Desde hace varios años venimos asistiendo a un proceso, lento pero implacable, de privatización de los servicios que la Comunidad de Madrid presta para la atención pública en sanidad.
El
objetivo, obvio aunque no declarado, es el traspaso de una cantidad creciente
de renta hacia quienes realizan los servicios sanitarios (empresas y médicos de
élite) a costa de los usuarios del sistema y de los trabajadores sanitarios (incluida
la mayoría de los médicos, los que no forman parte del grupo que se beneficia
de la privatización) que están viendo reducidos sus salarios y empeoradas sus
condiciones de trabajo.
El
objetivo final es acercar la situación española a la de Estados Unidos. En
términos de poder adquisitivo equivalente (un "tipo de cambio" que no
es el de mercado, sino el que corrige las diferencias de precios existentes
entre los distintos países) en 2004 en Estados Unidos el gasto medio por persona
en atención sanitaria (pública más privada) era de unos 7000 dólares
equivalentes y en España era de unos 2500 dólares equivalentes. En el mismo año
la esperanza de vida al nacer era de 76 años en Estados Unidos y de 80 años en
España.
Por
tanto, el objetivo real de los que han ideado este sistema es el incremento
progresivo del gasto por persona en sanidad, empeorando simultáneamente la
calidad del servicio medio percibido, de forma que la vida media dejará de
crecer y comenzará a declinar. Todo ello compatible con una mejora tecnológica,
que sólo estará al alcance de las personas con mayor poder adquisitivo o con la
suficiente proximidad al poder político o sanitario para permitirles el acceso
a la medicina de máxima calidad, pero que quedará fuera del alcance de la
mayoría de la población
Las
vías que están empleando para conseguirlo, con intensidad creciente, son las
siguientes:
1) Privatización
creciente de servicios, con rentabilidad muy alta y garantizada para quienes
obtienen los contratos, bajo la apariencia (sólo coyuntural) de gratuidad para
los usuarios.
2) Desvío hacia la atención privada del máximo
número posible de usuarios, que se hará por tres vías:
- Reducción de la capacidad de prestación de
servicios de los centros que lo hacen dentro del sistema público.
- Consiguiente aumento del tiempo de espera para
los que opten por recibir el servicio en
las instalaciones públicas.
- Reducción del nivel de asistencia proporcionado
por el sistema público.
Con todo ello se maximizará el número de
personas que se decidan a recibir la atención en centros privados, pagando
ellos los costes correspondientes, casi siempre mediante la contratación de un
seguro privado, o simplemente aceptando que los servicios se les presten en
centros privados, pero pagados por el sistema público.
3) Reducción de los costes salariales del personal
sanitario,
mediante el aumento de las horas de trabajo y de la intensidad del mismo,
acompañado de la contratación por las empresas privadas de la mayoría de los
nuevos trabajadores, con condiciones aún peores que las nuevas de los
trabajadores públicos.
4) Restricción de la atención, especialmente aguda
para las personas que solo tengan acceso a la sanidad pública, cuando sean de
avanzada edad o padezcan procesos de elevado coste.
La
situación actual de crisis está dando la excusa perfecta para realizar los
recortes salariales y de condiciones de trabajo, y su esperanza está en la
inercia que sin duda habrá hasta que las estadísticas empiecen a mostrar el
cambio de tendencia en la vida media de la población, cuyo descenso futuro
habrá que explicar cuando el cambio de modelo ya se haya efectuado en su mayor
parte. También cuentan con la connivencia de los políticos que, por descontado,
tendrán asegurado un trato distinto para ellos y sus cercanos, y que además
verán con agrado que empiece a disminuir el tiempo medio de cobro de las
pensiones.
Su
único riesgo es que el número creciente de personas afectadas (directamente o a
través de sus seres cercanos) lleve a un cambio masivo del voto hacia partidos
que de verdad propongan un sistema público que sea universal y eficiente y además
esté bien gestionado.
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