Algunos periódicos, y muchos comentaristas, se han hecho eco del artículo de Nelson D. Schwartz, publicado en el New York Times del 21 de abril, pero no parecen haberlo leído con detenimiento.
Dice el articulista que muchos comerciantes de bienes y servicios para consumidores finales se están viendo obligados a hacer algo que antes nunca habían hecho, bajar los precios, y pone como ejemplo el caso de un profesional que realiza videos de viviendas para particulares y profesionales, quien a pesar de haber reducido sus precios en un tercio no ha conseguido evitar la reducción del número de pedidos.
Añade el articulista que los economistas temen que, como consecuencia de la combinación de la caída de los precios y el aumento del desempleo, España podría estar en la fase previa a la deflación, afirmación que ha sido traducida por el titular más vistoso de “El New York Times advierte que España está en deflación”
También comenta el articulista que España es el primer país de la UE en anunciar una reducción del IPC en el conjunto de los doce últimos meses, haciendo notar que la caída es del 0,1%. Aunque luego apunta que también Irlanda, Portugal y Luxemburgo han tenido reducción de su IPC, se olvida de decir que es para el mismo periodo, lo que significa que si España fue la primera, es sólo porque publicó antes el dato.
El artículo pasa a explicar la negativa evolución del paro en España y continúa contando la mala experiencia de un empresario de logística y de una dependienta de una pollería. También se hace eco del enorme aumento del número de personas que van a comer a los comedores gratuitos.
A continuación comenta lo que es la deflación y la dificultad de salir de ella una vez que esta situación se instala en una economía.
El artículo finaliza diciendo que los Estados Unidos son menos vulnerables a la deflación, en parte debido a las políticas financiera y monetaria que están siguiendo termina diciendo que España, al estar integrada en el euro, ha perdido la capacidad de actuar con la tradicional devaluación, posiblemente acompañada de una reducción a cero del tipo de interés básico.
Como se puede apreciar, el artículo dice cosas que son ciertas, explica bien lo que es la deflación y sus riesgos, aunque no aporta ningún dato sobre la situación económica española que no fuera ya conocido y parece pensado para que los lectores estadounidenses sepan que en la, para ellos, desconocida España las cosas están mucho peor que en su país, que en los Estados Unidos se está aplicando la política económica correcta para minimizar los efectos de la situación económica y que la integración en el Euro ha sido una decisión pésima de los europeos, porque con ella los países como España han perdido la capacidad de responder adecuadamente en los momentos en que la economía va mal.
Pero, ya que se ha publicado en el New York Times, es un excelente argumento para criticar la política económica del Gobierno, como si ésta no fuera objetivamente criticable por los errores en los que cae continuamente.
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