Ya están disponibles los datos del Banco de España de la deuda española con el exterior a finales de 2010. Los datos deben calificarse, sin duda alguna, de evolución positiva, lo que no significa que no falte aún un largo periodo de digestión de los problemas en que nos habíamos metido desde 2002.
Son positivos porque por primera vez en lo que va de siglo, la deuda española con el exterior se ha reducido respecto a la de un año antes, aunque lo haya hecho tan sólo en el 1,35%, y eso significa que por primera vez en diez años se ha corregido uno de los principales desequilibrios macroeconómicos que están en la base de la intensidad de la crisis que padecemos.
La deuda externa total a largo plazo era, a finales de 2010, prácticamente idéntica a la de tres años antes, momento en el que se inició la crisis, lo que podría indicar que el sector financiero internacional hubiera puesto un tope en la cantidad de deuda a largo plazo que está dispuesto a aceptar que tenga nuestro país.
También es un dato muy positivo que la reducción se haya dado en el sector privado (descenso del 2,6%) y en el conjunto de las instituciones financieras (descenso del 1,1%) aunque las Administraciones Públicas hayan aumentado su deuda en el 0,6% (lo habían hecho en el 31,5% en 2009 y en el 14,8% en 2008)
Los problemas que quedan por resolver no son pocos, ya que España deberá continuar bastantes años con una tendencia a reducir su endeudamiento con el exterior, lo que significará necesariamente que mientras exista déficit público, podrá contar para la financiación de la economía sólo con una parte del ahorro interior, y esta escasez de financiación será un freno para el incremento de la capacidad productiva en procesos de mayor competitividad.
El Gobierno seguirá reduciendo el déficit público, pero si continúa haciéndolo en una buena parte con el aumento de la presión fiscal, hará más difícil la recuperación del consumo. Por este motivo es especialmente importante que Comunidades Autónomas y Ayuntamientos asuman que los ingresos fiscales de los años previos a la crisis no eran ingresos estables y que pasarán muchos años antes de que vuelvan a tenerlos, por lo que deben reducir su gasto (a ser posible con mejor gestión y con la reducción y eliminación de los gastos no imprescindibles.
El sector financiero tendrá que seguir saneando su exposición a los proyectos inmobiliarios tóxicos, por lo que también intentará aumentar las comisiones y los márgenes que cobra al sector privado.
Y el sector privado, único que no puede, en la mayoría de los casos, traspasar su déficit a terceros, seguirá ajustándose el cinturón para capear la crisis, a la espera de que pueda aumentar sus ingresos por la vía del aumento de las horas de trabajo.
Pero la senda de la corrección se ha iniciado, y si se continúa por ella, poco a poco se empezará a recuperar el empleo.




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