Los lobbies son un invento
sajón que tiene por objeto regular y hacer pública la actividad de intentar
influir sobre los legisladores y las administraciones para que tomen sus
decisiones sobre un aspecto concreto en el sentido que interesa al lobista.
Esta figura ni es buena ni
es mala por definición, ya que como todo lo que tiene que ver con las
decisiones políticas, que por definición afectan directa o indirectamente al
conjunto de la sociedad, o al menos a un grupo relevante de personas, su grado
de bondad depende del objetivo que persigue quién la toma.
Podríamos dividir a las
acciones de lobby en tres grupos diferentes, que yendo desde el más positivo
para la sociedad hasta el más negativo son los siguientes:
a) Lobby social que es aquella acción por la que se da al
político o funcionario información completa y veraz, y por tanto no sesgada,
sobre el asunto de que se trate, de forma que quien tiene que tomar la decisión
lo haga con mejor conocimiento de todas las implicaciones de la misma y la pueda
tomar en beneficio del conjunto de la sociedad y sin vulnerar los derechos
fundamentales de ninguna persona.
Por descontado, todos los lobistas,
en todas las ocasiones, aseguran que su acción de lobby es social.
b) Lobby antisocial que es aquella acción por la que se da
al político o funcionario información incompleta o falsa, y por tanto sesgada,
sobre el asunto de que se trate, de forma que quien tiene que tomar la decisión
se incline por una opción que, aun no siendo contraria a la legislación
vigente, favorezca descaradamente a la persona o entidad representada por el
lobista y, en consecuencia, perjudique en mayor o menor medida a un grupo relevante
de ciudadanos.
c) Lobby corrupto que es aquella acción por la que se da al
político o funcionario información incompleta o falsa, y por tanto sesgada,
sobre el asunto de que se trate, de forma que quien tiene que tomar la decisión
se incline por una opción que sea contraria a la legislación vigente, y favorezca
descaradamente a la persona o entidad representada por el lobista y, en
consecuencia, perjudique en mayor o menor medida a un grupo relevante de
ciudadanos. Este tipo de lobby se suele acompañar de compensaciones económicas
o de otro tipo a las personas que tienen que tomar la decisión, para que estén
mejor dispuestos a hacerlo en el sentido que defiende el lobista.
Además se puede añadir una
cuarta categoría, también legítima, que sin llegar a ser lobby antisocial
defienda una opción que favorezca a la persona o entidad representada por el
lobista, siempre que la opción propuesta también beneficie al conjunto de la
sociedad. A este tipo se le podría llamar Lobby mixto.
Hay que tener en cuenta
que en la mayoría de las normativas con un carácter más o menos técnico, las
empresas y personas afectadas tienen un conocimiento mucho más profundo que los
políticos y funcionarios que tienen que legislar o tomar las decisiones. Por
ese motivo es muy difícil justificar que esas personas o empresas no puedan
informar de las consecuencias de las normas o decisiones que se vayan a
aprobar.
La inmensa mayoría de los
lobistas hacen su labor a cambio de una compensación económica, tanto si son
miembros de una sociedad dedicada a esa actividad como si son empleados de
quien encarga el lobby, en este último caso a veces dedicados a ello a tiempo
completo y en otras ocasiones a tiempo parcial, motivo por el que casi siempre
llevan a cabo acciones de lobby mixto o de lobby antisocial.
Los que hacen lobby
corrupto, tanto si trabajan para una sociedad dedicada a esa actividad como si
son empleados de quien encarga el lobby, son delincuentes, normalmente de
cuello blanco y que compaginan la actividad delictiva con la actividad lícita,
por lo que en muy raras ocasiones se tienen que enfrentar a los tribunales por
sus actuaciones delictivas.
En los países sajones, la
actividad de lobista está regulada, y el lobista tiene que estar registrado,
por lo que el político o el funcionario sabe que está recibiendo la información
de alguien que vive de hacerlo. Esta regulación, aunque tiene el aspecto positivo
de la transparencia de la actividad, no garantiza que los lobistas registrados
no hagan habitualmente lobby antisocial ni que se abstengan de llevar a cabo,
en ocasiones, acciones de lobby corrupto, lo que hace que solo sea algo menos
mala que la situación en que la actividad sencillamente no está regulada, como
ocurre en España.
Para que se redujera de
forma relevante la posibilidad de acciones de lobby corrupto y de lobby
antisocial, sería necesario que la actividad estuviera regulada y que, además,
toda la información de lobby tuviera que darse por escrito de forma que, una
vez tomadas las decisiones legislativas o administrativas, tuvieran que
publicarse junto a ellas todas las informaciones, tanto a favor como en contra
de la decisión tomada, proporcionadas por los lobistas así como la
identificación de quien las haya proporcionado.
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