total. 

Déficit de las administraciones.- Es uno de los problemas que han aparecido con mayor virulencia en esta crisis y que ha tenido una peor gestión por parte de la clase política, ya que lo están reduciendo en el menor grado posible y, además, de la peor manera posible ya que han acudido al recorte de las prestaciones sociales, con mayor incidencia en las personas más necesitadas, y a la reducción generalizada de los salarios de los trabajadores públicos (pero no de los políticos) en lugar de haber mejorado la gestión evitando los despilfarros y el pago de precios excesivos por las compras públicas, mejorando los procesos de prestación de los servicios y eliminando de raiz todos los privilegios de la clase política.

Deuda pública.-  La deuda pública sigue aumentando, en valor absoluto y en relación con el PIB, de forma inevitable, ya que esto ocurre siempre que hay un déficit público superior a la tasa de crecimiento del PIB en precios corrientes. Los sucesivos gobiernos se han afanado (y hasta ahora lo han conseguido) en obtener de la Unión Europea la prolongación de los plazos para cumplir el requisito pactado para este indicador (aumento de la deuda pública en valor absoluto que no supere ningún año el 3%) con lo que consiguen disponer a corto plazo de más dinero público a cambio de aumentar la losa que se deja para los años siguientes.

Deuda con el exterior (pública y privada).- Este indicador, que empezó a ser un problema para España a partir del año 2000, está en la actualidad en un valor muy similar al que tenía cuando en 2007 empezó la crisis actual. El problema es que su magnitud, del orden del 150% del PIB, es excesiva y podría constituir un grave problema, como ya ocurrió en 2011, 2012 y parte de 2013, si los tipos de interés no son tan bajos como los actuales. Pocos gobiernos estarán dispuestos a actuar para que se vaya reduciendo progresivamente, porque si lo hicieran dispondrían de menos dinero para el gasto público y para ellos no compensa tener una situación mejor en el futuro a costa de empeorar sus expectativas de voto a corto plazo aunque el saldo neto sea claramente favorable en la opción de reducir su montante hasta, al menos, el importe que se pueda soportar en un entorno de tipos de interés más elevados que los actuales.


INDICADORES SOCIALES LIGADOS A LA CRISIS ECONÓMICA

Desempleo.-  El desempleo es, en mi opinión, la peor de las consecuencias de la crisis política, social y económica que padecemos.

Las cifras oficiales de desempleo según la EPA, el indicador más fiable aunque como todos de unas cifras difícilmente creíbles, son de más de cinco millones y medio de desempleados en junio, cifra pavorosa aún en el caso de que quitemos los dos millones que había en la situación de máximo empleo de 2007, época en la que a los empresarios les resultaba realmente difícil encontrar trabajadores con un mínimo de cualificación.

Es cierto que la última EPA da un aumento de algo más de cuatrocientos mil empleados más que un trimestre antes (lo que se traduce en una reducción de algo más de trescientos mil parados, ya que la población activa ha aumentado, lo cual es una buena noticia, pero no es menos cierto que la cifra de desempleados sigue siendo tan elevada que harán falta varios años para que deje de sonrojarnos cada vez que salga un nuevo dato aunque sigan siendo datos repetidamente a la baja.

No hay modo de que un gobierno reduzca el paro drásticamente y de forma estable, pero no es menos cierto que el conjunto de su política económica y social influye de forme muy relevante en el, aunque con un cierto retraso, por lo que a medio plazo, los gobiernos sí que son responsables de como evolucione el paro.

Número de familias sin ingresos recurrentes.- Inevitablemente ligado al desempleo, éste indicador nos da una imagen de lo peor de la crisis entre los que lo están pasando muy mal. Cuesta trabajo entender como los gobiernos de todos los ámbitos se ponen de perfil ante este problema (seguramente con la excepción de algunos ayuntamientos) Lo mínimo que se les podría pedir a los gobernantes es que renunciaran a todos los gastos evitables a costa del erario público en favor, específicamente, de estas personas.

Seguro que si dejaran de ir en coches oficiales y en taxis para ir en transporte público (pagado de su bolsillo cuando se trate de ir de su domicilio al trabajo y viceversa) de comer a  costa del dinero público y cuando sea imprescindible hacerlo necesariamente tomando un menú del día de precio medio y limitando los viajes a los estrictamente necesarios, con la duración mínima y sin ningún tipo de lujo, con el dinero ahorrado se podría mitigar la situación de algunos cientos de miles de estas familias. ¿Demasiado sacrificio? seguramente sí para la mayoría de ellos.

Además, deberían poner en marcha los mecanismos necesarios para que se atienda al resto de las familias que están en esta situación.

Número de desahucios de la vivienda habitual.- Este indicador va ligado en la mayoría de los casos a los dos anteriores y requiere una doble actuación: la modificación de la Ley Hipotecaria al menos para cumplir las exigencias de la UE al respecto para dar todas las garantías a los deudores y la puesta en marcha de actuaciones públicas que eviten el desahucio en todos aquellos casos en que los afectados no puedan abordar la totalidad de los pagos adeudados.

Deterioro de la atención sanitaria pública.- Estamos padeciendo una política lenta pero implacable de la reducción de las prestaciones sanitarias a las personas que acuden a la sanidad pública. El objetivo es, evidentemente, el desplazamiento hacia la sanidad privada con una evidente reducción de la calidad de la asistencia pública y un aumento, no tan evidente pero igualmente cierto, de los costes de la misma.
Las listas de espera aumentan, la limitación de las pruebas diagnósticas con el único objeto de reducir los costes (aunque sea a costa de reducir la información de la que disponen los médicos para diagnosticar correctamente) cada día son más intensas y patentes, y las presiones para ir a centros privados a hacerse las pruebas diagnosticas a cargo de la sanidad pública cada vez son más intensas.

BOMBAS DE RELOJERÍA Y OTROS PROBLEMAS ENDÉMICOS

Pago de pensiones a medio y largo plazo.- Ya se publicó en su día el estudio hecho sobre la viabilidad de las pensiones a medio y largo plazo que sirvió para realizar la última reforma que introdujo modificaciones en la edad de jubilación y en la cuantía de la pensión a recibir por aquellos que se jubilen en el futuro.

La reforma se quedó a medio camino de lo necesario para establecer un sistema sostenible que dure algunas décadas porque los políticos estimaron que con los parches incluidos el sistema seguirá pudiendo pagar las pensiones durante algunos años más. Tienen además la esperanza de que con la recuperación económica y el correspondiente aumento de cotizantes, la viabilidad se prolongue al menos un par de legislaturas más y, como es sabido, ningún partido político con aspiraciones de poder hará nada que le suponga una pérdida relevante de votos de los jubilados o de las personas en edad relativamente próxima a la de jubilación.

Lo que no tuvieron en cuenta, es que aunque aumente el número de cotizantes (cosa que ocurrirá a poco que crezca el PIB) las bases de cotización bajarán, porque están bajando los salarios medios de forma relevante (los sueldos cobrados por las personas que dejan de trabajar por cualquier causa son bastante superiores a los de las personas que los sustituyen que, por otra parte como media cobran bastante menos dl sueldo medio) y por ese motivo es alarmante la noticia de que el gobierno ha tenido que recurrir a la "hucha de las pensiones" no sólo para pagar a los pensionistas la extra de junio (algo que ya venía ocurriendo) sino que en julio también tendrá que recurrir a ella, aunque en una cantidad lógicamente muy inferior.

Como la tendencia será de forma machacona el aumento de los pagos de pensiones superior en valor absoluto al aumento de las cotizaciones sociales dedicadas a su pago, no hay que descartar que en la próxima legislatura sea necesaria una nueva vuelta de tuerca al sistema de pensiones (más aumentos de la edad de jubilación y nueva reducción de la cuantía de las nuevas pensiones)

Corrupción.- No es un problema nuevo en la sociedad española, pero tampoco se ve que haya avances serios para reducirla de forma drástica. Todos los partidos políticos y sindicatos que han tenido un poder relevante se han visto salpicados por múltiples escándalos de corrupción, aunque previsiblemente los escándalos sólo afecten a una cantidad mínima de la corrupción que realmente ha existido y existe.

En consecuencia, todos ellos juegan al "y tú más" que sirve para minimizar la importancia de los casos propios y aunque, por fortuna, ya parece que la sociedad se ha hartado de la justificación de falta de responsabilidad cuando el dinero obtenido iba, al menos en parte, a manos del partido o sindicato y no totalmente al bolsillo de los autores directos, todavía falta mucho para que renuncien a esta fuente de financiación y decidan expulsar de su seno estas prácticas.

La corrupción es un verdadero cáncer para la sociedad y su drástica reducción contribuiría a poder volver a prestar los servicios sociales recortados sin que ello supusiera aumento del déficit público.

Mala gestión del dinero público, incluso donde no hay corrupción.- Incluso en aquellas áreas de las administraciones públicas en las que por distintos motivos no hay corrupción, la gestión del dinero público deja mucho que desear.

Junto con la reducción drástica de la corrupción, la optimización real del uso del dinero público produciría una reducción del gasto público suficiente para poder volver a prestar los servicios públicos fundamentales recortados.
Falta únicamente la voluntad política de realizarlo y, por desgracia, no parece fácil que los partidos con poder estén por la labor

Injusticia e ineficacia del sistema fiscal.- El sistema fiscal que tenemos, aunque sigue las pautas exigidas por la UE y en consecuencia es en teoría un sistema fiscal moderno, se caracteriza por su falta de equidad y por su ineficacia.

No es equitativo porque no distribuye la carga fiscal de acuerdo con la capacidad de cada contribuyente, sino de acuerdo con la sencillez de poder cobrarle. Por otra parte es obvio que el sistema está pensado para que la carga fiscal recaiga, en muchísima mayor proporción sobre las clases medias asalariadas (incluida la media baja)

Es ineficaz porque la acción revisora no se centra fundamentalmente en los segmentos que hacen más fácil el fraude, sino en los que la administración tributaria tiene más fácil la información de contraste, motivo por el que la recaudación de los distintos impuestos tiene importantes lagunas de fraude.  

Privilegios y relativa impunidad de la clase política.- En los últimos años, la clase política está sujeta a una crítica creciente respecto a sus privilegios y a su impunidad, que al margen de unas pocas excepciones, es casi total. Buena muestra de ello es la declaración realizada por el que fue durante tantos años Presidente de la Generalidad de Cataluña, que constituye una pieza magistral de la tranquilidad con la que puede dejar a sus hijos con la propiedad legal de unos fondos muy cuantiosos que, sólo en una pequeña parte podrían provenir de la parte de la herencia de su padre no declarada en su día, sin que tengan que asumir ninguna responsabilidad más allá del pago que hayan realizado a Hacienda por la regularización, que supone un tipo impositivo muy inferior al que paga por IRPF cualquier asalariado que gane 25000 euros brutos anuales.

Tampoco parece fácil que los políticos, que al fin y al cabo son los que deciden cuales son sus privilegios, se presten a una eliminación de todo aquello que no tiene cualquier trabajador.

Sistema de enseñanza pública.- Otra carencia crónica de nuestro país es la disponibilidad de un sistema de enseñanza pública estable y de calidad. Los políticos españoles han demostrado desde el inicio de la democracia que son totalmente incapaces de consensuar un sistema educativo de calidad y estable, por lo que habría que concluir que no son conscientes de la importancia de la enseñanza en el grado de bienestar de la sociedad en el futuro.

No hay nada que indique que esto vaya a cambiar en los próximos años, por lo que volveremos a tener una nueva ley de educación cada vez que cambie el partido político encargado de formar gobierno, nueva ley que no servirá para mejorar la calidad de la enseñanza.

 CONCLUSIONES

La conclusión del análisis somero de todos estos indicadores no es nada optimista, desde el punto de vista económico es bastante probable que haya empezado una etapa de crecimiento que tardará demasiados años en reducir las cifras de paro a unos valores soportables, que consolidará una reducción de salarios más que notable y que supondrá un marco laboral excesivamente precario para la inmensa mayoría de los trabajadores.

Desde el punto de vista social, nos habremos acostumbrado a una reducción estructural de los servicios fundamentales prestados por el sector público, sin que ello suponga ninguna reducción en los impuestos pagados y poco a poco la sociedad tendrá que enfrentarse a la solución del problema de la inviabilidad del sistema de pensiones públicas. Tampoco hay mucho lugar para la esperanza de la reducción drástica de la corrupción o de la mejora sustancial de la calidad del sistema educativo.

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