El BCE ha tomado una medida espectacular, la reducción de una sola vez del 0,75% en el tipo de interés básico de la zona euro, la reducción puntual más elevada de su todavía corta historia.
Esta medida tiene algunos puntos positivos y otros que no lo son tanto. Veamos los principales aspectos:
- La medida es tan intensa porque pretende aumentar la confianza de la sociedad europea en la economía. Es indudable que la recuperación de la confianza es una condición absolutamente necesaria para que la crisis no sea tan dura, pero también muchos pensarán que las perspectivas que tienen las autoridades monetarias de la Unión deben ser muy malas para hacer recomendable una medida tan drástica.
- Las empresas y los particulares pagarán mucho menos por los créditos que ya tienen. Esta es la parte más positiva de la medida para la mayoría de los ciudadanos, pero las noticias no son tan buenas como parecen porque, de una parte, los créditos nunca están referidos al tipo de interés básico de la zona euro sino, en la mayoría de los casos al Euribor, que es el tipo al que se prestan los bancos entre sí, y tomará un tiempo que la rebaja se traslade a este indicador y, de otra, porque los tipos de los créditos ya concedidos suelen modificarse cada año, a veces cada seis meses, y por lo tanto la rebaja tardará una media de seis meses adicionales en reflejarse en los pagos de las familias.
- La medida no afecta en absoluto a la disponibilidad de nuevos créditos. El sistema financiero internacional tiene varios problemas, pero uno de los más importantes (ya que los tipos están bajando en todo el mundo) es la falta de liquidez. Esta falta de liquidez es aún más acusada en España y el empeoramiento de las cuentas públicas hace que vaya a peor, por lo que no parece razonable pensar que vayan a disminuir las restricciones crediticias.
- Se va a generar una situación que no ocurría desde hace varias décadas en España. Con tipos nominales de interés muy bajos, aumentará la demanda de créditos, pero como los bancos y cajas no tendrán capacidad para dar todos los créditos que se les pidan, tendrán que usar algunos criterios para seleccionar las solicitudes a aprobar. Lógicamente empezarán por usar los criterios más objetivos (riesgo de impago más reducido y mayor rentabilidad de la operación para quien presta) y si esto no es suficiente pasarán a usar otros no tan objetivos (se volverá a la necesidad de contar con “recomendación”):
· La reducción del riesgo que llevará a la exigencia creciente de avales y garantías, que podrán llegar a ser desproporcionados.
· la mayor rentabilidad la obtendrán directamente por la exigencia de mayores diferenciales respecto al tipo de interés de referencia e indirectamente por la obligación que impondrán de contratar otros servicios con la entidad financiera (seguros de todo tipo, tarjetas de crédito, obligación de realizar con la entidad muchas de las operaciones y algunos otros que se inventarán) así como por la exigencia de mantener un depósito de baja remuneración en la misma entidad por un porcentaje relevante del crédito.
· la necesidad de recomendación estará muy ligada a la disposición de los adecuados contactos políticos o institucionales y, quizás, a la duración e intensidad de la relación previa con la institución financiera.
En conclusión, la medida es buena pero insuficiente, ya que no basta con reducir los precios sino que, además, debe aumentar la liquidez y esto requiere, entre otras cosas, el cambio profundo del sistema financiero internacional (que no parece ser una prioridad en la agenda de los que mandan)
Como siempre que se impone que un producto sea muy barato (en este caso el servicio crediticio) y la oferta existente de ese producto es incapaz de cubrir la demanda existente al precio fijado, el resultado es la generación de colas crecientes para obtener las escasas unidades existentes (si, como es el caso, el precio de venta impuesto permite obtener beneficios a quien vende el bien o presta el servicio) o la desaparición de la oferta si el precio no permitiera cubrir costes.
En España el aumento de la oferta de créditos para los particulares se encuentra con dos frenos muy importantes: el sistema financiero internacional no parece dispuesto a seguir prestando cada año los 100.000 millones de euros adicionales que el sector privado español viene demandando para seguir viviendo por encima de las posibilidades objetivas y el sector público se incorporará a los demandantes de crédito (con una situación de ventaja innegable) para cubrir el superávit que existía más el déficit en el que se incurra.
Por tanto, buena noticia para los que ya tienen concedidos los créditos y neutra para los que necesiten pedirlos en el futuro.
Esta medida tiene algunos puntos positivos y otros que no lo son tanto. Veamos los principales aspectos:
- La medida es tan intensa porque pretende aumentar la confianza de la sociedad europea en la economía. Es indudable que la recuperación de la confianza es una condición absolutamente necesaria para que la crisis no sea tan dura, pero también muchos pensarán que las perspectivas que tienen las autoridades monetarias de la Unión deben ser muy malas para hacer recomendable una medida tan drástica.
- Las empresas y los particulares pagarán mucho menos por los créditos que ya tienen. Esta es la parte más positiva de la medida para la mayoría de los ciudadanos, pero las noticias no son tan buenas como parecen porque, de una parte, los créditos nunca están referidos al tipo de interés básico de la zona euro sino, en la mayoría de los casos al Euribor, que es el tipo al que se prestan los bancos entre sí, y tomará un tiempo que la rebaja se traslade a este indicador y, de otra, porque los tipos de los créditos ya concedidos suelen modificarse cada año, a veces cada seis meses, y por lo tanto la rebaja tardará una media de seis meses adicionales en reflejarse en los pagos de las familias.
- La medida no afecta en absoluto a la disponibilidad de nuevos créditos. El sistema financiero internacional tiene varios problemas, pero uno de los más importantes (ya que los tipos están bajando en todo el mundo) es la falta de liquidez. Esta falta de liquidez es aún más acusada en España y el empeoramiento de las cuentas públicas hace que vaya a peor, por lo que no parece razonable pensar que vayan a disminuir las restricciones crediticias.
- Se va a generar una situación que no ocurría desde hace varias décadas en España. Con tipos nominales de interés muy bajos, aumentará la demanda de créditos, pero como los bancos y cajas no tendrán capacidad para dar todos los créditos que se les pidan, tendrán que usar algunos criterios para seleccionar las solicitudes a aprobar. Lógicamente empezarán por usar los criterios más objetivos (riesgo de impago más reducido y mayor rentabilidad de la operación para quien presta) y si esto no es suficiente pasarán a usar otros no tan objetivos (se volverá a la necesidad de contar con “recomendación”):
· La reducción del riesgo que llevará a la exigencia creciente de avales y garantías, que podrán llegar a ser desproporcionados.
· la mayor rentabilidad la obtendrán directamente por la exigencia de mayores diferenciales respecto al tipo de interés de referencia e indirectamente por la obligación que impondrán de contratar otros servicios con la entidad financiera (seguros de todo tipo, tarjetas de crédito, obligación de realizar con la entidad muchas de las operaciones y algunos otros que se inventarán) así como por la exigencia de mantener un depósito de baja remuneración en la misma entidad por un porcentaje relevante del crédito.
· la necesidad de recomendación estará muy ligada a la disposición de los adecuados contactos políticos o institucionales y, quizás, a la duración e intensidad de la relación previa con la institución financiera.
En conclusión, la medida es buena pero insuficiente, ya que no basta con reducir los precios sino que, además, debe aumentar la liquidez y esto requiere, entre otras cosas, el cambio profundo del sistema financiero internacional (que no parece ser una prioridad en la agenda de los que mandan)
Como siempre que se impone que un producto sea muy barato (en este caso el servicio crediticio) y la oferta existente de ese producto es incapaz de cubrir la demanda existente al precio fijado, el resultado es la generación de colas crecientes para obtener las escasas unidades existentes (si, como es el caso, el precio de venta impuesto permite obtener beneficios a quien vende el bien o presta el servicio) o la desaparición de la oferta si el precio no permitiera cubrir costes.
En España el aumento de la oferta de créditos para los particulares se encuentra con dos frenos muy importantes: el sistema financiero internacional no parece dispuesto a seguir prestando cada año los 100.000 millones de euros adicionales que el sector privado español viene demandando para seguir viviendo por encima de las posibilidades objetivas y el sector público se incorporará a los demandantes de crédito (con una situación de ventaja innegable) para cubrir el superávit que existía más el déficit en el que se incurra.
Por tanto, buena noticia para los que ya tienen concedidos los créditos y neutra para los que necesiten pedirlos en el futuro.
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