Mamen y Alicia es otro relato de la serie dedicada a los distintos tipos de amistad, de amor y de desamores.
Mamen
y Alicia
I Primer
amor
Mamen volvió a ver un día más a
su hija radiante de felicidad. A sus quince años ya era una muchacha muy guapa
y el pavo apenas se le notaba. Mamen estaba muy contenta porque su hija era
buena, inteligente, estudiosa, divertida y, hasta donde ella sabía, buena amiga,
pero desde hacía un par de semanas había notado un cambio radical, porque
Alicia estaba radiante, siempre, a todas horas, incluso cuando dormía, y esto le
había hecho pensar que se había enamorado.
¿Quién sería el afortunado
muchacho? ¿Qué podía hacer ella para enterarse de quién era y, ojalá, quedarse
tranquila porque fuera una buena persona? Alicia era muy celosa de su intimidad
y, por descontado, ya creía que era una persona adulta, que podía valerse por
si misma sin necesidad de que su madre le echara una mano en las cosas de su
vida íntima.
En esta ocasión, contra todo
pronóstico, fue la propia Alicia la que le solucionó el problema, porque
mientras cenaban abordó el asunto de una forma un tanto sutil.
Apagó la tele
para que nada estorbara la conversación y le preguntó:
- Mamá. ¿puedo hacerte una pregunta muy
personal?
- Alicia -respondió Mamen- ya sabes que siempre
puedes preguntarme lo que quieras y, en todo caso, ya me excusaré si no deseo
responder a lo que me preguntes, cosa que, por otra parte, no es fácil que
ocurra porque no tengo en mi vida ningún secreto inconfesable para mi hija.
- Mamá ¿te importaría contarme cómo fue tu
primer amor?
- Alicia, ya sabes que mi primer amor fue tu
padre, pero dime ¿como de detallada quieres la historia?
- Todo lo detallada que puedas, Mamá
- Si te parece, te dejaré leer lo que tu padre
escribió, a los pocos días de que tu nacieras, sobre cómo fue nuestro amor, el
primero para cada uno de los dos. Aunque lo escribió él, creo que refleja muy
bien como ocurrió y como se desarrolló. Cuando lo hayas leído, puedes
preguntarme todo lo que quieras, si es que hay otras cosas que quieras saber. Lo
único que te pido es que seas discreta, porque no me gustaría que otras
personas conozcan esta historia en detalle.
Siguieron cenando y al terminar
Mamen se fue a su cuarto e imprimió el fichero en el que estaba la historia que
Toni, su ex, había escrito hacía algo más de quince años. Volvió al salón y le
pasó las hojas impresas a su hija, que rápidamente se puso a leerlas:
Conocí
a Mamen en el verano de 1982 cuando ella tenía diez años y yo once. Todas las
tardes, excepto cuando alguno de los dos se había ido de vacaciones, nos
veíamos en el parque y también algunas mañanas en la piscina de la urba. Yo iba
casi todas las mañanas, pero a ella no le gustaba mucho bañarse y sólo iba de
vez en cuando.
La
había visto algunas veces durante el curso, pero nunca había hablado con ella
aunque casi todas las mañanas íbamos cerca el uno del otro hacia el cole. Era
rubia, guapa y sonriente, pero parecía que no tenía muchas ganas de ir con los
niños.
Al
llegar las vacaciones, las primeras que yo pasaba en aquella urba ya que mis
padres se habían cambiado de casa, todos los niños y niñas de edades parecidas
que vivíamos en las urbas cercanas nos encontrábamos en el parque, donde
jugábamos en tropel. Cuando anochecía, solíamos jugar al escondite y poco a
poco Mamen y yo nos fuimos acostumbrando a escondernos juntos. Los dos éramos
rápidos corriendo, de forma que casi siempre nos las apañábamos para salvarnos
juntos, o salvar al otro si le habían pillado.
Después,
cuando llegaba la hora de volver a casa, volvíamos a la vez aunque al principio
separados, hasta que un día que yo la había salvado varias veces, al volver ella
me dio las gracias. Yo le dije que no hacía falta que me diera las gracias,
porque me gustaba mucho jugar con ella y también que fuéramos compañeros, y
ella insistió en que le gustaría devolverme el favor. Yo le dije que ya me lo
devolvería cuando fuera ella la que me salvara a mí, pero que si quería hacer
algo más, me gustaría mucho que fuéramos de la mano.
Ella
me dijo que no sabía si eso estaría bien, que cuando los demás se dieran cuenta
empezarían a cuchichear y que no le gustaría que la tomaran por una fresca.
Pero a continuación me dijo que ya había encontrado la solución, me dejaría ir
de la mano cuando estuviéramos escondidos y nadie nos pudiera ver.
A
pesar de sus precauciones, no pasaron muchas semanas antes de que se corriera
la voz de que éramos novios. A mí no me importaba mucho que lo dijeran, pero me
daba rabia no saber quien había sido el gracioso que lo había empezado a decir.
Una
tarde cuando volvíamos a casa, me dijo que mi padre le había preguntado si era
ella la novia de su hijo. Se había quedado cortada y no le respondió ni que sí ni
que no.
Al
día siguiente, cuando volvíamos a casa ya de noche me preguntó si yo le gustaba
y añadió que ella me lo diría después, pero que para que no pensara que le
hacía trampa, ya tenía la respuesta escrita en un papel que me enseño y se
metió en el bolsillo; yo me puse como un tomate y le dije que sí, que me
gustaba muchísimo y ella me dio el papel. como estaba oscuro, yo no veía nada
escrito, así que tuve que esperar a la siguiente farola para comprobar,
mientras ella se reía un montón, que efectivamente, en la esquina de abajo a la
derecha, había un si pequeñísimo, pero un sí, al fin y al cabo. Me dijo que para
ella, a partir de ese momento, estaba claro que ya éramos novios oficiales y
por tanto me dejaría ir de la mano siempre que quisiera.
A
los pocos días le pregunté si la podía dar un beso y me dijo que sí, pero que
en la mejilla, y antes de que acabara el verano, ya me dejó darle besos en los
labios, siempre con mucho cuidado de que no nos viera nadie.
Al
curso siguiente, también íbamos juntos al cole. Yo salía un poco antes de casa
y me acercaba a su portal y cuando ella bajaba nos íbamos juntos al cole. Nunca
estuvimos en la misma clase, porque yo iba un curso más avanzado, pero también
en el cole todo el mundo decía que éramos novios.
Pasaron
los años, y continuamos siendo inseparables. Cuando ella cumplió los doce años
empezó a crecer muy rápido y le empezaron a salir los pechos. Yo seguía siendo
un niño y durante una temporada pensé que dejaría de querer ir conmigo, porque
casi me sacaba la cabeza. Pero no fue así, casi lo único que cambió es que en
todas las fotos de aquella época en que estamos juntos, los dos estamos
sentados, seguramente para que no se notara la diferencia de altura
Algunos
años después, una tarde de noviembre de 1990, que se presentaba triste en
cuanto al tiempo, con el frío típico de la época aunque en esta ocasión iba acompañado
de lluvia y de algo de viento, lo que la hacía algo más desapacible, yo había
decidido quedarme en casa a estudiar el parcial de Química-Física I que tendría
el miércoles siguiente, porque aunque lo llevaba bien, quería darle un nuevo
repaso, más que nada porque esa asignatura me estaba gustando mucho.
Cuando
apenas llevaba releídas un par de páginas de los apuntes, sonó el teléfono, era
Mamen, que con su risa inconfundible, me preguntó el plan que tenía para esa
tarde. Como de costumbre, metí la pata
al decirle exactamente cuál era mi plan y que, de hecho, en ese momento ya
estaba repasando los apuntes. Menos mal que reaccioné a tiempo y cuando ella empezó
a disculparse diciéndome que no quería interferir en mis estudios, le dije que
no se preocupara y prefería que me contara cual era su plan.
Me
dijo que, como podía imaginarme, tenía ganas de verme y que también quería pedirme
un favor. Mi respuesta, como no podía ser de otra manera, fue que a mí también me encantaría verla y que, si
estaba en mi mano, podía contar con el favor.
Después
de hacerse de rogar un tanto, me dijo que el favor que me quería pedir es que
le guardara, por tiempo indefinido, un disco, en realidad un vinilo. Me quedé bastante
sorprendido y le dije que contara con ello, pero que era una cosa tan nimia que
ni siquiera merecía el nombre de favor.
Me
contestó que si no me importaba me lo traería a casa, para quitarme el mínimo
tiempo posible, y al final quedamos en que ella vendría a casa, me dejaría el
disco y pasaríamos la tarde juntos. ¡Qué suerte que aquel día mis padres se hubieran
ido a jugar a las cartas con los tíos y los primos de mi padre, lo que
significaba que llegarían a casa más tarde de las diez!
A
los pocos minutos sonó el timbre de casa. Abrí y Mamen estaba en la puerta con
su sonrisa maravillosa y antes de decirme hola ya me estaba dando un beso de
tornillo, como si hiciera un mes que no nos viéramos.
Cuando
terminó el beso, sacó del bolso una bolsa de plástico con un disco single, que
resultó ser el de Jane Birkin y Serge Gainsgbourg, que se hiciera tan famoso veinte
años antes, especialmente después de la prohibición de que fuera radiado, seguramente
promovida por la esposa puritana de algún mandamás de la época de Franco.
Cuando
le pregunté el motivo de que quisiera que se lo guardara, me explicó que no
sabía cómo, pero su madre se había enterado de que lo tenía y no le gustaba que
tuviera una canción tan indecente. Tras una breve discusión, su madre le había
dicho que para evitar que lo escuchara mientras estaba conmigo a solas, se lo
rompería en cuanto lo encontrara, así que se le había ocurrido que era mucho mejor
que se cumpliera la profecía de su madre cuanto antes.
Le
dije que no se preocupara, que yo se lo guardaría y que por suerte teníamos la
casa para nosotros durante toda la tarde.
Le
pregunté si le gustaba la canción y me dijo que sí, que le gustaba mucho, y que
esperaba poder escucharla mientras estábamos muy juntos.
Para
provocarla un poco, le pregunté si quería oírla y cuando me respondió que para
que pensaba que había ido con el disco a mi casa, le pregunté si quería oír la
cara A, la B, o las dos. Me regañó de su forma habitual y por toda respuesta me
dijo: ¡Toni, no me tomes el pelo, por favor!
Puse
el disco en el plato bueno, pasé la canción al formato MP3 y luego a wav, le
quité los ruidos de fondo y la puse a sonar con repeticiones indefinidas. Le
pregunté si quería bailar, me dijo que sí y me sorprendió porque me abrazó de
una forma muy especial.
Seguimos
bailando y después de un buen rato de besarnos, nos fuimos quitando la ropa de
cintura para arriba, la cogí de la mano y la llevé a mi habitación, después de
haber subido el volumen para que se escuchara desde allí. Ya en el dormitorio,
bajé la persiana, y la llevé a la cama donde nos abrazamos primero encima de la
colcha y después ya entre las sábanas.
Yo
estaba sorprendido de que no dijéramos nada. Ya estábamos desnudos y, al cabo
de un rato, noté como mi pene entraba suavemente en su vagina y empezamos a
hacer el amor por primera vez en nuestra vida.
Mientras
la canción sonaba, llegamos a un orgasmo prácticamente simultáneo, yo le dije Je t'aime, je t'aime, siguiendo la
letra de la canción y Mamen, riendo, me contestó con un Moi non plus!!! muy rotundo
y convencido, justo cuando estaba terminando de eyacular y me preparaba a
besarla una vez más.
No
tenía la menor duda de que estaba enamorado de Mamen desde hacía muchos años, pero
no me esperaba que la primera vez de hacer el amor hubiera sido así, tan
maravillosa y mucho antes de lo que yo me esperaba, porque Mamen era bastante
puritana y algunas veces me había insinuado que no le importaría llegar virgen
al matrimonio, cosa que a mí no me apetecía lo más mínimo y que, por fortuna,
ya no iba a pasar.
A
partir de entonces, nos acostumbramos a hacer el amor siempre que podíamos y
seguimos estudiando y pasando juntos una larga etapa de amor y despreocupación.
Terminamos
nuestros estudios y nos pusimos a trabajar para poder independizarnos cuanto
antes. Nos fuimos a vivir juntos y al cabo de unos años, una tarde también de
noviembre me encontré con que Mamen recreó la tarde de nuestra primera vez.
Pasó cuando volví de trabajar y rápidamente me di cuenta de que preparaba algo,
no sabía qué, pero seguro que algo muy especial.
Cuando
terminamos de hacer el amor y nos levantamos para cenar, la cena fue también
muy especial: la mesa con el mantel bueno, con la vajilla y cubertería de las
grandes ocasiones, buen vino y también una botella de cava y las inevitables
velas que tanto le gustan a Mamen porque dice que son románticas.
Le
pregunté cual era el motivo de semejante agasajo y la respuesta me dejó
atónito:
- Toni
-me dijo- ¿te quieres casar conmigo?
- Mamen
-contesté- ya sabes que para mí estamos casados desde aquella tarde que hoy has
rememorado, pero si quieres hacerlo oficial, es que hay algún motivo que me ocultas
tras tu pícara sonrisa ¿me lo vas a decir?
- ¿Será
posible que no te lo imagines? ¡No me lo puedo creer!
- ¿No
será que estas esperando...?
- ¡Vaya!
¡Menos mal que por fin caes en la cuenta! Sí, estamos esperando una niña que se llamará...
- Alicia,
supongo -respondí- esperando su reacción de sorpresa.
- ¿Por
qué Alicia? preguntó sorprendida.
- Porque
es un bonito nombre para una niña que será preciosa ¿Te parece buena razón?
- De
eso ya hablaremos más adelante, dijo mientras me besaba.
Alicia sonreía mientras leía la
historia de sus padres y cuando terminó le dijo a su madre que nunca se habría
imaginado una historia tan bonita.
- Mamá ¿Así que hiciste el amor por primera vez
para fastidiar a la abuela?
- No, Alicia, lo del disco fue una buena excusa,
pero en realidad yo pensaba que ya había llegado el momento. Yo ya tenía más de
dieciocho años y llevaba unos ocho años con tu padre, así que estaba segura de
que el amor era verdadero y estable.
- ¿Sigues pensando que los dieciocho es la edad
adecuada para la primera vez?
- No, Alicia, sigo pensando que la edad adecuada para la
primera vez es la que cada mujer considere como tal, pero me parece mejor si
además es con una pareja de verdad.
- ¿Con "de verdad" quieres decir que lleve ocho
años?
- No hija, con "de verdad" quiero
decir que sea una pareja que ya lleve un tiempo suficiente como para pensar que
puede ser una pareja estable.
- Pero, Mamá, nunca se puede estar segura de eso
¿no?
- Tienes razón, por eso te he dicho para pensar
que puede ser una pareja estable. Y ahora ¿puedo ser yo la que te pregunte?
-
Mamá dispara, pero por favor no lo hagas
a matar.
- ¿Estás enamorada, Alicia?
- ¿Por qué lo piensas, Mamá?
- Lo
pienso porque llevas unas semanas radiante, como nunca te había visto.
- ¿Tanto se me nota? Pues sí, Mamá estoy muy enamorada.
- ¿Estás pensando en hacer el amor con él?
- ¿Y si lo estuviera pensando, que me dirías?
- Que cuando estés segura, lo hagas y lo hagas
bien.
- ¿Me dejarías hacerlo en casa?
- Claro que sí hija. Sólo me lo tienes que
avisar con un poco de tiempo para que yo te deje la casa libre, por ejemplo un
fin de semana o, mejor todavía, un puente.
- ¿Quieres conocerle antes?
- ¡Claro que quiero conocerle! Pero cuando tú
quieras, tanto me da que sea antes o después.
- ¿Y me controlarás después?
-
A tu edad no me gusta ese concepto; ya se
ha pasado el tiempo en que como madre debía controlarte. Pero mientras vivas me
gustará que me comentes como te van las cosas y espero que todo te salga muy
bien.
- ¡Gracias Mamá! ¡eres un sol!
II Día de Reyes amargo
Alicia se quedó pensando en todo
lo que su madre le había contado sobre la primera vez que hizo el amor. Le
costaba entender cómo un amor tan sólido como el de sus padres se pudo
desvanecer de golpe sólo unos pocos años después de que ella naciera y sin que
ella nunca hubiera sabido que pasó.
Nunca olvidaría el día de Reyes
de 1994. Tenía entonces diez años y por primera vez en su vida su padre no pasó
con ella la Nochebuena, ni la Navidad ni la Nochevieja. Se había ido unos meses
antes a Nigeria, a trabajar en un proyecto que su empresa estaba haciendo allí,
y a primeros de diciembre su madre le contó que su padre no volvería a casa hasta
después de Reyes, seguramente el 10 de enero.
La noche de Reyes la pasó en casa
de su tía, con sus primos, pero el día de Reyes por la mañana su padre apareció
de repente en casa de su tía. Ella se llevó una gran sorpresa pero enseguida se
dio cuenta de que su padre había llorado.
Aunque ella ya había desayunado, su
tía le dijo que acompañara a su padre mientras él desayunaba, porque acababa de
llegar y todavía no lo había hecho. Preparó café y le ofreció roscón, les
dejó solos en la cocina y al cabo de un momento oyó a sus primos que le decían
¡hasta luego Alicia! y como se cerraba la puerta del piso.
Mientras su padre tomaba el café
con un poco de roscón, ella se dio cuenta de que lo hacía forzado, sin ganas,
pensó que algo malo le pasaba y se lo preguntó directamente:
- ¡Papá! tienes los ojos de haber llorado ¿qué
te pasa?
Toni -su padre- no pudo evitar
que se le volvieran a saltar las lágrimas mientras le contó que lloraba porque
a partir de ese día ya no vivirían juntos los tres. Ella seguiría viviendo con
su madre y él viviría sólo en otra casa.
- ¡Papá! ¿es que ya no nos quieres?
- No Alicia, no es eso. Yo os sigo queriendo
igual que siempre, pero Mamá y yo ya no podemos seguir viviendo juntos.
Alicia siguió haciendo muchas
preguntas y seguía sin entender la razón que les obligaba a vivir separados.
Su padre le dijo que aquel mismo
día se volvía a marchar de viaje y que cuando volviera, en un par de meses, ya
sería una vuelta definitiva y podría verle todos los días que quisiera.
Cuando volvieron sus primos y su
tía, su padre se despidió y, efectivamente, pasaron más de dos meses antes de
que su padre volviera. A los pocos días, la llevó a su nueva casa, en la que
ella tenía una habitación en la que podría dormir cuando quisiera y empezó una
nueva relación con su padre, que nunca le contó su versión de lo ocurrido.
Al llegar a casa, se encontró a su
madre que también tenía los ojos llorosos y también le preguntó a ella cual era
la razón de que Papá ya no pudiera vivir con ellas.
Mamen le dijo que era una cosa
muy complicada, que solo se la podría explicar cuando fuera mayor, porque ahora
era demasiado pequeña para entenderla. También le dijo que cuando su padre
volviera se buscaría una casa que no estuviera lejos, para que ella pudiera ir
cuando quisiera, y que se tendría que acostumbrar a tener dos casas.
Poco a poco ella se fue
adaptando a la nueva vida y, cuando fueron pasando los años, se dio cuenta de
que la separación de sus padres no había sido como la de los padres de los
otros niños que pasaban por esa situación. Ella nunca había visto discutir a
sus padres, ni antes ni después de la separación, ni nunca estuvo sujeta a
presiones para estar con uno o con otro, ni tampoco escuchó la menor queja de
su padre respecto a su madre, ni de ésta respecto a él.
Después de que su madre le
contara como fue la primera vez que hizo el amor, pensó que ya era un momento
adecuado para que, por fin, le contara lo que había pasado, así que un par de
semanas después, se decidió a preguntarle si ya había crecido lo suficiente
para poder saber lo que ocurrió entre ellos dos.
Mamen se quedó pensando unos
momentos, y le dijo que desde luego ya tenía la madurez suficiente para saber
lo ocurrido y que se lo contaría, aunque como le había pillado desprevenida no
sabía por dónde empezar la explicación y, sobre todo, como hacerla para que
fuera objetiva, ya que su padre siempre le había dicho que él no se lo contaría
porque pensaba que era mejor que fuera ella, la madre, la que lo hiciera cuando
lo considerara oportuno.
De modo que empezó su relato explicándole
lo ocurrido aquella mañana de Reyes, aunque le dijo que cuando terminara con
los hechos le daría algunos antecedentes y le diría también algunas cosas que
pasaron después.
No sé si recordarás –empezó a
contar Mamen- que tu padre estaba trabajando en el extranjero y que no pudo
venir en todas las Navidades. Me había dicho que tampoco podría venir en Reyes
y que esperaba poder tomarse un par de semanas de vacaciones a partir del 10 de
enero.
Por razones que ahora entenderás,
te mandé a pasar la noche de Reyes con tu tía y tus primos, y a eso de las
nueve de la mañana del día de Reyes, tu padre apareció en mi dormitorio, todo
sonriente, supongo, y con una bandeja con el desayuno. Abrió la puerta y empezó a
hacerme su pregunta habitual, todavía con la luz apagada.
- ¿Prefieres desayunar en la cama o en la
cocina?
Al acabar de decir esta frase
encendió la luz, y la cara le cambió al ver que yo no estaba sola en la cama, y
sin darme tiempo a decir nada, salió cerrando la puerta mientras decía:
- Lo
siento Mamen, no sabía que estuvieras acompañada.
Yo me levanté y me fui a la
cocina con el tiempo justo para verle como dejaba el desayuno encima de la mesa.
Me preguntó, llorando, dónde estabas y cuando le dije que en casa de mi
hermana, me dijo que iría a verte para despedirse y que intentaría volver a su
trabajo aquel mismo día. También me dijo que cuando pudiera, prepara un papel
con todos los detalles de la separación, que no pensaba discutir, y que sentía
mucho que nuestra relación hubiera terminado.
Yo le pedí que se quedara un rato
para que le pudiera explicar lo ocurrido, pero él me dijo que no se sentía con
fuerzas para escuchar su relato. Cogió su maleta, todavía sin abrir, y el paquete en el que estaba
el regalo que te había traído. Dejó otro paquete que tenía un regalo para mí,
dejó sus llaves de casa en la mesa de la cocina y se despidió diciéndome que
esperaba que fuera muy feliz en mi nueva vida y que cuando quisiera le mandara
un correo-e con el acuerdo de separación en el que, si quería, le podía
explicar mis razones.
Alicia se quedó callada y Mamen,
cuando se dio cuenta de que era porque no sabía si había terminado su
explicación o no, continuó su relato con los antecedentes de lo ocurrido.
Le contó que ella no había estado
de acuerdo en que aceptara aquel proyecto que le tendría tantos meses fuera de
casa y que su padre le había dicho que no tenía muchas opciones si quería
seguir trabajando y progresando en aquella empresa.
Estuvo varias semanas enfadada y
aumentó su contacto con otro pintor de su grupo de colegas. Poco a poco su
relación fue intimando y una tarde que ella había ido a su estudio, acabaron haciendo
el amor. A esa tarde siguieron otras y al cabo de unas pocas semanas ella le
pidió que le dijera como le gustaría que continuara su relación.
Él, que era muy liberal, o al menos presumía de ello, le
respondió que para él estaba bien que las cosas se mantuvieran igual que hasta el
momento. Ella podía seguir con su marido y, a cambio, él podría mantener las
relaciones que quisiera con otras señoras.
Cuando Toni le dijo que no podría
estar con ellas hasta después de Reyes, aceptó la propuesta de su amante de
pasar alguna noche juntos en su casa, motivo por el que se le ocurrió mandarla
a ella a pasar la noche de Reyes a casa de su hermana con sus primos, sin
imaginarse que su padre estaba preparando la sorpresa de presentarse unos días
antes de lo previsto. Después le contó que preparó el
acuerdo de separación y que su padre lo aceptó tal cual, como había dicho.
- Como
sabes, ese acuerdo de separación dejaba mucha libertad a los dos para verte y
nunca hemos tenido ningún problema. Por suerte, tu relación con tu padre
siempre ha sido buena y creo que fue una buena cosa la decisión que tomamos los
dos, cada uno por nuestra parte porque nunca lo comentamos, de no hablarte
nunca mal del otro.
Alicia tenía curiosidad por saber
más detalles y le preguntó a su madre si le apetecía contarle más cosas; en
particular si le dio a su padre una explicación de lo que había pasado y como
continuó la relación con el otro hombre.
Mamen empezó por responder a la
última cuestión y le dijo que duró poco, de hecho su reacción ante la aparición
de Toni le pareció un tanto cínica:
- Pero
Mamen, cariño, ¿no le habías dicho a tu marido que había perdido su exclusiva
en la relación?
En los días siguientes le fue
dando vueltas y también espació los encuentros que, por otra parte, ya no le
parecían tan apetecibles. Seguramente a su amante tampoco se lo parecían porque
rápidamente, pero sin mediar palabra, pasaron a tener una relación más distante que la previa a sus
amoríos.
Después le dijo que en el primer
correo que le mandó a su padre, intentó explicarle lo pasado, se disculpó por
su comportamiento, le pidió que le perdonase y que volviera a casa si quería,
porque ella seguía enamorada de él. Él le dijo que el sentimiento era
recíproco, pero que pensaba que lo mejor era que cada cual siguiera su vida por
su lado, aunque sí que le gustaría que si alguna vez se encontraban, por
casualidad o por alguna otra razón, la relación fuera lo más amistosa posible.
Para terminar le dijo que como
suponía que tendría curiosidad por saber si habían vuelto a hacer el amor
juntos, pero seguramente no se atrevería a preguntárselo, le quería decir que
sí, de vez en cuando habían vuelto a hacer el amor juntos y que de hecho casi
se había vuelto una costumbre las pocas veces que se veían y que, en el fondo,
los dos procuraban preparar las cosas de modo que eso fuera posible sin que
nadie se enterara.
III El
cierre del círculo
Alicia pensaba que no era
razonable que ella no pudiera conocer la versión de su padre sobre la
separación, por lo que se las apañó para quedar un día con él para comer los
dos solos, avanzándole que quería tener una larga conversación, por lo que le
sugirió que fuera en casa de él y que aprovechara para hacerle uno de sus
arroces.
Toni aceptó encantado y empezó a
preguntarse cuál sería el motivo de la conversación. Como desde hacía un mes,
poco más o menos, su semblante había cambiado y estaba radiante a todas horas,
pensó que se había enamorado y que quizás le contaría algo respecto a su
pareja.
Decidió prepararle un arroz nuevo
para él. Había descubierto en internet una receta de un arroz típico de Nueva
Orleans, la Jambalaya. Le vino a la memoria la canción de ese mismo nombre que
se había hecho famosa en España con una letra que sólo coincidía con la
original en el nombre, y le picó la curiosidad saber cómo era en realidad la
comida que había inspirado esa canción.
Llegó a la conclusión de que era
un arroz conceptualmente parecido a la paella, porque era un arroz de campo
que se hacía con los ingredientes que había a mano. Las diferencias eran sin
embargo notorias en cuanto a los componentes, que lógicamente eran los que
estaban a mano para los agricultores de Nueva Orleans, también en cuanto al
tipo de recipiente para hacerla, una olla habitual, y por tanto más estrecha y
profunda que la paellera tradicional en España. Además se echaba más agua que
en la paella, aunque al final también era un arroz seco, motivo por el que el tiempo de
cocción aumentaba hasta los 30 minutos
y, por último, se le añadía bastante picante, cayena, pimienta y clavo.
Toni decidió hacer una prueba sin
poner picante, nunca usaba picante aunque lo tolerara en cantidades moderadas,
y limitando el agua y el tiempo de cocción para que el arroz quedara en el
mismo punto que a él le gustaba, Así que decidió dar una pequeña sorpresa a su
hija con un nuevo plato que nunca antes había probado.
Cuando Alicia llegó, el arroz
estaba casi a punto, sólo le faltaban cinco minutos de los diez que él le daba
siempre de reposo, y se sentaron a tomar una cerveza mientras tanto.
Toni le preguntó a su hija si
podía hacerle una pregunta para saber si había adivinado el motivo de la
conversación que tendrían y ella, riendo para sus adentros, le dijo que sí,
segura de que él no podía ni imaginarse el motivo.
- ¿Estás
enamorada, Alicia?
- ¿Por qué
lo piensas, Papá?
- Lo pienso
porque estás radiante, como nunca te había visto antes.
- ¿Tanto se
me nota? Pues sí, Papá, estoy muy enamorada.
- ¿Es ese
el motivo de nuestra conversación de hoy?
- No Papá,
no es ese. Pero dime una cosa ¿Has hablado con Mamá de ésto?
- No hija,
no he hablado con tu madre desde hace tiempo, así que si tú no se lo has dicho,
no creo que sepa que hoy comemos juntos ni tampoco el motivo.
- No me
refería a eso Papá, sino al hecho de que me has preguntado si estaba enamorada
prácticamente con las mismas palabras que me dijo Mamá.
- Será
porque tu madre y yo seguimos muy compenetrados, a pesar de que ya hace más de
cinco años que nos separamos.
- Bueno
Papá, basta ya de rollo, sirve el arroz que ya estará en su punto, y cuando te
parezca empezamos la conversación, que prácticamente será un monólogo por tu
parte, ya que lo que deseo que me cuentes es tu versión de los motivos por los
que hace cinco años dejaste de vivir con Mamá y conmigo.
- Alicia
–respondió Toni- ya sabes que creo que es mejor que tu tengas sólo la versión
de tu madre. Estoy seguro de que será una versión ajustada a la realidad y
ponderada, al margen de que tenga una parte, la que corresponde a sus
sentimientos, que yo no conozca bien. Por tanto, creo que lo mejor es que se lo
preguntes a ella. Yo creo que tú eres ya una mujer, que aunque estés todavía en plena edad del pavo eres bastante sensata y madura y que tu madre estará dispuesta
a contarte lo que pasó si se lo pides
- Papá, ya
se lo he pedido y, efectivamente, ella me lo ha contado. Pero creo que también
merezco que tú me cuentes tu versión.
- Alicia, te
propongo una cosa, tú me cuentas primero lo que sabes por tu madre y yo te
prometo que te complementaré aquello que no sepas, que seguro que es porque tu
madre tampoco lo sabe.
- ¿Tan
seguro estás de que Mamá me habrá contado lo que pasó de verdad?
- Sí, Alicia.
De eso estoy seguro.
Alicia le contó la versión de su
madre, y cuando terminó Toni le confirmó que en lo que él conocía era una
versión muy fiel, así que desde ese punto de vista él no tenía nada que añadir
ni mucho menos que corregir.
- Pero Papá
¿y tus sentimientos? Porque no me negarás que sobre eso Mamá no me ha dicho
casi nada.
- En eso
tienes razón, así que de eso sí que estoy dispuesto a responder a tus
preguntas. Empezaré por decirte que para mí fue una sorpresa inesperada
encontrarme a tu madre en la cama con otro hombre aquel día de Reyes.
Mientras iba a casa de tu tía para verte, darte el regalo de Reyes y despedirme de ti, fui pensando en la razón de que eso hubiera ocurrido y llegué a la conclusión de que sólo podía haber ocurrido porque tu madre estaba enamorada de aquél hombre, y como ella siempre había defendido que no se podía estar enamorada de dos hombres a la vez, eso significaba que ya no lo estaba de mí. Así que habían terminado 32 años de amor y yo tenía que empezar una nueva vida.
Claro que os seguía queriendo a las dos, cómo os sigo queriendo ahora, aunque a tu madre sea de una forma distinta. Por eso creo que es mejor vivir separados, sin peleas ni rencores y haciendo todo lo posible para que seáis felices.
Por razones que desconozco, el nuevo amor de tu madre duró muy poco. Quizás lo ocurrido aquel día de Reyes influyó, pero en el fondo aquel hombre no estaba enamorado de tu madre y por eso su relación no podía prosperar.
Durante estos años, algunas veces he empezado a salir con otras mujeres, pero hasta ahora no me he vuelto a enamorar, así que no tengo nada especial que contarte al respecto, y estoy contento de la relación que tengo contigo y también de la que tengo con tu madre, que por lo que me has dicho, ya conoces como es, porque ella te lo ha contado.
Y ahora, si tienes alguna pregunta, por favor házmela.
Mientras iba a casa de tu tía para verte, darte el regalo de Reyes y despedirme de ti, fui pensando en la razón de que eso hubiera ocurrido y llegué a la conclusión de que sólo podía haber ocurrido porque tu madre estaba enamorada de aquél hombre, y como ella siempre había defendido que no se podía estar enamorada de dos hombres a la vez, eso significaba que ya no lo estaba de mí. Así que habían terminado 32 años de amor y yo tenía que empezar una nueva vida.
Claro que os seguía queriendo a las dos, cómo os sigo queriendo ahora, aunque a tu madre sea de una forma distinta. Por eso creo que es mejor vivir separados, sin peleas ni rencores y haciendo todo lo posible para que seáis felices.
Por razones que desconozco, el nuevo amor de tu madre duró muy poco. Quizás lo ocurrido aquel día de Reyes influyó, pero en el fondo aquel hombre no estaba enamorado de tu madre y por eso su relación no podía prosperar.
Durante estos años, algunas veces he empezado a salir con otras mujeres, pero hasta ahora no me he vuelto a enamorar, así que no tengo nada especial que contarte al respecto, y estoy contento de la relación que tengo contigo y también de la que tengo con tu madre, que por lo que me has dicho, ya conoces como es, porque ella te lo ha contado.
Y ahora, si tienes alguna pregunta, por favor házmela.
- Papá
–contestó Alicia- ya me has contado tus sentimientos y quiero decir que yo
también estoy contenta de nuestra relación, aunque habría preferido que nunca
te hubieras marchado de casa. Por eso me pregunto si dado que ni Mamá ni tú tenéis otra
pareja y a todas luces os seguís queriendo, no sería mucho mejor que volvierais
a estar juntos, aunque fuera unos días, y de esta manera hacer posible que el
amor vuelva a surgir, si es que surge.
- Alicia –respondió Toni después de meditar unos momentos- no creo que sepas hasta qué
punto fue difícil para mí, y seguramente también para tu madre, adaptarme a
esta nueva situación. Ahora ya he vuelto a lograr un nuevo equilibrio y no
querría volver a ponerlo en riesgo. Pero como no te puedo negar nada, te dejo
que hables con tu madre de esa propuesta y si ella también lo quiere podríamos
pasar juntos la Semana Santa. Por mi parte sólo pondría una condición, evitar
que se entere la gente que nos conoce, por lo que si lo hacemos iremos a un
sitio en el que no sea fácil que nos podamos encontrar con nadie.
- Gracias
Papá, hablaré con Mamá de esto y si está de acuerdo pasaremos juntos esas
vacaciones. Por cierto, el arroz está bastante bien para variar de vez en
cuando, pero si quieres mi opinión sincera, prefiero tus paellas.
- Yo
también Alicia, pero también coincido contigo en que no está mal variar de vez
en cuando.
IV
Un sueño curioso
Toni se despertó y, aunque era poco frecuente en él,
recordaba un sueño que había tenido aquella noche, aunque sin necesidad de
haberse despertado mientras lo soñaba.
El sueño le pareció un tanto curioso. Él era uno de los protagonistas y la época de cuando él era un jovencito, seguramente cuando todavía no había cumplido los veinte.
La segunda protagonista era una chica a la que no conocía, pero todo en ella le resultaba familiar. Era rubita y tenía una sonrisa muy amplia y bonita, y hablaba con él como si se conocieran desde hacía mucho. Toni también hablaba con ella con gran confianza mientras remaba, porque estaban en una barca, los dos solos, en lo que parecía ser un río, en zona amplia y tranquila, o quizás una laguna.
Ella tomó la iniciativa en la conversación, y le dijo, con la mejor de sus sonrisas, que creía que ya iba siendo hora de que se sinceraran y se contaran sus sentimientos. Toni le respondió que le parecía bien, y que era todo oídos. Sin embargo ella no le contó sus sentimientos, argumentando que él era el chico y por tanto el que tenía que hablar primero, y que ella ya se había pasado, por ser la chica, al haber propuesto que lo hablaran.
Toni le dijo que, como seguramente se imaginaba, él estaba enamorado de ella prácticamente desde que se conocieron y que le gustaría mucho que ella también lo estuviera y que decidieran ser novios. Para su sorpresa, ella le respondió de una forma ambigua, eso sí sonriendo y con un tono cariñoso. Le dijo que ella no podía dar una respuesta tan clara y directa como él había hecho, y le empezó a preguntar sobre las chicas que le habían gustado antes, a lo que él respondió que hasta entonces sólo ella le había gustado.
Ya despierto, Toni se puso a pensar en quien podría ser la chica del sueño. Todo apuntaba a que debía ser Mamen, pero físicamente era bastante distinta. Las dos eran rubias y tenían una sonrisa estupenda, pero las sonrisas eran muy diferentes. Además la chica del sueño estaba más llenita, aunque sin llegar a estar gorda, claro que lo difícil sería igualar a Mamen en delgadez.
Empezó a darle vueltas, porque, en su conjunto, la persona con la que había soñado le resultaba muy familiar. Al poco tiempo se dio cuenta de que le recordaba a una actriz de la tele y algo más tarde ya se acordó de quien se trataba. Era una actriz que en una serie hacía el papel de una mujer mojigata, pero muy simpática y buena persona, que después de muchas dudas, había decidido que se haría novia del chico que le gustaba a ella y que hacía tiempo que le iba detrás. Pero la actriz tenía en la serie unos quince años más que Mamen en la época del sueño, y la chica del sueño era mucho más guapa que la actriz.
¿Por qué habría tenido aquel sueño cuando ya hacía varios años que Mamen y él se habían separado? ¿Por qué a la edad que tenían en el sueño le preguntó cuáles eran sus sentimientos y no aceptó que se hicieran novios, si en la realidad ya lo eran entonces?
V El
proyecto de vacaciones
A los dos días del sueño recibió
una llamada de Mamen. Le dijo que Alicia le había contado lo que habían hablado
ellos dos y que le gustaría que se vieran, a solas, para comentarlo. Toni le
dijo que le parecía bien y que le dijera cuando quería verle. Quedaron para
comer el sábado siguiente en casa de él.
Toni preparó una comida sencilla,
porque no sabía qué pensaría Mamen de la propuesta de su hija y no quería que
se sintiera incómoda si no quería que fueran juntos de vacaciones.
El sábado, sobre las doce, Mamen
llamó a la puerta. Cuando entró a Toni le pareció que la sonrisa presagiaba un
encuentro amable y le preguntó si quería ver la casa, ya que era la primera vez
que había ido allí.
- Sí, Toni. me gustará verla, más que nada para
comprobar si la idea que tengo de tu casa, por las explicaciones de Alicia, se
ajusta a la realidad o no.
Veo que
Alicia me la había descrito tal cual es, y me alegro de que así sea, porque no
hay duda de que has conseguido que ella se encuentre muy a gusto aquí.
- ¿Puedo ofrecerte algo?
- De momento no, gracias.Es demasiado pronto
para el aperitivo y si te parece podemos hablar de la propuesta de Alicia.
- Me parece muy bien Mamen. ¿Quién empieza a
decir su opinión?
- Como Alicia ya me ha contado lo que le dijiste,
creo que es mejor que yo te diga lo que pienso. Como te pasó a ti, para mí fue
una enorme sorpresa escuchar su propuesta y mi primera reacción fue como la
tuya. Nunca se me habría ocurrido nada parecido, pero tampoco quiero decirle
que no a Alicia. Han sido demasiados años los que ella ha tenido que aceptar
nuestra separación sin saber lo que había pasado y yo preferiría que ella nos
pueda ver alguna vez juntos y compruebe que puede hacerlo sin tensiones.
También
me parece bien que sea la Semana Santa; es más larga que un puente pero tampoco
tanto como para que a alguno de nosotros le resulte pesado; y también me parece
prudente que vayamos a un sitio en el que no sea fácil que nos podamos
encontrar con nadie.
- Puesto que estamos de acuerdo en todo lo
fundamental, sólo falta decidir el sitio y las fechas concretas.
- Toni, creo que lo mejor sería ir a una casa
rural, pero que no quede lejos del mar y que tenga algunos lugares que visitar.
¿Te parece bien?
- Me parece perfecto. En cuanto a las fechas yo
no tendré problemas en cogerme también algún día por detrás o por delante, y
así quizás podremos evitarnos embotellamientos. ¿Te importa organizarlo tú?
- Hablaré con Alicia y entre las dos elegiremos
el lugar y las fechas. pero si vamos en coche iremos en el tuyo ¿vale?
- De acuerdo, ya me dirás lo que decidáis y, por
supuesto, los gastos corren de mi cuenta.
- Gracias por la oferta, pero de eso ya
hablaremos cuando esté todo más claro. ¿Ahora qué hacemos? no hemos tardado ni
un cuarto de hora en ponernos de acuerdo.
- No te quejarás, para mí eso es muy bueno. Si
te apetece, salimos a dar un paseo y nos tomamos una cerveza. Aunque estemos a
finales de febrero hace buen día y será agradable pasear.
- Prefiero no hacerlo. Por aquí lo más probable
es que nos encontremos con alguien conocido y no me gustaría nada empezar a
recibir llamadas preguntándome por qué paseaba contigo a solas.
- Pues entonces, seguimos charlando aquí y
cuando te apetezca, tomamos la cerveza y picamos alguna cosa.
El tema de conversación fue el
enamoramiento de Alicia. Los dos estaban contentos de verla tan feliz y
esperaban que durara mucho la experiencia. Fue inevitable que recordaran la
suya propia y los dos coincidieron en que habían tenido mucha suerte de
enamorarse de niños.
Después de la charla, se pusieron a comer y siguieron hablando del pasado. Al terminar, antes de tomar el café, recogieron la mesa y la cocina y después de un rato de sobremesa Mamen hizo ademán de irse a casa.
- Mamen, ha sido un placer tenerte en casa, no
solo por lo fácil que ha resultado ponernos de acuerdo sobre la propuesta de
nuestra hija, sino también por todo el resto del tiempo que hemos pasado
juntos. ¿Te puedo preguntar si te apetece que nos echemos la siesta juntos?
- Ya lo has hecho, y me imagino que sabes la
respuesta -contestó Mamen mientras dejaba el bolso y le cogía la mano
dirigiéndose al dormitorio-.
VI De
nuevo juntos en vacaciones
Mamen y Alicia se habían decidido
por un apartamento cerca de la costa Brava y, en cuanto a las fechas, habían
optado por salir el Viernes de Dolores por la mañana y volver el Sábado Santo.
Mamen había acordado con Toni que
tantearía a Alicia respecto a si ellos dos debían dormir en habitaciones separadas
o no, pero no le dijo nada ni antes del viaje ni durante el mismo. En una de
las paradas que hicieron, aprovechando que Alicia estaba separada de ellos Toni
se lo preguntó y ella le dijo que ya se enteraría cuando llegaran, porque era
lo que Alicia le había pedido.
Llegaron al apartamento a media
tarde. No tendrían ningún problema para aparcar y no muy lejos había un
restaurante con cafetería en el que podrían tomar algo cuando no quisieran
tener que prepararlo.
Una vez dentro, comprobaron que
las tres habitaciones eran realmente dobles y Alicia se puso en su papel de
organizadora:
- Tú, Papá, te vas a esa habitación -le dijo
señalando la que era más grande, con baño incorporado y terraza- Yo me voy a la
que está al fondo y tú, Mamá, cada noche dormirás en la que te apetezca, que
puede ser siempre la misma o variar las veces que quieras. Y ya sabes que
prefiero que duermas conmigo a que lo hagas sola -terminó, con una sonrisa
pícara-
Toni, obediente, llevó sus cosas
a la habitación que su hija le había asignado y Mamen, después de guiñar el ojo
a su hija con una sonrisa no muy diferente, llevó las suyas a la misma
habitación. Una vez dentro y cuando Alicia se había metido también en la
habitación que había elegido, cerró la puerta y le preguntó a Toni si le
parecía bien. Éste, por toda respuesta la abrazó mientras le daba un beso muy
cariñoso.
Pasaron las vacaciones visitando
los lugares y las playas más o menos cercanos. Desayunaban y cenaban en el apartamento
y comían en algún sitio que les atrajera del lugar en que estuvieran a
mediodía. Mamen durmió todas las noches con Toni y Alicia, todas las mañanas,
se levantaba la primera con la excusa de preparar el desayuno, aunque en
realidad lo que quería era ver con qué cara se levantaban sus padres. Lo malo
era que cómo tenían el baño en la habitación, cuando salían, siempre su madre
primero y su padre al cabo de un rato, ya hacía mucho que estaban despiertos y
ella no podía observar lo que le interesaba.
El Sábado Santo regresaron sin
apenas tráfico, como estaba previsto, y Toni las dejó en su casa. Una vez ya
solas Alicia le dijo a su madre:
- Jo Mamá, por una parte no quería que se
acabaran estas vacaciones, pero por otra sí, porque tenía ganas de preguntarte
cómo ha ido. Ya sé que me dirás que bien, porque eso lo he notado, pero quiero
que me cuentes cómo de bien y todo lo que ha pasado entre vosotros ¿os habéis
vuelto a enamorar?
- Alicia, si no tienes plan, tenemos mucho rato
para hablar de todo lo que quieras. Yo lo he pasado muy bien en todos los
sentidos. Ha sido estupendo estar los tres juntos todo el rato y, la verdad es
que te lo debíamos. También me ha resultado muy fácil la convivencia con tu
padre, pero no hemos hablado nada del futuro. Ahora hay que esperar para ver
cómo asimilamos cada uno de nosotros esta experiencia y después será el momento
de plantearnos si queremos cambiar algo o seguir igual.
- Pero Mamá ¿y del amor qué me dices?¿ha vuelto?
- Alicia, tú ya sabes que siempre ha seguido
habiendo un gran afecto entre tu padre y yo, y eso sigue igual. La novedad es que
hemos comprobado que podemos pasar los tres una semana juntos y disfrutarla
plenamente y eso es lo más importante para ti, para mí, y creo que también para
tu padre.
- Mamá ¿no me vas a decir nada más?
- No te preocupes, porque te contaré todo lo que
quieras. Ahora ayúdame a preparar la cena y seguimos hablando.
Al día siguiente, cómo habían quedado
previamente, Mamen fue por segunda vez a casa de Toni.
Comentaron cómo habían pasado la
semana de vacaciones y también cómo lo había vivido Alicia. Mamen estaba algo
preocupada porque Alicia todavía esperaba que ellos dos volvieran a vivir
juntos. No comprendía por qué razón si se llevaban tan bien, si se tenían tanto
afecto, si podían dormir juntos todas las noches y si ninguno de los dos había
vuelto a tener otra pareja, seguían empeñados en vivir separados.
Toni le dijo a Mamen que una vez
más tendrían que esperar a que su hija se acostumbrara a esta situación que para
ella resultaba tan extraña.
- Mamen, creo que es cuestión de tiempo. Alicia
terminará por entenderlo pero, mientras tanto, tendremos que estar atentos para
que no sufra y me parece que sería bueno, cuando ella lo pida, que repitamos
experiencias similares.
- ¿Y si lo pide para las vacaciones de verano?
- Lo hablaremos, pero por mi parte no quedará,
incluso si el periodo fuera a ser de más de una semana.
- ¿Estás dispuesto a ese sacrificio?
- Mamen, para mí no será ningún sacrificio. ¿Me
has notado que no estuviera a gusto en algún momento durante esta semana?
- No, no lo he notado. ¿Y si no lo pide?
- Si no lo pide Alicia, porque tenga otros planes
y se vaya de vacaciones sin ti, y si a ti te apetece, también estaré encantado
de pasar las vacaciones contigo.
- A mí también me encantará, Toni ¿Quién sabe si
al final Alicia se saldrá con la suya?
- ¿Quién sabe? El tiempo lo dirá.
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