La
Balanza de Pagos es otro de los indicadores que tradicionalmente suponía un
freno al crecimiento de la actividad. El mecanismo que se venía usando para
evitar periodos largos de bajo crecimiento por este motivo era el siguiente:
Cuando la balanza de pagos llevaba a una situación de escasez de divisas para
pagar las importaciones, se recurría a la devaluación de la moneda, que
provocaba de forma inmediata la reducción de los precios de nuestros bienes y
servicios y el aumento de los precios de los bienes y servicios que
importábamos, lo que permitía un aumento de la competitividad de nuestros
productos tanto en el interior como en el exterior del que se derivaba un
aumento de la actividad.
Esta
medida suponía un aumento de la inflación derivado del aumento de precios de
las importaciones y, en consecuencia, una reducción de los salarios reales sin
que la gente lo notara. Además, este incremento adicional de la inflación
suponía un aumento de los ingresos fiscales con lo que todo parecían ventajas
para los gobernantes, pero en la realidad, antes o después aparecía el problema
de que la mayor inflación iba deteriorando poco a poco la competitividad de
nuestros productos y se reducían las exportaciones y aumentaban las
importaciones, con lo que el déficit de la balanza comercial (que incluye los
bienes y servicios, pero no el turismo) aumentaba y cuando los saldos positivos
de la entrada/salida de capitales de una parte y del turismo y remesas que
enviaban los emigrantes de otra, no eran suficientes para compensarlo, se hacía
necesaria una nueva devaluación.
Desde
que estamos en el euro, los gobiernos no pueden recurrir a las devaluaciones y
los ajustes de la competitividad se tienen que realizar por la vía de los
costes de producción, que casi siempre se limitan a la reducción de los costes
salariales, aunque a veces haya inversiones en equipos más eficientes que
mejoran la competitividad
En
esta crisis, para facilitar la reducción de los salarios se ha llevado a cabo
la reforma laboral que, aunque era necesaria para eliminar algunos excesos que
se producían con la legislación de la época franquista, se ha llevado a
extremos exagerados de forma que las condiciones laborales son ahora en España
bastante peores que en los países de nuestro entorno tanto si el puesto de
trabajo está declarado como si no lo está (en cuyo caso las condiciones de
trabajo pueden ser cercanas a la esclavitud)
En
el momento en que el PIB ha empezado a crecer algo, apoyado sobre todo en el
aumento de las exportaciones y el descenso de las importaciones, la balanza
comercial se ha vuelto a deteriorar, lo que supone que la compensación del
déficit se tiene que realizar con el turismo (aumento de turistas que vienen y
descenso del turismo español hacia terceros países) o con la balanza de
capitales, que incluye tanto las inversiones en España de entidades terceros
países como la variación de la deuda exterior total.
El
hecho de estar en la Unión Monetaria, que es sumamente positiva para nuestra
economía, hace que algunas partes de la balanza de pagos quede difuminada, en
particular todas las transacciones que se hacen en la UE sin que las dos partes
sean empresas o autónomos, de la misma manera que la mayoría del turismo que
proviene de la UE. Si además las relaciones están dentro de la zona euro, es
todavía más difícil hacer una estimación ya que los pagos hechos en efectivo o
con tarjeta de crédito quedan fuera del alcance de los que elaboran la
estadística correspondiente que, en consecuencia tiene que recurrir a
estimaciones para lograr una aproximación más o menos razonable.
La
balanza de capitales, por su parte, está aportando una cantidad muy pequeña de
entrada neta, motivo por el que es previsible que se prolongue varios años más
el estancamiento de los salarios, si no es que se vuelve a una nueva reducción
de los mismos.
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