El sistema público de atención sanitaria es, junto con el de pensiones, la parte de los servicios públicos que tiene una mayor necesidad de crecimiento del gasto, muy por encima del crecimiento del PIB aún en las fases de crecimiento sostenido del ciclo económico.
Los motivos son claros:
- El aumento de la edad media de la población y, en especial el aumento progresivo de las personas de edad avanzada que, lógicamente y por muy buena salud que tengan, requieren muchas más prestaciones sanitarias.
- La continua llegada de inmigrantes que, en una proporción relevante, requieren más prestaciones sanitarias que la población residente de la misma edad.
- El necesario desarrollo de la Ley de Dependencia, que a poco que extienda sus prestaciones requerirá un aporte de fondos públicos de una gran cuantía.
Además, en las fases bajas del ciclo la tendencia es a un aumento mayor de la demanda de servicios sanitarios, porque una parte relevante de las personas que acuden al sector privado para algunos, o todos, los servicios sanitarios, en las épocas de menores ingresos optan por recurrir a la sanidad pública.
Por descontado, la sociedad española aspira a que, al menos, se mantenga la calidad de las prestaciones que se alcanzaron en los años noventa, calidad que ya ha iniciado su declive al menos en la percepción popular.
La política sanitaria debe encaminar sus esfuerzos a una mejora relevante de la calidad y la eficiencia, única vía para que sea sostenible la sanidad pública universal.
En este caso, la formación de los futuros profesionales sanitarios es más que buena, quizás falte únicamente un análisis serio de las plazas que se deben ofertar para que no sea necesario recurrir a profesionales de otros países que tienen un sistema formativo de menor calidad.
Hay, sin embargo, un problema serio en cuanto a los profesionales en activo, o mejor dicho dos: su retribución, claramente baja con lo que los mejores profesionales optan por la vía privada para llevar a cabo, parcial o totalmente, su ejercicio profesional y la caída del prestigio social de su profesión que lleva a la existencia de no pocos conflictos con los usuarios de los servicios.
Por si fuera poco, la gestión de los medios escasos (en su mayor parte el tiempo de dedicación de los profesionales aunque también la realización de pruebas de diagnóstico) se está dirigiendo a la minimización del tiempo de atención por parte de los médicos lo que lleva a resultados aún peores: mayor solicitud de pruebas de diagnóstico (que retrasan la solución de buena parte de los problemas de salud y encarecen el coste total) y mayor uso de los medicamentos, que también encarecen el coste final.
La solución la están buscando en el incremento de dificultades para acceder a la prestación, el aumento de las colas de espera (con lo que se produce una mayor migración a los servicios privados) y la gestión privada de los hospitales, que aún está en sus inicios pero que muy probablemente suponga un mayor recorte de las prestaciones por la vía de los hechos.
Los motivos son claros:
- El aumento de la edad media de la población y, en especial el aumento progresivo de las personas de edad avanzada que, lógicamente y por muy buena salud que tengan, requieren muchas más prestaciones sanitarias.
- La continua llegada de inmigrantes que, en una proporción relevante, requieren más prestaciones sanitarias que la población residente de la misma edad.
- El necesario desarrollo de la Ley de Dependencia, que a poco que extienda sus prestaciones requerirá un aporte de fondos públicos de una gran cuantía.
Además, en las fases bajas del ciclo la tendencia es a un aumento mayor de la demanda de servicios sanitarios, porque una parte relevante de las personas que acuden al sector privado para algunos, o todos, los servicios sanitarios, en las épocas de menores ingresos optan por recurrir a la sanidad pública.
Por descontado, la sociedad española aspira a que, al menos, se mantenga la calidad de las prestaciones que se alcanzaron en los años noventa, calidad que ya ha iniciado su declive al menos en la percepción popular.
La política sanitaria debe encaminar sus esfuerzos a una mejora relevante de la calidad y la eficiencia, única vía para que sea sostenible la sanidad pública universal.
En este caso, la formación de los futuros profesionales sanitarios es más que buena, quizás falte únicamente un análisis serio de las plazas que se deben ofertar para que no sea necesario recurrir a profesionales de otros países que tienen un sistema formativo de menor calidad.
Hay, sin embargo, un problema serio en cuanto a los profesionales en activo, o mejor dicho dos: su retribución, claramente baja con lo que los mejores profesionales optan por la vía privada para llevar a cabo, parcial o totalmente, su ejercicio profesional y la caída del prestigio social de su profesión que lleva a la existencia de no pocos conflictos con los usuarios de los servicios.
Por si fuera poco, la gestión de los medios escasos (en su mayor parte el tiempo de dedicación de los profesionales aunque también la realización de pruebas de diagnóstico) se está dirigiendo a la minimización del tiempo de atención por parte de los médicos lo que lleva a resultados aún peores: mayor solicitud de pruebas de diagnóstico (que retrasan la solución de buena parte de los problemas de salud y encarecen el coste total) y mayor uso de los medicamentos, que también encarecen el coste final.
La solución la están buscando en el incremento de dificultades para acceder a la prestación, el aumento de las colas de espera (con lo que se produce una mayor migración a los servicios privados) y la gestión privada de los hospitales, que aún está en sus inicios pero que muy probablemente suponga un mayor recorte de las prestaciones por la vía de los hechos.
No lo tienen fácil los responsables autonómicos de la sanidad, pero sólo una gestión muy eficaz llevará a la obtención de buenos resultados, con la paradoja de que si aumenta la calidad, también aumentará la demanda porque muchas personas preferirán la buena calidad pública, además gratuita, a la no tan buena calidad privada, cuando los precios no son desorbitados.
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