martes, 28 de marzo de 2017

Amores fallidos



I
Loli había vuelto de pasar la Semana Santa en Denia en el apartamento de sus padres, como solía hacer desde que se acordaba, y estaba deseando que llegara el finde para contárselo a Nuria, porque en vez de aburrirse como le había pasado desde que empezó la adolescencia, no sólo se había divertido un montón sino que se había enamorado de Marcos, y estaba convencida de que, por fin, había encontrado el amor de su vida.

Marcos había ido por primera vez a los apartamentos en que ella estaba, también porque sus padres lo habían comprado, y se encontraron cuando ella estaba a punto de entrar en el suyo. Cruzaron una mirada de complicidad y él le hizo una seña para verse en el jardín que ella contestó con otra mostrándole los cinco dedos de la mano, intentando decirle que bajaría en cinco minutos.

Los cinco minutos en realidad fueron un cuarto de hora y cuando bajó él la esperaba tranquilamente. Se presentaron y ella le dijo que tenía que ir a comprar algunas cosas y Marcos le preguntó si la podía acompañar.

Y ya no se separaron durante toda la estancia. Loli era una joven de diecinueve años, muy guapa y simpática, que estaba deseando encontrar a alguien que viera en ella algo más que un delicioso quesito. Marcos era cuatro años mayor y tenía un gran éxito con las chicas porque, además de apuesto, era divertido y sabía engatusarlas. A todas las hacía creer que eran su primer amor y las mantenía en el engaño hasta que por un motivo u otro se enteraban de que iba con otra, a veces con otras, a la vez. Era un maestro en moverse en ambientes distintos lo que le permitía que pasara algún tiempo hasta que la mentira se descubría.

En Denia no había problema, porque apenas conocía a nadie y por eso pudo dedicarle todo el tiempo a una Loli que estaba evidentemente prendada por el que imaginaba que era su novio y sería su pareja estable.

Marcos vivía en Alcalá de Henares y ella en Las Rozas, lo que a él le permitía evitar los encuentros entre semana. Para los fines de semana que quería pasar con ella, Denia fue la forma perfecta alternando los apartamentos de los dos, pero ésto Loli no lo vería claro hasta unos meses después.
  
 II

Nuria no había salido de viaje por Semana Santa, y se había aburrido bastante. No llamaba especialmente la atención, aunque con el maquillaje que solía usar conseguía que algunos muchachos la hicieran caso durante un tiempo. Pero cuando se iban a la cama con ella dos o tres veces, ella tenía un arte especial para espantarles. No es que lo hiciera aposta ni que desconociera la causa, ya que había oído argumentos muy parecidos en la mayoría de las rupturas, pero ella no quería creerlo y consideraba que eran excusas de mal pagador.

A la mayoría de sus incipientes parejas les habían echado para atrás dos aspectos de su carácter: era excesivamente absorbente y controladora a partir del momento en que conseguía oírles decir que les gustaría salir como pareja y además, también a partir de ese momento, era muy mandona.

En aquel momento, hacía muy poco que había iniciado la relación con Ricardo, un compañero de la Uni que no estaba nada mal, pero que destacaba por su timidez. Hasta el momento todo iba bien y aunque ya había empezado con sus hábitos de control y de imposición de criterios, Ricardo todavía no había mostrado reparo alguno. Pero, como hacía siempre, se fue a pasar la Semana Santa a su pueblo, en casa de sus padres, y solo podía conectar con él por Whatsapp cuando  estaba en la zona de wifi libre del Ayuntamiento.

Tenía ganas de ver a Loli, porque estaba intrigada por la pareja que había encontrado en Denia. ¡Por primera vez desde que la conocía no se había quejado del aburrimiento casi mortal de la Semana Santa en Denia junto a sus padres! El viernes las dos amigas quedaron como de costumbre para ir a Madrid en autobús con dirección a Malasaña, donde Nuria se encontraría con Ricardo, de forma que dispondrían al menos del trayecto de ida para hablar de sus cosas.

  III

Nuria estaba fascinada con el relato de su amiga, y su cara de felicidad era una muestra evidente del sueño que estaba viviendo.

Todo parecía maravilloso, pero a Nuria le escamaba un tanto que Marcos no hubiera querido acompañarla en Madrid. Hasta a ella le parecía razonable que los días de diario no se pudieran ver por los horarios que tenían (él supuestamente trabajaba y estudiaba) y lo mucho que tardaba el tren. ¡Pero los finde no debería haber ningún problema, especialmente si quedaban en Madrid!

Loli le dijo lo que menos le gustaba oír a su amiga:
- Nuria, tú eres excesivamente absorbente, pero la mayoría de la gente prefiere tener su propio espacio incluso cuando ya viven juntos. Estaremos  juntos el próximo fin de semana en Denia ¡y además sin padres!

Cuando se encontraron con Ricardo, Nuria procuró separarse de su amiga en cuanto su pareja aceptó el plan que ella había pensado. Quedaron como siempre para volver juntas en el Buho de las tres, y si alguna prefería no ir en ese, avisaría con tiempo a la otra. Aunque nunca habían tenido el menor problema a la vuelta, preferían hacerlo juntas siempre que una de ellas no tuviera un plan mejor y así podían comentar la velada durante el viaje.

Loli se fue por Malasaña, haciendo la ruta que solía seguir, de manera que se encontraría con grupos conocidos, en los que podía entrar y salir a su gusto.
Aquella noche, por primera vez, se dio cuenta de que ya no atraía tanto a los muchachos que acababa de conocer, con la excepción de los que Nuria y ella calificaban de pulpos, calificativo que en cuanto era asignado a un especimen suponía la huida instantánea de su zona de alcance.

Como no lo estaba pasando especialmente bien, a la una y media llamó a Nuria para decirle que se volvía en el Buho de las dos y la respuesta de su amiga fue que ella haría lo propio en el de las cuatro, para estar un rato más con Ricardo.

   IV

El primer fin de semana junto a Marcos en Denia fue para ella como el avance de la Luna de Miel. Estuvieron en casa de él, aunque ella hizo el paripé como si hubiera dormido en la suya. Seguro que si su madre iba antes que ella, notaría que ella había pasado por allí pero sin compañía. Todavía no quería decirle nada de su pareja porque no estaba segura de que no empezara a poner pegas.

Estaba tan segura de que todo iba sobre ruedas que ya había empezado a hacer planes para el verano. Marcos aprovechó su entusiasmo para acotar los fines de semana que irían, pero cuando le dijo que podrían estar juntos desde el 15 de julio al 15 de agosto, las fechas de sus vacaciones, ella se quedó totalmente convencida de que la relación ya estaba consolidada.

Cuando al lunes siguiente volvió a ver a Nuria, ésta le contó que el tal Ricardo ya había comenzado a mostrar los primeros síntomas de agobio. Loli le dijo que si todavía no se había cansado de él, le diera un poco de respiro y tuvo que escuchar, como de costumbre, que parecía mentira que siempre se pusiera de parte de sus novios. Pero ella continuaría como siempre y si se iba, como de costumbre, ella pasaría página y se buscaría otro hasta que encontrara a alguno que la aceptara como era y pudiera ser su pareja definitiva.

Cuando llegó el verano, Ricardo ya había puesto los puntos sobre las íes y Nuria, por primera vez había introducido un cambio: dejarían de ser pareja, pero cuando ella no tuviera otra le llamaría de vez en cuando para pasar alguna noche juntos. Lo puso en práctica, aunque sin comentárselo ni dar la menor pista. Ricardo había entendido la nueva situación y la había aceptado de buen grado.

En Denia durante el verano las cosas pasaron como estaba más o menos previsto, Loli fue con su madre julio y agosto y a partir del 15 de julio su madre entendió la razón del cambio repentino de Loli respecto a querer estar en Denia en vez de quejarse cada vez que se hablaba de ir allí a pasar unos días. Veía a su hija feliz y eso le gustaba mucho, pero todo ello se truncó cuando llegó el puente de la Virgen de Agosto. Una noche, la primera del puente, su hija volvió a casa demacrada y sin querer decir nada. Su madre pensó que habría discutido con Marcos, y le sorprendió no volver a verles juntos a partir de aquel día.

Loli cambió de sitio en la playa y apenas salió de casa en todo el puente, pero no quiso compartir con su madre lo que le pasaba. Solo accedió a salir con sus padres alguna tarde para pasear y tomar un refresco y, una vez terminadas las vacaciones de Marcos, volvió a su lugar habitual en la playa y a las salidas habituales en los veranos anteriores, pero la cara de felicidad había desaparecido y la madre no volvió a ver a Marcos en ningún sitio.

Cuando volvieron de la playa, Nuria y Loli volvieron a encontrarse y Loli le contó a su amiga lo que había pasado.
-  No te puedes imaginar el trago que pasé. El cabrón de Marcos me invitó a hacer el amor en su casa un día por la tarde, en que sus padres se habían ido, y con la excusa de que su madre no notara nada me pidió ayuda para cambiar las sábanas de su cama y lavar las que habíamos usado. Una vez tendida la ropa, me dijo que me sentara porque tenía que decirme algo importante. Lo envolvió con toda la dulzura que pudo, pero tuvo el rostro de pedirme que aceptara que no era la única pareja que tenía. De hecho, cuando volvieran sus padres vendrían acompañados de Laura, su novia desde hacía tres años y como yo podría comprender no podría atenderme durante los días que ella estuviera allí. Yo me quedé helada, le dije que ni soñara con tenerme de segundo plato y me fui para casa. No le volví a ver, aunque sí que pude comprobar que después del puente se fue como tenía previsto.
-  Lo siento mucho Loli. No me lo puedo creer. Ahora tienes que volver a tu vida anterior, y ya verás como dentro de un tiempo se te habrá pasado todo y dejarás de pensar en él. Aunque yo, si fuera tú, se la intentaría jugar.
-  No te pienses que estoy para jugadas. Mi intención es no volver a verle, al menos hasta que se me pase. Y tú, ¿cómo has estado de amores este verano?
-  Como siempre, aunque como era verano, todo más rápido. He tenido cuatro o cinco, con los mismos resultados que te puedes imaginar, y en medio me he visto tres veces con Ricardo. Aunque no te lo creas, parece como si siempre estuviera esperando mi llamada. Hasta ahora siempre ha estado disponible, aunque como te puedes imaginar no le he preguntado nada sobre si ha salido o no con otras. Pero algún día de estos se lo preguntaré porque es el chico que más cerca ha estado de lo que yo considero una pareja medio estable. ¡Lástima que no acepte mis condiciones!        

  V

A mediados de octubre Loli no pudo evitar el ir a Denia un fin de semana con sus padres y, a la vuelta, le dijo a Nuria que se había encontrado allí con Marcos.

-  Fue una sorpresa tremenda porque de repente noté que alguien me tapaba los ojos con sus manos y con una voz fingida me preguntó ¿A que no sabes quién soy? Me volví y me encontré con que era Marcos que ni corto ni perezoso me abrazó y me dio un beso en la boca. Yo, sin pensarlo, se lo devolví y cuando me quise dar cuenta estaba entrando en su casa, yendo directa a su habitación y aceptando hacer el amor con él. Estaba sorprendidísima, especialmente conmigo misma, porque nunca me hubiera imaginado nada parecido. Volvimos a hacer el amor varias veces cada día hasta que me fui y su despedida fue también sorprendente: ¿Ves como no está tan mal que nos veamos de vez en cuando?
-  ¿Y que más te dijo?
-  Nada más, se fue y no quedamos en nada. Todavía no me lo acabo de creer.
-  Yo tampoco me lo hubiera imaginado de ti. Y ahora ¿qué piensas hacer?
-  Nada. La verdad es que al principio temí que me volviera el disgusto que tuve la primera vez, pero por suerte no ha sido así. estoy segura de que ya no estoy enamorada de él y no me importa nada si le vuelvo a ver o no. Pero la verdad es que es muy bueno en la cama y no me importaría que la experiencia se repitiera de vez en cuando, pero eso sí, bastante de vez en cuando.
-  ¿Y su novia?
-  Desde luego no estaba con él. Pero eso no significa nada, y si no está con ella estará con otra porque si no habría intentado que nos volviéramos a ver.
-  Pues si que te lo tomas bien, a pesar de lo que te hizo.
-  Y tú, ¿qué tal con Ricardo?
-  Pues sí, no sé como lo has adivinado, pero le llamé y estuvimos juntos el fin de semana, prácticamente encamados todo el tiempo. Tuvimos mucho tiempo para hablar entre polvo y polvo, pero tía, no consigo que se amolde a mis condiciones y la verdad es que ya empiezo a pensar que me resultará difícil encontrar alguno mejor que él.
-  ¿Y no te has pensado que quizás te iría mejor si aflojas un poco en tu control?
-  De eso ni hablar. Soy como soy y quien quiera ser mi pareja me tendrá que aceptar así. Pero tengo que confesarte que a veces le doy vueltas a la posibilidad de que pueda ir con otras y lo peor es que noto que me pongo celosa.
-  Pues tía, ten cuidado porque cualquier día te encuentras con que tiene novia. No está mal, es buena persona, le falta poco más de un curso para terminar y habrá unas cuantas que estarán deseando echarle el guante, especialmente en su pueblo, y ese flanco no lo tienes cubierto ni lo puedes cubrir.

 VI

Casi un año más tarde, a la vuelta del siguiente verano, Loli y Nuria quedaron como de costumbre para contarse como habían pasado las vacaciones. Nada más verse, las dos se dieron cuenta de que Loli estaba contenta al contrario que  Nuria que estaba bastante afectada. Loli pensó que era mejor dejar hablar a su amiga primero para que pudiera desahogarse, así que le dijo que en esa ocasión le tocaba a ella empezar y Nuria no dudo ni un momento en iniciar su relato.
-  La verdad, Loli, estoy desesperada. A final de curso todo estaba como siempre, yo llamaba a Ricardo cuando me apetecía y él continuaba estando siempre disponible. Se fue al pueblo y, como el verano anterior, yo no le dije ni media palabra hasta que a la vuelta le llamé, tras haber dejado pasar un par de semanas para que se fuera cociendo en su propia salsa.
   Pero, para mi sorpresa, cuando le llamé me salió con una excusa que no se la creería nadie para decirme que aquel día no podía verme. Yo le dije que eso no era lo establecido, que él tenía que estar siempre disponible cuando yo le llamara y que se tendría que atener a las consecuencias. Deje pasar tres semanas más y cuando le llamé me dijo que creía que era importante que nos viéramos una tarde porque teníamos que hablar de algo importante.
   Y resultó que me contó que se había echado novia en el pueblo y que por ese motivo pensaba que no sería adecuado que siguiéramos haciendo el amor cuando nos viéramos. Me quedé de piedra, porque no me dijo que no quería verme, ni me echó en cara mis defectos, ni nada de nada. El tío se había creído eso de que éramos follamigos y ahora se pensaba que podíamos pasar a ser simplemente amigos. Me metió un rollo infumable de lo mucho que me apreciaba y se quedó tan tranquilo, porque además tuvo el morro de decirme que podía seguir siendo yo la que le llamara cuando tuviera ganas de verle, ya que esa era una de las condiciones que le puse desde el primer momento.
   Yo le dije que de acuerdo, que ya no volveríamos a hacer el amor, al menos mientras tuviera esa novia, y que esperara con paciencia mi llamada, porque me parecía que iba a pasar bastante tiempo antes de que la recibiera.
    ¿Qué te parece lo que te he contado?
-  Pues me parece una gran putada, después de la paciencia que has tenido con él durante tanto tiempo que ninguna le hacía el menor caso. Y ahora te toca pasar página lo antes que puedas, para poder seguir tu vida como siempre.
-  Eso mismo pienso yo tía. Ahora cuéntame como te ha ido a ti. ¿Has encontrado a alguien potable, o has seguido como segundo plato de Marcos?
-  Pues ni lo uno ni lo otro. He conocido a algunos que me han parecido bien para pasar el rato durante unos días y también he visto a Marcos. Pero las cosas han ido de una manera algo distinta a como él lo tendría planeado. Echamos unos cuantos polvos antes de que llegara su novia, que sigue siendo Laura, la de siempre y, en esta ocasión, tuvo la deferencia de avisarme de su llegada con un par de días.
   Lo que no se esperaba es que yo le iba a requerir sus servicios mientras ella estaba allí. Él solía salir a la hora de la siesta para fumar un cigarrillo y darse un garbeo para ver si encontraba alguna chica que le apeteciera. ¡Y vaya si la encontró! porque siempre que mis padres no estaban en casa yo le echaba el lazo y él venía como un corderito. La verdad es que entre Laura y yo le hicimos follar tanto que empezó a notar que las fuerzas le faltaban y, mira por donde, una tarde que él no estaba porque había ido con sus padres a visitar a unos amigos, me decidí a hablar con Laura, ya que nos habíamos visto varias veces con el resto de la antigua panda. Le pregunté si estaba sola aquella tarde y la invité a merendar en una cafetería tranquila.
    No me costó mucho que entrara al trapo en cuanto empezó a hablar de Marcos y yo, como quien no quiere la cosa, le comenté sutilmente que parecía estar más débil que de costumbre. Ella lo corroboró y se atrevió a hacerme la confidencia de que ya no funcionaba en la cama como antes. La pobre lo achacaba a que ya debía haber empezado la pérdida de potencia que tanto temen los chicos en cuanto empiezan a acercarse a los treinta, pero yo, devolviéndole confidencia por confidencia, le saqué de su error y le dije que yo había notado lo mismo.
   Como te puedes imaginar, la pobre se quedó de piedra y cuando me pidió algunos detalles más para asegurarse de que le estaba diciendo que yo también me acostaba con él, aproveché para terminar de quitarle la venda de los ojos. Me seguí haciendo la tonta y di por sentado que ella lo sabía porque Marcos me había asegurado, al final del puente de la Virgen en que nos vimos por primera vez, que él se lo había contado porque no quería engañarla. También le dije que quizás no le decía todas las veces que hacíamos el amor, pero por si acaso le di cumplido detalle de lo ocurrido desde que ella había llegado ese verano.
   Al final llegamos a la conclusión de que poco más o menos lo hacía el mismo número de veces con las dos, y parecía claro que el número conjunto de veces era la causa de su debilidad. Yo hice como que no notaba su enorme disgusto y cuando nos despedimos al llegar a los apartamentos le di un abrazo cariñoso y le agradecí la confianza que había mostrado conmigo y su apertura de mente para compartir a Marcos.
   Al día siguiente Marcos no apareció y un día más tarde sólo se acercó un momento para echarme en cara la que había liado. Yo pasé del asunto con una sonrisa y le dije que cuando tuviera ganas y fuerzas suficientes podríamos volver a nuestros juegos habituales. Y a los pocos días volvió.
   Cuando se fue Laura, yo limité los encuentros hasta que un día se decidió a hablar, y me contó que Laura había estado a punto de dejarle y que al final no lo hizo para no dejarme el campo libre. Pobrecita, lo mismo se cree que a mí me gustaría que fuera mi novio. Pero el tío estaba contento porque su novia había admitido compartirle y él estaba encantado.
-  ¡Vaya con la mosquita muerta! y eso que no querías hacerle ninguna jugada. Te lo has tenido que pasar genial. Y ahora ¿qué piensas hacer?
-  Estoy preparando la puntilla para que nunca se olvide de mí. Le voy a montar un numerito que no olvidará en su vida y espero que Laura tome buena nota para atarle en corto el resto de su vida.

VII

Dos meses después Loli le contó el final de la historia a su amiga.

Había llamado a Laura por teléfono para convencerla de que quedaran los tres para tener una charla prolongada. Le costó un rato convencerla de que aceptara, porque en el fondo no tenía ningunas ganas de que los tres hablaran juntos de su relación. Pero cuando Loli le dijo que el motivo era finalizar su intromisión en la pareja para que ellos pudieran continuar juntos, ella accedió.

Cuando se encontraron Laura estaba un poco mosca, pero Marcos lo estaba mucho más y según Loli fue hablando, la cara de Laura fue mejorando poco a poco y el cabreo de Marcos aumentó hasta que se puso como un tomate a causa de la ira:
-  Os he reunido porque quiero contaros que tras pensarlo mucho he llegado a la conclusión de que no es razonable que sigamos la relación de esta manera.
    Por muy moderno que pueda parecer lo que hacemos, yo en realidad pienso que lo mejor es una pareja de dos, sin escarceos con terceros ni intervenciones de ningún tipo. Vosotros sois novios desde antes de que yo conociera a Marcos y a pesar de lo que ha pasado, quiero que sepas Laura que te aprecio y te deseo de todo corazón que seas feliz.
   De forma que para facilitaros la felicidad a los dos y daros también la posibilidad de que tengáis una pareja sin terceros que se inmiscuyan, creo que lo mejor es que yo desaparezca de vuestras vidas al menos durante tres décadas. Cuando pase ese tiempo, si todavía sentís algún aprecio por mí, entonces me gustaría que nos volviéramos a ver los tres porque ya no habrá ningún riesgo de infidelidad. Si solo es uno de vosotros quien quiera verme, también estaré encantada de hacerlo.
    Creo que yo, por mi parte, después de un tiempo podré encontrar a alguien con el que compartir la vida y estoy segura de que así todos seremos más felices. Sólo falta que tú Marcos decidas no volver a las andadas y dejes también a tus otras novias. Y no lo niegues ni me pidas nombres, porque tengo una lista que, aunque seguramente incompleta, no te gustaría que Laura la conociera.

Se despidió de ellos y se fue tan tranquila. Ahora era el turno de Laura si es que no quería que Marcos le siguiera poniendo los cuernos, pero de eso ella seguramente no se enteraría.

Nuria, por su parte, le contó que su relación con Ricardo había terminado como ya sabía, la felicitó por su valentía y le propuso que volvieran a salir como antes a ver si eran capaces de encontrar el amor.

Las dos se rieron y comenzaron la ruta habitual por Malasaña, pero sin demasiado interés en intentar llamar la atención de los tíos que iban sin compañía femenina. Seguramente pasarían algunas semanas antes de que les apeteciera conocer a alguien nuevo.

domingo, 22 de enero de 2017

Real Decreto 1/2017 sobre Cláusulas suelo



El Gobierno ha aprobado el RD sobre cláusulas suelo con el objeto principal de intentar reducir en lo posible los pleitos derivados de la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea de 21 de diciembre de 2016, aunque en la explicación del contenido prefiere incidir en que su objetivo es proteger a los consumidores, estableciendo un cauce que les facilite la posibilidad de llegar a acuerdos con las entidades de crédito en el asunto de las cláusulas suelo.

Los aspectos más positivos para los consumidores son los siguientes:

-  El decreto se aplica a todos los contratos de préstamo o crédito garantizados con hipoteca inmobiliaria que incluyan una cláusula suelo y cuyo prestatario sea un consumidor.
-  Define claramente que se entenderá por cláusula suelo cualquier estipulación incluida en un contrato de préstamo o crédito garantizados con hipoteca inmobiliaria a tipo variable, o para el tramo variable de otro tipo de préstamo, que limite a la baja la variabilidad del tipo de interés del contrato.
-  Las entidades de crédito deberán implantar un sistema de reclamación previa a la interposición de demandas judiciales, que tendrá carácter voluntario para el consumidor y cuyo objeto será atender a las peticiones que éstos formulen en el ámbito de este real decreto-ley.
-  Las entidades de crédito deberán garantizar que ese sistema de reclamación es conocido por todos los consumidores que tuvieran incluidas cláusula suelo en su préstamo hipotecario.
-  El plazo máximo para que el consumidor y la entidad lleguen a un acuerdo y se ponga a disposición del primero la cantidad a devolver será de tres meses a contar desde la presentación de la reclamación.
-  Estará libre de IRPF la devolución derivada de acuerdos celebrados con entidades financieras, en efectivo o a través de otras medidas de compensación, junto con sus correspondientes intereses indemnizatorios.

Sin embargo, también tiene algunos aspectos negativos:

-  El más importante es que se entenderá que el procedimiento extrajudicial ha concluido sin acuerdo, entre otras razones, cuando el consumidor no está de acuerdo con el cálculo de la cantidad a devolver efectuado por la entidad de crédito. Parecería más razonable que se incluyera la posibilidad de al menos una contrapropuesta justificada del consumidor y la correspondiente respuesta, también debidamente justificada, de la entidad financiera.
-  En el tratamiento del IRPF, cuando las cantidades previamente satisfechas por el contribuyente que sean objeto de devolución (no así los intereses incluidos en la cantidad devuelta) hubieran formado parte de la base de la deducción por inversión en vivienda habitual o de deducciones establecidas por la Comunidad Autónoma, se perderá el derecho a practicar la deducción en relación con las mismas, debiendo sumar a la cuota líquida estatal y autonómica devengada en el ejercicio en el que se hubiera celebrado el acuerdo con la entidad financiera, exclusivamente las cantidades indebidamente deducidas en los ejercicios respecto de los que no hubiera prescrito el derecho de la Administración para determinar la deuda tributaria mediante la oportuna liquidación. Esto es, habrá que incrementar en la declaración del IRPF del ejercicio en que se llegue al acuerdo con la entidad financiera (en la mayoría de los casos el 2017, esto es en la declaración a presentar en el año 2018) las cantidades "indebidamente" deducidas, pero solo de los ejercicios no prescritos.
-  Se limita la posibilidad de imponer condena en costas a la entidad financiera a los casos en que el consumidor rechazase el cálculo de la cantidad a devolver o declinase, por cualquier motivo, la devolución del efectivo e interpusiera posteriormente demanda judicial en la que obtuviese una sentencia más favorable que la oferta recibida de dicha entidad.
-  No proporciona ninguna referencia para los tipos de interés a aplicar a las cantidades indebidamente cobradas.


El consumidor queda, en consecuencia, abocado a presentar la reclamación, para lo que en muchos casos será recomendable que cuente con un asesoramiento adecuado que deberá pagar, y aunque siempre le queda la opción de ir a los tribunales si no llegase a un acuerdo o si prefiere no iniciar el procedimiento extrajudicial, sólo se librará de pagar el coste de abogado y procurador si la sentencia incluye una indemnización superior a la ofrecida por la entidad financiera o si, en los casos en que no se ha iniciado la reclamación extrajudicial, la entidad financiera no se allanara a la petición del consumidor, lo que en la práctica supondrá una presión adicional para presentar la reclamación y aceptar la oferta de la entidad financiera que, por su parte podrá optar por hacer ofertas algo inferiores a lo que sería de justicia, pero no tan bajas como para arriesgarse a una condena en costas.

jueves, 5 de enero de 2017

Cloty



I
Cloty iba en el metro, de vuelta a casa una vez terminada su última jornada del año, y se estaba planteando si ella debía cambiar algo en su vida a lo largo del año 2017, que empezaría a medianoche del día siguiente.

A sus cuarenta y cinco años, por primera vez desde los trece no saldría de fiesta en Nochevieja. No le había salido ningún plan atractivo, pero tampoco le importaba apenas nada, porque no tenía nadie apetecible con quien celebrar el Año Nuevo.

Los años habían pasado y aunque todavía se veía guapa, desde hacía unos meses había empezado a coger algunos quilos, lo que le hacía pensar que pronto le llegaría la menopausia. Y seguramente no era la única en pensarlo, porque cuando salía, tanto si iba sola o acompañada de alguna amiga, ya no se le acercaban tantos moscones como antes, lo que lejos de molestarla le hacía sentirse más libre, ya que no tenía que responder a tantas chorradas ya escuchadas miles de veces durante sus salidas.

Su trabajo de comercial le gustaba y le permitía tener una economía más que suficiente para sus necesidades. Era dueña de su casa, no era muy gastona y tenía un colchón suficiente para afrontar el futuro sin problemas económicos.

Pero creía que debía ir dejando poco a poco las casi obligadas salidas nocturnas de los fines de semana e irse dedicando a otras aficiones que había mantenido semiabandonadas, porque sus continuos ligues no le dejaban suficiente tiempo para atenderlas mínimamente.

Quizás para el próximo verano se podría aventurar a aceptar la pertinaz invitación de Almendralejo, uno de sus mejores clientes y además de los más antiguos, que cada año le proponía que se uniera a un grupo que hacían viajes de un par de semanas por rutas que él encontraba de lo más interesantes. Le había parado tantas veces los pies en los distintos eventos profesionales en que se encontraban, que sus seguras insinuaciones, si es que al final se decidía a ir, no serían una molestia especial.

Mientras pensaba esto, se dio cuenta de que un viajero, sentado en la fila de enfrente, pero en la esquina opuesta a la suya, se fijaba en ella atentamente.

¿Será que le ha llamado la atención la sonrisa que me ha salido al pensar en la más que probable invitación de Almendralejo? pensó para sí, y como era su costumbre, mantuvo la mirada a la persona que le miraba. Debía tener más o menos su edad, era guapo y tenía buena planta y su indisimulada calva no lo estropeaba demasiado. Tenía una media sonrisa que parecía perenne e iba bien vestido. No le importaría nada que le dijera alguna cosa para iniciar la conversación.


II
Ernesto iba en el metro, de vuelta a casa una vez terminada su última jornada del año, y estaba pensando que un año más tendría una Nochevieja tranquila en la que no se vestiría de fiesta, ni tomaría las uvas ni tampoco brindaría con cava, porque la pasaría sólo, en su casa, y se iría a dormir poco después de las campanadas.

Nunca se había casado, y las pocas veces en que había iniciado una convivencia con alguna de las numerosas parejas coyunturales que había tenido la cosa había durado poco. A veces por su culpa, seguramente era demasiado independiente y la vida en pareja le oprimía, aunque otras quien había fallado era la compañera. En realidad estaba convencido de que nunca se había enamorado de verdad.

Su trabajo de comercial le gustaba y le permitía tener una economía más que suficiente para sus necesidades. Era dueño de su piso, no era muy gastón y tenía un colchón suficiente para afrontar el futuro sin problemas económicos.

Desde hacía algunos años había ido reduciendo, poco a poco, las salidas nocturnas de los fines de semana y se había dedicado a sus otras aficiones. Cuando salía seguía teniendo bastante éxito y rara vez volvía a casa sin haber pasado un buen rato con alguna nueva conocida que, al cabo de algunas semanas pasaba a la situación de los buenos recuerdos previa al olvido más o menos absoluto, casi siempre porque él no deseaba un contacto demasiado frecuente, o al menos esa era su impresión.

Mientras pensaba ésto, se fijó en una viajera que iba sentada en la fila de enfrente, pero en la esquina opuesta a la suya, porque tenía una sonrisa muy especial. Era muy guapa, y aunque parecía tener una edad parecida a la suya, el acababa de cumplir los cuarenta y siete, iba vestida con un estilo algo más juvenil de lo que, a su parecer, correspondía a su edad. Por ponerle un pero, aunque la encontraba casi perfecta, pensaba que quizás estaría aún mejor con unos pocos quilos menos.

¿Cuál sería la causa de la sonrisa que tanto le había llamado la atención? Probablemente era feliz y se estaba acordando de alguna situación divertida. Lástima que no se hubiera fijado en ella unas estaciones antes, porque habría podido comprobar si su cara había estado sonriente todo el trayecto o si ,como él imaginaba, la sonrisa había aparecido de repente. No le importaría nada que surgiera la oportunidad de iniciar con ella una conversación.

Mientras pensaba esto, se dio cuenta de que ella le estaba mirando fijamente, seguramente porque ella, a su vez, había notado que él la estaba mirando.  Le dedicó su mejor sonrisa y pensó para sí que si se bajaba en una estación próxima a la suya, él también lo haría para intentar cambiar con ella alguna palabra.

No tuvo que forzar nada, porque resultó que ella se levantó para bajar en Rios Rosas, la misma estación a la que iba él, y le vino todo rodado para levantarse y cederle el paso cuando ella se aproximó a la puerta.

Ella le dio las gracias con gran amabilidad y él lo entendió como una invitación a seguir la conversación. Esperó a ver si salía hacia la derecha o hacia la izquierda y cuando ella tomó su camino él le pidió permiso para acompañarla:
-  Señorita, ya que parece que vamos por el mismo camino ¿me permite que la acompañe, aunque sea solo un tramo?
-  ¿Hacia dónde va usted exactamente? Si me permite la pregunta.
-  Voy hacia mi casa, en la calle Boix y Morer 22.
- Pues sí, vamos por el mismo camino durante un tramo, aunque yo voy algo más lejos, de modo que no me parece mal que me acompañe hasta la esquina de su calle con Filipinas.
-  Permítame que me presente, mi nombre es Ernesto y es para mí un placer tener la oportunidad de hacer con usted ese trayecto.
-  Yo soy Cloty y tengo algo de curiosidad de saber por qué se ha fijado en mí en el metro.
-  Aunque supongo que pensará que ha sido por lo guapa que es usted, que es verdad que lo es, la realidad ha sido un poco diferente. De repente me he encontrado con su maravillosa sonrisa, no sé si porque ha aparecido en ese momento o si ya la tenía anteriormente, pero lo cierto es que me ha llamado la atención.
-  ¡Vaya! si que es usted amable y también observador. Seguramente la ha visto usted nada más aparecer, o muy poco después, porque efectivamente me he acordado de una situación divertida y me ha debido salir la sonrisa. Nunca me hubiera imaginado una respuesta tan sencilla y, a la vez, tan veraz. Me alegro de que le guste mi sonrisa. La verdad es que me imaginaba que estaba usted intentado ligar conmigo.
-  No le voy a negar que me encantaría tener la oportunidad de poder iniciar una relación amistosa con usted, pero el motivo de que me fijara en usted no ha sido otro que su sonrisa.
-  ¿Cómo y cuando le gustaría a usted explorar la posibilidad de conversar juntos?
-  Eso lo dejo a su elección, siempre que sea compatible con mi horario de trabajo. Vivo solo y no tengo ataduras, de modo que será fácil adaptarme a su disponibilidad.
-  Suelo desayunar en esta cafetería que estamos pasando ahora y suelo entrar a las ocho y cuarto y estar unos quince minutos.
-  Si me lo permite, mañana la estaré esperando a esa hora.
-  Mañana no iré a trabajar de modo que seguramente iré un poco más tarde. ¿Le parece bien a las nueve?
-  Yo también tengo fiesta mañana, así que iré a las nueve y quizás tenga la suerte de que le apetezca prolongar un poco más el desayuno.
Ya estamos llegando a su calle, de modo que nos veremos mañana a las nueve, le dijo mientras le extendía la mano para despedirse.

III
Ernesto llegó cuando faltaban un par de minutos para las nueve y al entrar en la cafetería vio de refilón que Cloty iba unos cincuenta metros detrás de él. Lo que significaba que le gustaba la puntualidad. Prefirió no hacerse el despistado y la saludó con la mano mientras echaba el pie atrás para esperarla en la puerta.

Ella le contestó con otro saludo y apresuró un poco el paso hasta llegar a la puerta de la cafetería.
-  Buenos días Cloty, me alegro de volver a verla, le dijo mientras le extendía la mano.
-  Buenos días Ernesto, yo también me alegro de verte -le dijo mientras le daba la mano y a continuación un beso en cada mejilla que el devolvió encantado-

Entraron en la cafetería y Cloty se fue hacia una mesa bastante alejada de la puerta y se sentó, haciendo una seña a Ernesto para que se sentara enfrente. Cuando llegó el camarero le preguntó a Cloty si deseaba lo de siempre cuando se sentaba en la mesa y ella le dijo que sí. Ernesto le dijo que lo mismo para él y el camarero se alejó con una sonrisa un tanto socarrona.

Empezaron a hablar y se contaron cual era su trabajo, su situación sentimental, que era muy parecida, las cosas que hacían en sus ratos libres y rápidamente se dieron cuenta de que se entendían bastante bien. Llegó el desayuno y dieron buena cuenta de él mientras seguían hablando. Cuando se dieron cuenta, habían dado las diez y media, se rieron del tiempo transcurrido, pagó Ernesto, aunque Cloty le dijo que no se acostumbrara a ello, si quería que fueran más veces juntos, y se fueron andando hacia los Teatros del Canal para ver si Cloty podía comprar unas entradas para ella y algunas de sus amigas.

En el camino, Ernesto le preguntó por sus planes para esa noche, pero ella no tenía muchas ganas de contárselo. Para salir del paso le preguntó por los suyos y Ernesto le dijo el sencillo y tranquilo plan que tenía para pasar de año. Ella se echó a reír y, tras pensárselo un poco, al final decidió decirle que su plan era muy parecido.

Ernesto le propuso que cenaran juntos en la casa que ella prefiriera y ella le dijo que de acuerdo, pero que prefería en su propia casa, para no tener que salir a la calle de madrugada, aunque a las dos, como muy tarde, se tendrían que despedir.

Así lo hicieron y lo pasaron muy bien, cena sencilla y tranquila, brindis de cava, sin uvas, mientras sonaban las campanadas en la Puerta del Sol, beso de felicitación del nuevo año y tertulia amena hasta la una y media, en que a Cloty, que estaba bastante cansada, se le escapó un bostezo bien disimulado, pero no lo suficiente como para que Ernesto no se diera cuenta y a los pocos segundos le dijera que lo mejor era dejar en ese punto la estupenda reunión, no sin antes asegurarse de que el lunes siguiente a las ocho y cuarto se encontrarían para desayunar juntos.

Ya en la cama Cloty se puso a pensar en lo ocurrido y llegó a la conclusión de que ya había empezado a cumplir su plan para ese año y que quizás, solo quizás, Ernesto podría ser el primer ejemplo del nuevo tipo de relación que le gustaría tener en adelante.