martes, 5 de mayo de 2015

Sueño de reencuentros (relato de Javier Alcaide)



Sueño de reencuentros es otro relato de la serie dedicada a los distintos tipos de amistad, de amor y de desamores.



Sueño de reencuentros

Esos días Tomás estaba solo. Aunque ya estaba jubilado, había viajado por un trabajillo que le había salido para unas semanas en Madrid y, a su vuelta a Málaga, Paqui, su mujer, se quedó allí, como tantas otras veces, para estar cerca de sus hijos que, ya independientes, habían encontrado trabajo en la capital.

En los últimos meses había estado bastante ocupado con asuntos de trabajo y familiares, por lo que siempre estaba atareado. Sólo cuando se acercaba la hora de dormir, dedicaba un rato a pensar en sus cosas, y aquella noche pensó en su amiga Carolina.

Pronto haría cuarenta años desde que se vieron por última vez y, después de eso, un fugaz contacto a través de Internet: una solicitud de contacto que le hizo Tomás a través de Facebook a la que Carolina respondió incluyéndole como amigo, un mensaje de Tomás agradeciéndola su aceptación y sugiriendo que volvieran a su antigua costumbre de escribirse, aunque esta vez a través del correo electrónico; una nueva respuesta rápida, extensa y amable, contándole algunas cosas de su vida, pero diciendo al final que no deseaba continuar los contactos, a pesar de los buenos recuerdos de su relación, y la respuesta final de Tomás, dándole las gracias por la suya, contándole también algunas cosas de su vida y dejando la puerta muy abierta para posteriores contactos, si alguna vez ella cambiaba de idea.

Varios años después, Tomás seguía esperando que su amiga se decidiera a dar noticias, sin mucha esperanza pero manteniendo el deseo, porque para él Carolina seguía siendo la mejor amiga que había tenido en su vida.


Sólo recordaba una ocasión en la que hubiera soñado con ella, aunque estaba seguro de haberlo hecho en multitud de veces, y el recuerdo era de nuevo el de una despedida definitiva, también amable y cariñosa, pero que no dejaba lugar a dudas de que, para ella, su relación era un capítulo de la vida totalmente cerrado desde hacía ya cuatro décadas. Las últimas palabras de Carolina fueron: "Tomás, por favor...." y después su imagen desapareció del sueño dejando un pequeño rastro de vapor, como en los tebeos.

Aquella noche, al meterse en la cama y acomodarse para dormir lo más a gusto posible, Tomás pensó que le gustaría soñar con ella y mentalmente le pidió que apareciera en sus sueños. A la mañana siguiente, al despertar, se acordaba de haber soñado con Carolina, pero sin haberse despertado mientras el sueño transcurría. Tenía la sensación de que había sido un sueño largo y muy agradable, aunque al final se produjo una escena que, ya despierto, para él carecía de sentido, nada raro por otra parte en los pocos sueños que él podía recordar, lo que cuando ocurría era casi siempre porque algún ruido extraño le despertaba mientras los tenía.

La mayor parte del sueño, o de lo que Tomás recordaba de él, fue el deseado reencuentro entre los dos. Ella tenía un aspecto juvenil, no de los veinte años de edad de sus últimos encuentros, sino más bien de la treintena. Estaba muy guapa, como siempre, pero a pesar de que Tomás, durante el sueño, siempre la reconoció como Carolina, una vez despierto no estaba nada seguro de que la cara de la chica del sueño fuera la de su amiga. Tomás, por el contrario, tenía en el sueño su aspecto actual de sesentón, aunque esa diferencia de edad en realidad del sueño, tal como lo recordaba, no supuso ningún problema en la conversación.


El reencuentro se produjo como a Tomás le gustaría que se hubiera dado en la realidad: ambiente afectuoso y de confianza, como si no hubiera pasado el tiempo, y las caricias normales de dos amigos, muy amigos, que fueron pareja pero que hace mucho tiempo que no se ven. Tomás no recordaba nada de los temas de conversación, aunque se imaginaba que se habrían contado la vida de cada uno. Lo que si le quedó fue la sensación de que habían decidido seguir en contacto en adelante, como él deseaba desde siempre.

En la última escena del sueño, la que para él carecía de sentido, la mujer que le acompañaba ya no era Carolina, sino que era Alicia, otra amiga de la adolescencia que a él le había gustado mucho, aunque nunca hubieran sido pareja. Alicia estaba con un aspecto mucho más joven, diecisiete o dieciocho años, pero su conversación parecía la continuación de la anterior con Carolina.

Sin embargo, para el Tomás ya despierto, el sentimiento que predominaba era el de la felicidad por el rato extraordinario que había pasado con Carolina en ese sueño, sueño que tardaría mucho tiempo en olvidar.

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