viernes, 28 de octubre de 2016

El problema de las pensiones en España: Traslado a los Presupuestos Generales del Estado de todos los pagos de prestaciones no contributivas



Se ha producido una relevante alarma social al conocerse que a finales de 2017, coincidiendo con el abono a los pensionistas de la paga extraordinaria de diciembre, se agotará la hucha de las pensiones.

Los políticos en general se olvidan de decir que si sólo se pagaran, con cargo a la Seguridad Social, las pensiones contributivas y las prestaciones de desempleo, esto es los derechos derivados de las cotizaciones realizadas previamente, las cuentas de la Seguridad Social no presentarían todavía déficit y por tanto la hucha de las pensiones tendría más dinero en lugar de estar próxima a su agotamiento.

Porque en los años en que las prestaciones eran inferiores a los ingresos por cotizaciones, los sucesivos gobiernos decidieron usar el sobrante (al principio en su totalidad, y en parte desde el establecimiento de la hucha de pensiones) para pagar prestaciones sociales no derivadas de la previa cotización.

Sin embargo, aunque esto se corrija, y es muy probable que el "Pacto de Toledo" lo apruebe en sus próximas recomendaciones, no por ello variará el ritmo de deterioro de la capacidad de pagar las prestaciones contributivas con las cotizaciones, ya que el aumento de pensionistas que se deriva de la jubilación de las primeras añadas del baby boom unido al incremento progresivo del número de mujeres que llegan a la edad de jubilación con derecho a pensión contributiva, lleva a un aumento del volumen total de las pensiones contributivas a pagar que en estos momentos está ligeramente por encima del 3% anual, cuando el incremento de cada pensión es del 0,25%.

Por tanto, la limitación del uso de los fondos de la Seguridad Social al pago de las prestaciones contributivas es un elemento fundamental para sentar las bases de un futuro sistema que sea económicamente sostenible, aunque no será suficiente con esta modificación.

Otro elemento fundamental será el llevar a la práctica que el sistema sea realmente de reparto, esto es que las cotizaciones sean en cada periodo (que debe ser de varios años) suficientes para pagar las prestaciones contributivas de ese mismo periodo.

Este elemento es mucho más complejo, porque requiere un nuevo sistema de cotizaciones, que maximice los ingresos por cotizaciones a corto, medio y largo plazo, y a la vez una nueva metodología de fijación de las pensiones que, necesariamente, debe suponer la variación del importe de todas las pensiones contributivas en cada periodo plurianual para hacer posible que los ingresos sean suficientes para pagar los gastos.

Las cotizaciones se deben fijar con un importe mensual individual que sea soportable para los cotizantes y que, a la vez incentive (teniendo en cuenta la metodología de cálculo del importe de las nuevas pensiones) la propensión de los trabajadores, por cuenta propia y por cuenta ajena, a proseguir carreras de cotización largas y por importes que permitan alcanzar la pensión máxima una vez cumplidas las condiciones.

Las percepciones se deben acomodar a los ingresos de cada periodo y eso supone que pueda haber variaciones, muy probablemente a la baja, en las pensiones individuales de cada periodo respecto al anterior.

Se pedirá por tanto un enorme sacrificio tanto a los pensionistas, tanto actuales como futuros, como a los cotizantes actuales y futuros, ya que necesariamente los cotizantes, que no crecerán ni de lejos al ritmo que crecerá el número de pensionistas, tendrán que pagar unas cotizaciones que permitan pagar unas pensiones suficientes, con la certeza de que cuando lleguen a la jubilación recibirán una pensión inferior, muy inferior, a la que recibirían si se jubilaran con el sistema actual de cálculo. Los pensionistas actuales, y los que se vayan incorporando, tendrán que aceptar la percepción de unas pensiones inferiores a las actuales, porque los ingresos por cotizaciones no serán suficientes para pagar las pensiones con el importe calculado por el sistema actual.

Hay varias soluciones "fáciles" que deberían evitarse, ya que incentivarían a los trabajadores actuales a cotizar lo mínimo posible, tanto en tiempo cotizado como en la cuantía de la cotización, lo que llevaría a una reducción muy relevante de los ingresos por cotizaciones:
-  Eliminar las bases máximas de cotización, manteniendo, cuando no reduciendo, los límites actuales de la pensión máxima.
-  Reducir la pensión máxima hasta el importe que permita equilibrar ingresos y gastos.
-  Obligación de complementar la futura pensión con la contratación de planes de pensiones privados.
- Introducir un nuevo impuesto (o aumentos de tipos en impuestos existentes) para complementar la financiación de las prestaciones contributivas.

Pero es indudable que los PGE tendrán que aportar cantidades muy importantes de fondos para pagar todas las prestaciones no contributivas que deberían complementar las pensiones para que los jubilados puedan tener una vida digna.

jueves, 20 de octubre de 2016

El problema de las pensiones en España: Modificación del método de cálculo de las nuevas pensiones



La modificación del sistema de cálculo de las nuevas pensiones es, sin duda, uno de los problemas de más difícil solución, aunque sería aconsejable que se estableciera el sistema definitivo, el que se aplicaría a todos los nuevos cotizantes y también a aquellos a los que les falte un mínimo de 30-35 años para llegar a la edad de jubilación prevista para ellos. Podría, en caso necesario, complementarse el nuevo modelo con un sistema transitorio que evite penalizar gravemente a las personas que estén cercanas a la jubilación.

El nuevo sistema de cálculo, debería tener en cuenta los siguientes factores:
-  Cotización acumulada realizada por el futuro pensionista, sin que tengan mayor o menor peso las cotizaciones en función de la fecha en que se hayan hecho. El sistema sueco que las actualiza en función del tipo de interés de los bonos del Estado a largo plazo es un buen sistema para hacerlo.
-  Edad del pensionista en el momento de solicitar la pensión.
-  Esperanza de vida de las personas de la misma edad del pensionista, también en el momento de solicitar la pensión.
-  Volumen previsible de ingresos por cotizaciones, en plazos plurianuales, para que el volumen de pensiones pagadas sea equivalente al de los ingresos.

El resto de factores que puedan influir en el montante a percibir por el pensionista, derivadas de su situación personal o familiar, deberían ser objeto de un cálculo separado, y las prestaciones correspondientes deberían ser pagadas con cargo a los PGE y no con cargo a la Seguridad Social.

Además, debería fijarse la edad mínima de jubilación voluntaria que sólo debería poderse reducir por motivos de incapacidad o de enfermedades crónicas graves.

También deberían establecerse los criterios para poder obtener la pensión máxima, básicamente de edad mínima al jubilarse. No deberían ponerse límites o reducciones a la pensión por el hecho de no haber cotizado en épocas determinadas.   

El problema de las pensiones en España: Necesaria modificación del sistema de cotizaciones



El sistema actual de cotizaciones dista mucho de ser equilibrado y equitativo. El desequilibrio se deriva de los diferentes regímenes de cotización existentes y tiende a multiplicar los efectos perniciosos:

-  La base máxima de cotización aumenta a ritmos anuales del 2,5-3%, en tanto que la pensión máxima que se puede obtener si se cotiza por ella lo hace al 0,25%. Eso significa para un nuevo trabajador que empezara ahora a cotizar y que se jubilara tras cuarenta años de cotización (nada exagerado para alguien que empiece ahora a trabajar salvo por la dificultad de mantener una cotización continuada durante cuarenta años que lleve a la cotización máxima) recibiría una pensión que en términos comparativos de poder adquisitivo sería tan sólo del orden del 40% de la que percibe alguien que se jubile ahora en esas mismas condiciones, pero si esa misma persona aumentara su cotización anualmente sólo en la cuantía necesaria para obtener la pensión máxima, habría cotizado a lo largo de su vida del orden de un 40% menos, con el curioso (e injusto) resultado de una pensión de igual, o muy similar, cuantía.
-  En el cálculo de la pensión actualmente sólo se tienen en cuenta las cotizaciones realizadas durante los últimos quince años, (veinte últimos si el resultado es más favorable para el pensionista) por lo que aquellos que pueden hacerlo, en su mayor parte, cotizan al mínimo hasta que les faltan quince años para jubilarse, momento en el que pasan a cotizar cerca del máximo, lo justo para obtener la pensión máxima.
-  Los descuentos e incrementos que se producen por adelantar o retrasar la fecha de jubilación no suponen la variación en el importe de la pensión que sería equitativa.
-  La incompatibilidad total o parcial de la mayoría de las pensiones con el trabajo, por cuenta propia o ajena, desincentiva de forma muy notable el trabajo de los pensionistas, lo que redunda en una menor recaudación fiscal que agrava el problema de la falta de sostenibilidad del sistema. La percepción de las pensiones a partir de los 65-70 años es incompatible con una vida media de los pensionistas que se va acercando progresivamente a los 90 años, motivo por el que el trabajo, a menudo a tiempo parcial, de los pensionistas que quieran y puedan hacerlo está llamado a ser uno de los nuevos pilares que ayudarán a mejorar la sostenibilidad del sistema, aunque la mayor recaudación que proporcione este trabajo adicional se ingrese por IRPF y por IVA y no por cotizaciones.  

Creo que las correcciones a introducir deberían ir en el sentido de no desincentivar que se cotice por los ingresos reales, hasta el límite de la base máxima de cotización, y con carreras tan largas como sea posible. Como todos los cambios que afectan a millones de personas y durante plazos muy largos, no será fácil llevarlos a cabo. Lo primero y fundamental es tener las ideas claras del sistema que se desea implantar que, necesariamente, debería ser sostenible y sin grandes cambios a muy largo plazo, lo que implica que también tiene que ser sostenible a corto y medio plazo.

Para ello lo primero es explicar a todo el mundo el nuevo sistema para que una persona que inicie ahora su carrera de cotización sepa que, cuando llegue a la edad de jubilación, tendrá derecho a una pensión que, además, será ser justa y calculada de acuerdo con su cotización total a lo largo de toda su carrera profesional.

Lo segundo es explicar claramente como se calculará la pensión, para lo que habrá que haber desarrollado un modelo claro y que se sepa, con certeza razonable, que será sostenible, explicándolo de acuerdo con la evolución prevista de la pirámide de población y las desviaciones más probables de otros indicadores económicos, ya que la evolución vegetativa de la población actual no es suficiente, y hay que considerar alternativas de migración neta que normalmente será de llegada neta de inmigrantes.

Lo tercero es homogeneizar al máximo las cotizaciones tendiendo a dejar sólo dos tipos de cotizantes, los trabajadores por cuenta ajena y los trabajadores por cuenta propia (autónomos). El cálculo de las cotizaciones debería ser el mismo, dependiendo lógicamente, en el caso de los autónomos, de los ingresos netos de gastos necesarios para llevar a cabo la actividad. Sería importante dar una mayor flexibilidad a los autónomos para que las cotizaciones sociales no supongan una barrera al inicio de su actividad o en las épocas en que sus ingresos puedan disminuir mucho, flexibilidad que podría establecerse de manera que la cotización de cada mes se hiciera de acuerdo con los ingresos netos de dos meses antes (con una cotización mínima muy baja, por ejemplo 50 euros al mes, cuando no tengan ingresos netos positivos o el resultado fuera inferior a ese límite) con una regularización a final de año y con la obligación de cotizar por bases superiores a la máxima siempre que los ingresos netos del mes de referencia superen la citada base máxima y con el límite de que en el acumulado de la carrera del autónomo concreto se haya cotizado menos que el acumulado de las máximas. De esta manera se conseguiría que los autónomos cotizaran de acuerdo con sus ingresos reales, pero a la vez que los autónomos con ingresos netos iguales o superiores a la base máxima coticen como los trabajadores por cuenta ajena y también que la pensión a recibir no dependa para nada de si ha cotizado como autónomo o como trabajador por cuenta ajena o de forma mixta. 


Finalmente, parece razonable que el trabajo por cuenta propia de los pensionistas, que debería pasar a ser compatible con la pensión en todos los casos, sólo debería aportar cotizaciones cuando la edad del pensionista sea inferior a la de jubilación o cuando el trabajo sea por cuenta ajena. En el caso del trabajo por cuenta ajena, la cotización debería limitarse a los conceptos que no se dedican a la financiación de las pensiones.

miércoles, 19 de octubre de 2016

El problema de las pensiones en España: ¿Cómo debería evolucionar el sistema?



Hay un acuerdo generalizado en que el actual sistema de pensiones no es sostenible, porque los pagos a realizar, aún en la hipótesis del mínimo aumento anual del 0,25% de las pensiones ya existentes, crecerán muchísimo durante las próximas décadas por el aumento del número de personas que cada año pasará a ser pensionista, mientras que los ingresos por cotizaciones no lo harán o lo harán en una proporción muy inferior.

En lo que hay serias discrepancias es en como reconducir el sistema, ya que una parte de la población piensa que el Estado puede asumir los sobrecostes y otra cree que el sistema en realidad sí que es sostenible, ya que se lo han oído decir a los partidos políticos, especialmente en épocas de elecciones y siguen escuchando ese mensaje incluso ahora que ya han sonado las alarmas porque la hucha de las pensiones se agotará, y faltará algo de dinero, cuando se pague la paga de diciembre de 2017.

Los que consideran que el Estado puede pagar todas las pensiones, manteniendo el actual sistema de cálculo para los nuevos pensionistas, probablemente no sean conscientes de que, si eso se hiciera así, habría que subir de forma muy relevante la recaudación de impuestos, ya que no sería sostenible pagar los sobrecostes con un aumento equivalente de la deuda pública.

Los que consideran que el Estado tiene todo el dinero que pueda necesitar, simplemente no conocen la realidad económica y prefieren pensar que si políticos de partidos muy diferentes lo dicen, es que será así.

Hasta ahora las modificaciones se han hecho con la máxima suavidad posible y dilatando varios años la aplicación de la repercusión total y, aún así, el sistema sigue sin ser sostenible. Pero el tiempo pasa inexorablemente y cada vez está más cerca el momento en que tendrá que comunicarse la cruda realidad a la población en general y a los que vayan a ser pensionistas en un futuro próximo en particular. En el caso en que las medidas se retrasaran excesivamente, (cosa que no parece que vaya a ocurrir porque se ha anunciado que para la próxima primavera el Pacto de Toledo presentará una propuesta de solución) podría ser necesario reducir la cuantía de las pensiones ya existentes, aunque esa medida sea, como lo es, contraria a la Constitución.

Las reformas que habría que acometer se pueden dividir en cuatro grupos diferentes: Modificación del sistema de cotizaciones, modificación del método de cálculo de las nuevas pensiones, traslado a los Presupuestos Generales del Estado (PGE) de todos los pagos de prestaciones no contributivas que ahora satisface la Seguridad Social y formulación de las medidas complementarias que aseguren que los pensionistas con menores ingresos tengan cubiertas sus necesidades básicas (vivienda digna, alimentación suficiente, sanidad de calidad y movilidad a su alcance)