miércoles, 28 de enero de 2009

Un Presidente sin respuestas

El Presidente del Gobierno se prestó, por segunda vez, a escuchar y contestar en directo las preguntas de unos cuarenta ciudadanos en un programa de televisión.

Está bien que ciudadanos de a pie puedan formular libremente preguntas a quien gobierna.

Me gustó el programa y, para mí, los aspectos más relevantes fueron la constatación de que la situación económica es el problema que más preocupa en la actualidad a los españoles, la sensación de libertad en la formulación de las preguntas y de que los participantes no habían sido elegidos de entre los afines al gobierno, las tablas del Presidente para dar respuestas prolongadas en el tiempo, aunque casi nunca respondiera a la pregunta formulada, los capotes del moderador para evitar que los participantes insistieran en que su pregunta no había sido respondida y, sobre todo, las caras que ponían la mayoría de los participantes al comprobar que era imposible obtener una respuesta a las preguntas claras y concretas que habían formulado.

No debió resultar fácil al Presidente decir en público, ante millones de personas, que el pleno empleo no había sido un compromiso adquirido por él en la campaña electoral, o que nunca ha engañado al personal (como mucho ha incurrido en algún error) con sus previsiones sobre la crisis. Tampoco le debió resultar fácil recomendar confianza como única solución a los que están ya en el paro, o a los que temen estarlo en un futuro próximo, sin perspectiva alguna de encontrar empleo.

Para mí lo más preocupante, además del crecimiento galopante del paro, es que el Presidente no fue capaz de presentar un conjunto de actuaciones que ayuden a mejorar la situación económica y permitan que cuando ésta mejore, que antes o después lo hará, lo haga sustentada en unas bases más sólidas y estables.

Aparenta estar muy convencido de que el plan de infraestructuras de los ayuntamientos generará 400.000 puestos de trabajo. Me temo que serán muchos menos y que, cuando dentro de un año se publique la EPA del cuarto trimestre de 2009, pensaremos para nuestros adentros que ojalá sólo hubiera cuatro millones de parados.

lunes, 26 de enero de 2009

Serios problemas en el sistema financiero

El sistema financiero internacional, tal como ha estado funcionando durante los últimos años, se derrumba y si no se pone remedio de forma rápida, con el se hundirá la economía mundial y vendrá una época de miseria generalizada también para los países más ricos.

Aunque las autoridades económicas lo ocultan, los indicios son claros:
- En Estados Unidos, el presidente Obama ha avisado que el problema financiero es gravísimo, que es un problema que nunca antes había ocurrido y que hay que actuar con rapidez y audacia.
- En el Reino Unido, tras algunas nacionalizaciones parciales, ya se está planteando la necesidad de nacionalizar a todas las entidades financieras.
- En Alemania consideran que ya hay que duplicar la cantidad de dinero prevista para 2009 para comprar participaciones en entidades financieras.
- En España, aunque la consigna oficial, seguida por todos, incluidos los medios de comunicación (¿será porque también ellos tienen problemas financieros muy graves?) es la de que no hay problema, lo cierto es que el Santander plantea una segunda ampliación de capital y que el Director General de La Caixa ha apuntado que así como 2008 ha sido el año de los problemas de financiación de las entidades financieras, 2009 será el año de los problemas de solvencia.

Es evidente que urge cambiar las reglas de funcionamiento del sistema financiero y parece también evidente que los Estados tendrán que comprar participaciones muy relevantes en muchas entidades financieras (¿quizás todas en algunos países?) si no se quiere asistir al derrumbe del sistema financiero.

El orden de actuación puede ser simultáneo, o empezar por los cambios normativos y actuar sobre las entidades según vaya apareciendo la necesidad, pero los cambios, como dice Obama, hay que hacerlos ya y sería bueno que no se esperara a los acuerdos internacionales que, o no se alcanzarán o tardarán mucho en tomarse.

Los cambios más importantes a realizar tienen que incluir los siguientes aspectos, necesarios para evitar que se vuelva a repetir una situación parecida a la actual:
- Impedir la creación ficticia de plusvalías con artificios financieros del tipo de los derivados.
- Impedir que los precios de los mercados de futuros se marquen por la actividad especulativa de papel, limitando a un porcentaje reducido el volumen máximo de operaciones que no tengan una contrapartida física.
- Equilibrar en la medida de lo posible los plazos de la financiación activa y pasiva de las entidades financieras y de las empresas y particulares. Esto exige el desarrollo de un mercado de bonos de los Estados a muy largo plazo, que obtengan el dinero de prestamistas interesados en obtener un interés fijo a muy largo plazo (caso, entre otros, de los fondos de pensiones, en una proporción relevante de sus fondos) y que presten el dinero a proyectos solventes de largo periodo de maduración (en buena parte construcción de infraestructuras, pero también financiación a largo plazo de parte de las necesidades de las instituciones financieras) La participación del Estado, probablemente a través de un banco totalmente público es imprescindible para aumentar la confianza de los inversores y también para asegurar que los procedimientos de aprobación de los créditos sean objetivos, transparentes y no discriminatorios.
- Separación total y absoluta de las entidades y personas que actúen como reguladores o controladores de las entidades financieras y de las que coticen en las bolsas con el sector financiero, de forma que su única posibilidad de inversión en activos financieros sea la deuda pública y con un tratamiento penal que desincentive totalmente las actuaciones contra la ética. A cambio, lógicamente, las personas dedicadas a esas actividades, que deberían tener un régimen de incompatibilidades muy riguroso, deben tener una garantía suficiente de sus puestos de trabajo a largo plazo y una remuneración razonable para su actividad.
- El mismo tratamiento penal debería introducirse para los gestores de las empresas que coticen en bolsa, para el caso de que no actúen conforme a las leyes y para defender los intereses de los accionistas, legítimos propietarios de las empresas.

En cuanto a las ayudas públicas a las entidades financieras, deberían darse cuando, en opinión del regulador (en nuestro caso el Banco de España) fueran necesarias, pero con dos condiciones: la prohibición absoluta de repartir dividendos mientras la totalidad de la ayuda no fuera devuelta y la asunción de las pérdidas por parte de los accionistas de forma previa a que el Estado, es decir todos, tenga que asumir alguna pérdida, llegando hasta la pérdida total del capital por parte de los accionistas en caso necesario.

El diagnóstico puede parecer muy pesimista y la solución muy radical, pero me temo que no hay alternativas mejores. Y ya que tendremos que pagar entre todos el enriquecimiento desmesurado de los que tienen una avaricia sin límites, al menos debería aprovecharse la ocasión para erradicar unas actuaciones que, si con la legalidad vigente no son delictivas, tendrán que serlo con el nuevo marco legal que se desarrolle.

jueves, 22 de enero de 2009

Mensajes de dos grandes maestros de la economía: Samuelson y Velarde

He leído las declaraciones de dos de los profesores que más han influido en mi aprendizaje de la economía: Juan Velarde y Paul Samuelson.

Juan Velarde es el coautor, con Enrique Fuentes Quintana, del primer libro en el que estudié economía, cuando en la década de los sesenta hacía el sexto curso de bachillerato. Después he tenido la oportunidad de leer algunos de sus artículos y de escucharle en la radio y siempre me ha gustado, sobre todo, la sensatez de sus afirmaciones.

El mensaje que Juan Velarde ha dado en la presentación del curso “La situación económica española en el contexto de la crisis internacional” es el riesgo de que la economía española evolucione de forma parecida a como lo hizo la economía Argentina en la primera época de Perón. El problema, para Velarde, está en la ausencia de un plan de actuaciones económicas homogéneo y coherente que incluya las medidas necesarias para cambiar a un modelo económico más flexible, eficiente y competitivo. Como siempre ha ocurrido en los últimos cuarenta años, estoy de acuerdo con su diagnóstico y con las soluciones que propone.

Paul Samuelson, además de Premio Nobel, es el autor de un manual de economía que, muy probablemente, ha sido el que han utilizado más estudiantes del mundo. Obviamente, yo también lo usé cuando era estudiante de la Facultad de Económicas.

En una entrevista publicada en La Vanguardia el domingo pasado, Samuelson hablaba de la crisis actual y de entre las cosas que dijo me gustaría resaltar dos.

La primera, que hasta ahora yo no había visto formulada de una forma tan sencilla como clara es que ningún sistema económico que se autorregule puede ser estable a largo plazo. Parece difícil dar una explicación en menos palabras del origen del enorme problema financiero que estamos pasando y, sin decirlo, apuntar a la única solución posible si no queremos que se vuelva a producir algo parecido en el futuro: debe cambiarse completamente el sistema de control y regulación de las actividades financieras de forma que se garantice la total separación e independencia de reguladores, controladores y operadores.

La segunda es la apuesta rotunda de Samuelson por el uso masivo del gasto público para salir de la crisis. Insinúa que aunque es preferible que el gasto se realice en inversiones necesarias, es más importante gastar que hacerlo bien, sobre todo si el hacerlo bien lleva a retrasos en las inversiones. Aunque resulte una osadía por mi parte discrepar de un premio Nobel de su categoría, lo cierto es que comparto la idoneidad de usar el gasto público para salir de la crisis, pero creo que es imprescindible asegurar que el dinero público se gestione bien, gastar lo estrictamente necesario para cada proyecto y hacerlo sólo en proyectos que sean necesarios para facilitar, aunque sea a largo plazo, la actividad económica.

miércoles, 21 de enero de 2009

Un párrafo escogido del discurso de Barack Hussein Obama

He elegido una parte del discurso del nuevo presidente de los Estados Unidos que me parece no sólo excelente, sino también aplicable a todos los países democráticos y, específicamente, al nuestro.

Sería deseable que nuestros políticos, los que gobiernan y los que están en la oposición, lo leyeran detenidamente, lo asimilaran y, sobre todo, lo pusieran en práctica.

He hecho una traducción al español pero, para que quede claro que los fallos de la traducción (un tanto libre) son sólo míos, pongo primero el texto en versión original.

Gracias, Señor Obama.


For everywhere we look, there is work to be done. The state of the economy calls for action, bold and swift, and we will act - not only to create new jobs, but to lay a new foundation for growth. We will build the roads and bridges, the electric grids and digital lines that feed our commerce and bind us together. We will restore science to its rightful place, and wield technology's wonders to raise health care's quality and lower its cost. We will harness the sun and the winds and the soil to fuel our cars and run our factories. And we will transform our schools and colleges and universities to meet the demands of a new age.

All this we can do. And all this we will do.

Now, there are some who question the scale of our ambitions - who suggest that our system cannot tolerate too many big plans. Their memories are short. For they have forgotten what this country has already done; what free men and women can achieve when imagination is joined to common purpose, and necessity to courage.



Miremos donde miremos, hay cosas que hacer. El estado actual de la economía exige una acción audaz y rápida, y actuaremos no sólo para crear nuevos empleos, sino también para construir nuevos cimientos para el crecimiento. Construiremos carreteras y puentes, redes eléctricas y líneas digitales, que promuevan nuestro comercio y nos mantengan unidos.

Volveremos a colocar a la ciencia donde se merece y usaremos el progreso tecnológico para aumentar la calidad de la sanidad y reducir su coste. Utilizaremos el sol, el viento y la tierra para mover nuestros automóviles y hacer funcionar nuestras fábricas. Y transformaremos nuestras escuelas, institutos y universidades, para hacer frente a las necesidades de la nueva era.

Todo eso podemos hacerlo, y todo eso lo haremos.

En esta situación hay quienes cuestionan la amplitud de nuestras ambiciones, quienes sugieren que nuestro sistema no es capaz de abordar planes demasiado grandes. Su memoria es flaca, porque han olvidado lo que este país ha hecho en el pasado; lo que los hombres y las mujeres libres somos capaces de lograr cuando la imaginación se une al interés común y la necesidad al coraje.

martes, 20 de enero de 2009

¿Queda margen para la política económica?

El gobierno, por fin, ha presentado un cuadro macroeconómico creíble para 2009, aunque continúa siendo optimista, más allá de lo razonable, para 2010 y, especialmente, para 2011. Seguramente se ha sentido obligado ante la inminente presentación de las previsiones de la Comisión.

Standard&Poor’s ha rebajado el rating de la deuda del Reino de España, lo que supondrá alguna dificultad adicional para la recuperación económica, y el ministro Solbes ha dicho en una entrevista que ya se ha utilizado todo el margen que existía para combatir la recesión económica.

Evidentemente, el margen al que se refiere el ministro es el que se deriva de poner un límite al déficit admisible para las cuentas públicas y, ciertamente, el 6% de déficit oficial, al que deben añadirse los maquillajes que sin duda se harán, parece un límite que no debería superarse.

El problema es que siguen sin anunciarse las otras medidas, las que suponen cambios normativos y de costumbres, que son más lentas, que inicialmente apenas proporcionan resultados, pero que a medio y largo plazo son las que permiten un crecimiento más sólido y estable del bienestar de la población.

La primera, porque puede dar resultados económicos importantes y con cierta rapidez, es la mejora de la gestión de los recursos públicos a todos los niveles.

A continuación la modificación del marco legal de nuestra economía, para eliminar la gran panoplia de monopolios, oligopolios y privilegios que gravan la calidad y el precio de buena parte de los bienes y servicios que compramos los ciudadanos.

Si algo ha dejado claro la situación económica actual, es la imperiosa necesidad de cambiar radicalmente los procesos y la estructura de las entidades de control y regulación, tanto públicas como privadas.

No se puede olvidar el repaso que necesita la seguridad social, tanto en el ámbito de la sanidad como en el de las pensiones, repaso del que probablemente surja un nuevo reparto entre la parte de las prestaciones que proporcionarán el sector público y el privado.

La educación y la formación son otro de los aspectos pendientes de reforma. Seguramente los últimos que se abordarán porque aunque son los que permiten obtener mejores resultados, son también los que necesitan más tiempo para que se noten.

Finalmente, es necesario hacer una planificación razonable de las infraestructuras, cuya falta o mal funcionamiento se convierten en cuellos de botella insalvables para el progreso. ¿Se acordará alguien de la utilidad de unas tablas input-output bien elaboradas?

El gobierno se podrá quejar de muchas cosas, de las que desde fuera nos hacen la vida económica muy difícil y también de lo mal que lo hacemos los ciudadanos; hasta se puede quejar de lo mala que es la oposición, que no es capaz de mostrarle vías de actuación razonables, pero de lo único de lo que no se puede quejar, es de la falta de tareas que, sin requerir apenas dinero, puede hacer el gobierno para que dejemos lo antes posible, y en las mejores condiciones, la penosa situación económica que padecemos.