miércoles, 6 de mayo de 2015

El mal amigo (relato de Javier Alcaide)


El mal amigo es otro relato de la serie dedicada a los distintos tipos de amistad, de amor y de desamores.



El mal amigo

Paco llegó a casa después de haber vuelto a ver a muchos compañeros de la facultad con motivo de la cena de las bodas de plata de su promoción. Había habido de todo, como era de esperar, el reconocimiento fácil con los que seguía manteniendo la amistad y con los que veía de tanto en tanto por motivos de trabajo; también fue sencillo con otros a los que reconoció al instante, a pesar de que los veinticinco años pasados ya se notaban en el aspecto y, por descontado, hubo un montón a los que no reconocía, en unos casos porque realmente no había tenido mucha relación con ellos en la época de la facultad y, en otros, porque el cambio del aspecto físico había sido muy acusado. Suerte que a los organizadores se les había ocurrido preparar un cartelito para cada uno con el nombre y los apellidos en letra muy grande, lo que le había evitado tener que pedir continuamente disculpas a sus interlocutores, por no recordar de quien se trataba.

La cena había sido muy agradable, pero también había tenido un encuentro en ella que no podía calificar de agradable ni de desagradable. Quizás el mejor adjetivo era de indiferente, aunque sólo se lo podía aplicar al hecho de que realmente le era indiferente que el encuentro hubiera ocurrido porque, ya en casa, empezó a recordar lo sucedido más de dos décadas antes.

Cuando estaba en segundo curso, coincidieron dos procesos de relación para él muy importantes: poco a poco se fue enamorando de Celia, la chica con la que siempre iba durante los veranos y las semanas santas mientras estaba en la playa y, a la vez y sin que tuvieran ninguna relación, se fue afianzando su amistad con Jotaele, compañero de curso desde el año anterior.

Un par de años después, Jotaele formó pareja con Mariluz y los cuatro empezaron a coincidir, muy de vez en cuando ya que Celia vivía en Valencia y el resto en Madrid. Pero Celia y Mariluz se hicieron también muy amigas, lo que hacía que los encuentros a cuatro fueran cada vez más frecuentes y siempre muy agradables. En ocasiones fueron a seis o a ocho, porque se juntaban otras parejas, también de la facultad, en las que uno de los dos también era del mismo curso.

Al terminar la carrera Mariluz y Jotaele se casaron muy rápido, porque los dos encontraron trabajo en seguida y Mariluz no estaba a gusto en casa de sus padres. Celia y Paco todavía no habían decidido nada al respecto, porque a Celia le faltaban dos cursos para terminar su carrera, al margen de que ellos pensaban que era mejor esperar unos años antes de formar una familia.

Un año después, Paco seguía viendo relativamente poco a Celia, porque su trabajo tenía un horario excesivamente extenso. Trabajaba en una consultora y eso le suponía jornadas semanales que casi siempre superaban las sesenta horas de trabajo efectivo, incluyendo las mañanas de casi todos los sábados. De todas formas Celia iba a verle a Madrid no pocos fines de semana y seguían juntándose en la playa siempre que Paco disponía al menos de un par de noches seguidas libres.

En una ocasión, Jotaele llamó a Paco un viernes por la tarde y le dijo que Mariluz y él habían pensado en ir a la playa para dar una sorpresa a Celia aquel fin de semana. Celia le había comentado a Mariluz que aquel fin de semana iría a la playa y se les había ocurrido que ellos tres también podrían ir y presentarse en su casa. Paco pensó que no sería un problema, ya que siempre podrían dormir en el apartamento de sus padres, y a él siempre le apetecía estar con su novia, aunque fuera sólo durante unas horas. Llamó a su madre, le preguntó si podía ir al apartamento y cuando ella le dijo que claro que podía ir, vaya tontería que le preguntaba, volvió a llamar a Jotaele y quedaron en que saldrían en cuanto el pudiera irse de la oficina.

Sobre las seis de la tarde del sábado llegaron a la playa y, cuando se estaban acercando a la casa de Celia, Mariluz le advirtió que le parecía que aquella muchacha que se veía a lo lejos podía ser Celia. Al acercarse un poco más él comprobó que en efecto era su novia la que estaba allí y se paró al llegar junto a ella, dio un pequeño toque de bocina para llamar su atención y ella se acercó a saludarles. No le pareció a Paco que estuviera muy sorprendida, pero pensó que quizás ella también había reconocido el coche desde lejos.

Celia y Mariluz organizaron el plan del resto del sábado y del domingo y Paco notó que su novia se mostraba un tanto distante con él. En un momento en que los dos estaban solos en el comedor, mientras Mariluz y Jotaele preparaban algo de cena en la cocina, intentó darle un beso y ella lo evitó. Ante su sorpresa, ella le dijo que luego hablarían los dos, que tenía cosas que decirle, y que aquella noche cada unos de los dos dormiría en su casa.

Después de la cena, en la que Paco pensó que el único que estaba triste era él, la otra pareja dijo que se iban a su habitación y Paco pensó que seguramente era para que ellos se quedaran a solas. Celia le pidió que la acompañara a su apartamento y que allí hablarían y Paco se sintió cada vez más intrigado por lo que estaba pasando; comprobó que llevaba las llaves del coche y de su casa y se dispuso a acompañarla.

Una vez en el apartamento de Celia se sentaron, pero no los dos en el sofá, como solían hacer, sino que ella se sentó en un sillón, con lo que le mostró de nuevo que deseaba guardar una cierta distancia. Alguna vez había hecho lo mismo después de alguna discusión, pero él no era consciente de que hubieran tenido ninguna en los últimos meses, en los que se habían visto muy poco por culpa de su exceso de trabajo.
-  Celia ¿me puedes decir que está pasando? ¿te ha molestado que hayamos venido sin avisarte?
-  No, Paco, no es eso. Lo que ocurre es algo mucho más serio. Lo he pensado mucho y creo que ha llegado el momento de dejar nuestra relación. Nunca me lo hubiera imaginado porque siempre te he considerado un excelente amigo, el mejor que he tenido en mi vida, cuando todavía no éramos pareja, y el hombre que me gustaría para padre de mis hijos, cuando me di cuenta de que los dos estábamos enamorados.
- Celia, si eso es lo que sientes, ¿por qué quieres ahora que nos separemos?
-  Cuando te veo la cara con la que me lo dices, me da pena. Parece como si no supieras los motivos que tengo, pero estoy segura de que los conoces, y eso me confirma aún más que mi decisión es la acertada. No quiero echarte nada en cara, ni tampoco quiero que nuestra relación termine de una forma desagradable. Por eso, simplemente te digo que no quiero seguir contigo y te pido que no me hagas más preguntas. Mañana estaremos juntos por última vez. Yo no les diré nada ni a Mariluz ni a su marido de nuestra ruptura, y preferiría que tú tampoco se lo digas al menos mientras yo esté con vosotros. En realidad preferiría que se lo digas cuando tú quieras, pero una vez que estéis de vuelta o ya hayáis llegado.
-  Celia, la verdad no sé qué decirte, porque estoy absolutamente sorprendido. Espero que al menos me permitas decirte que me gustaría que te lo pienses el tiempo que quieras y que una vez que lo hayas hecho me lo digas. Por descontado aceptaré tu decisión, que espero que no sea tan drástica como la que me has dicho, y quiero que sepas que, sea cual sea, siempre estarás en mi corazón, porque eres la mujer a la que más he querido en mi vida.
-  Paco, una última cosa te quiero pedir. No me preguntes por qué, pero querría que te quedaras a dormir aquí, en la misma habitación que yo, pero en la que tiene las camas separadas. Espero que así entiendas un poco mejor las cosas.
-  Como tú quieras Celia, pero sigo sin entender nada.
-  Lo siento Paco, pero ya va siendo hora de que madures.

Efectivamente, durmieron en camas separadas y Paco pudo comprobar, durante las dos o tres horas que tardó en dormirse, que Celia dormía plácidamente. A la mañana siguiente se juntaron con sus amigos para desayunar y pasar el resto de la mañana juntos. Después de comer se despidieron y a Paco le seguía sorprendiendo la actitud de los otros tres.

Durante el viaje de vuelta, los comentarios de Jotaele y de Mariluz le parecían surrealistas. Lo bien que lo habían pasado los cuatro juntos y lo bueno que sería repetirlo más a menudo. Paco intentó varias veces cambiar de tema de conversación, con poco éxito, y al final decidió seguir conduciendo sin hacer comentarios.

Al cabo de un par de semanas recibió un correo de Celia en el que le pedía que definitivamente diera su relación por terminada. Ella quería pasar página y preferiría no saber nada más de él. De hecho había decidido cambiar su cuenta de correo y su número de móvil y esperaba que cuando él fuera a la playa, procurara evitar que se encontraran.

El tiempo fue pasando y al cabo de unos pocos años su relación con Jotaele terminó también de una forma bastante brusca. Jotaele le presionó para que consiguiera que su empresa adjudicara un contrato a la oferta que él presentaría y le ofreció el 3% del precio de adjudicación si la ganaba. Paco le dijo que no haría nada para conseguirlo, que hiciera una buena oferta y que si la ganaba se alegraría por él pero que, por descontado, no cogería ni un céntimo. Jotaele presentó la oferta, que resultó ser casi un 35% más cara que la que ganó. Después de saber el resultado invitó a Paco a tomar un café simplemente para decirle que ya no eran amigos, y ya no le volvió a ver hasta la cena de los 25 años.

Supo, por otros compañeros de la facultad, que se había separado de Mariluz cuatro o cinco años después de su ruptura con Celia. Para entonces ya tenían dos hijos y el menor no había cumplido todavía un año y, según le dijeron, el motivo había sido una serie continuada de infidelidades. Con el tiempo fue conociendo más detalles de su comportamiento, tanto en los aspectos profesionales como en los de relación con algunos amigos comunes y llegó a la conclusión de que en realidad Jotaele nunca había sentido amistad por nadie.

La mayor sorpresa la tuvo un par de años antes de la cena de los 25 años de la promoción. El seguía yendo, aunque muy de vez en cuando, al apartamento de la playa que sus padres seguían teniendo. Una tarde, mientras tomaba una cerveza en un chiringuito, se le acercó una mujer que enseguida reconoció. Era Celia, que iba sola, y le pidió permiso para sentarse con él. Se levantó para darle un par de besos, mientras ella sonreía porque notó la alegría de Paco por el reencuentro y, después de los habituales besos en la mejilla, le dio un abrazo para mostrarle su afecto.

Pidió también una cerveza y tras contarse brevemente su vida en las dos últimas décadas, Celia le dijo que hacía tiempo que esperaba la oportunidad de poder hablar con él.
-  Paco, no sabes las ganas que tenía de hablar contigo. El motivo no es otro que darte la explicación que te negué cuando te dije que no quería volver a verte. Espero que después de lo que te voy a contar, todavía sigas teniendo ganas de hablar conmigo, pero ahora déjame que te explique lo que ocurrió entonces.
Como seguramente recordarás, durante los últimos meses de nuestra pareja nos vimos poco, por exceso de trabajo según me decías. Pero yo tenía otra fuente que me decía lo contrario. Esta fuente era Jotaele que siempre que iba por trabajo a Valencia me llamaba para que comiéramos o cenáramos juntos. En una ocasión me hizo una propuesta que me dejó descolocada: me dijo que vosotros tres, Mariluz, él y tú, teníais ganas de hacer un intercambio de parejas, pero que para aseguraros de que todo fuera bien habíais pensado que lo mejor era primero probar de dos en dos, que Mariluz y tú ya lo habíais hecho con buen resultado y que ahora a él le gustaría que nosotros dos pasáramos juntos la noche, para ver si también nos entendíamos bien en la cama.
Yo le dije que no, que no entraba en mis intenciones hacer ningún intercambio de parejas ni tampoco pasar con él ninguna noche y él se mostró muy sorprendido porque, según dijo, tú le habías dicho que ya lo habíamos hablado. Me pidió que no dijera nada a nadie de esa conversación y que lo dejara de su cuenta, que él se encargaba de que nunca volviera a oír hablar de ese proyecto. Cuando nos despedimos me dijo que si alguna vez cambiaba de idea, se lo dijera, porque yo le gustaba mucho y yo me quedé más que preocupada.
Fui una tonta, porque no lo hablé contigo ni tampoco con Mariluz. Me sorprendió un poco que al cabo de unas semanas Mariluz me llamara para proponerme que los cuatro nos viéramos en la playa. Se suponía que sería una sorpresa para ti, pero a mí me resultó un tanto extraño y me temí que fuera una encerrona para forzarme a aceptar el intercambio. Decidí que eso no pasaría más, y pensé que lo mejor era cortar por lo sano. Dejaría de salir contigo y me encargaría de pasar la noche en un apartamento diferente del que ocuparan ellos dos.
Me sorprendió tu actitud, porque aparentemente no te enterabas de nada, y pensé que me habías estado engañando todo el tiempo. Me comporté como ya sabes, y rompí la relación contigo sin darte ninguna explicación.
Unos meses después recibí una llamada de Mariluz, y me di cuenta de que ella no sabía que ya no estábamos juntos, pero tampoco quise comentar ningún detalle con ella. Para mí lo peor ya había pasado, aunque seguía convencida de tu mal comportamiento.
Muchos años después, volví a tener noticias de ella. Me dijo que estaban separados y que era la mejor decisión que ella pudo tomar, porque Jotaele le había decepcionado totalmente desde todos los puntos de vista. Me preguntó por ti, y le dije que no sabía nada desde que pasamos juntos aquel mini fin de semana. Se sorprendió mucho de que hubiéramos terminado entonces y me dijo que le gustaría que las dos nos viéramos una tarde para comentar nuestras vidas. Estuve a punto de decirle que no, que para mí aquello era una página de mi vida ya cerrada, pero al final acepté, porque tuve la impresión de que Mariluz necesitaba alguien a quien contarle sus problemas.
Me sorprendí un montón cuando me contó lo ocurrido y me aseguró que nunca habíais hablado de intercambio de parejas, ni os habíais ido tú y ella a la cama con o sin conocimiento de Jotaele. Me contó la sarta de infidelidades de que ella había sido objeto y yo al final le conté los motivos que tuve para dejarte.
Tras esta conversación con Mariluz, llegué a la conclusión de que había sido muy injusta contigo y pensé que sería bueno tener la oportunidad de contártelo todo y pedirte disculpas. Desde entonces, siempre que vengo procuro pasar por los sitios donde creo que tú puedas estar con la esperanza de verte y hoy, por fin, te he encontrado y te he podido meter este rollo que no sé cómo te tomarás.
-  ¡Vaya sorpresa que me has dado, Celia! La verdad es que no se qué decirte, porque todavía no salgo de mi asombro.
-  Paco, ¿podrás perdonarme?
-  Por eso no te preocupes, Celia. Me sorprende que no fuéramos capaces de aclarar las cosas, pero pasó lo que pasó y cada uno hemos seguido nuestra vida. Ahora, lo único que nos queda es decidir lo que haremos en adelante ¿no crees?
-  Tienes razón ¿Me dejas que te haga una pregunta?
-  Sí, claro. Dispara cuando quieras.
-  ¿Recuerdas lo último que me dijiste aquel domingo?
-  Creo que te pedí que te pensaras lo de la ruptura y que añadí que, al margen de tu decisión, yo te seguiría queriendo.
-  Veo que te acuerdas bien. Y ahora ¿qué piensas de mí?
-  Nada especial. Te agradezco que me hayas contado lo ocurrido, porque nunca entendí lo que pasó y ahora sé que nunca me lo podría haber imaginado. Han pasado muchos años y cada uno de nosotros ha tomado un camino diferente en la vida. Tu tenacidad ha logrado que nos hayamos vuelto a ver y tu sinceridad me ha permitido conocer las razones de lo que ocurrió. Pero para dar una opinión de ti, tal y como eres ahora, necesito bastantes más elementos de juicio.
-  ¿Querrás que nos sigamos viendo de vez en cuando?
-  Sí, claro. Me gustará saber más cosas de cómo te ha ido la vida y como has evolucionado, así que para mí será un placer verte de vez en cuando.

A partir de entonces se veían en la playa cuando coincidían y pasaban un rato a gusto charlando de todo un poco. En pocas palabras, seguían siendo amigos. Jotaele había conseguido que desapareciera su amor, pero no que acabaran enemistados, y a Celia y a Paco, a esas alturas de la vida, Jotaele les importaba un rábano.

No hay comentarios: