Maritere llegó al apartamento de
Gandía con sus padres, deshizo su bolsa, ordenó sus cosas y preguntó a su madre
si había que comprar algo. Su madre le dio una pequeña lista y ella cogió la
lista, el dinero y la bolsa y llamó a su amiga Olga para preguntarle si le
acompañaba a comprar.
Las dos se vieron tres minutos
más tarde en el jardín de los apartamentos, se dieron dos besos y se
encaminaron al super de costumbre. Se empezaron a contar las cosas que les
habían pasado en el curso que acababa de terminar, ya que aunque no vivían
demasiado lejos, Maritere en Valencia y Olga en Paterna, no se habían visto ni
una vez desde que terminó el verano.
Todos los años se prometían que se verían,
pero luego ninguna llamaba a la otra y se terminaba el curso sin noticias.
Olga le preguntó si había visto a
Fernando, y antes de que su amiga le contestara, le dijo que si seguía estando
tan bueno, de este verano no pasaba sin hacérselo. No había terminado de
decirlo cuando, por la cara que puso Maritere, se dio cuenta de que había
metido la pata.
Maritere le dijo que no solo se
habían visto, y mucho, cosa nada extraña ya que estudiaban juntos en la Uni,
sino que desde Nochevieja eran pareja y Olga reaccionó rápidamente y le dijo
que siendo así no se preocupara, que ella se buscaría otro.
Cómo pasaba siempre desde hacía
algunos veranos, Maritere le contaba cómo le había ido el curso, sin decir nada
de sus posibles ligues, y Olga pasaba de largo de los estudios y a cambio detallaba
sus múltiples conquistas. A nadie le podía extrañar que tuviera muchas porque
era una chica guapísima que sabía ser, además, muy simpática cuando le parecía,
y siempre estaba dispuesta a serlo cuando había cerca algún muchacho nuevo que
le apeteciera para engrosar su lista de seducidos y abandonados.
Ninguno de ellos, los de la
lista, podría decir que no había sido avisado previamente, porque Olga tenía la
costumbre de preguntarles directamente, nada más conocerles pero sólo a los que
pretendía conquistar, si tenían la intención de ligar con ella y, respondieran
lo que respondieran, ella les respondía que si lo hacían sería por un breve
periodo. Una vez consumada la conquista y mantenida los escasos días que ella
quisiera, después de haber hecho el amor por última vez como si nada pasara,
les despedía siempre con la misma frase:
- Cariño, hasta aquí ha llegado nuestra relación,
ya te avisé que sería breve. Gracias por los buenos momentos que hemos pasado
juntos.
Tras decir esa frase, les enviaba
un beso por el aire, se daba media vuelta y se iba sin decir nada más ni
esperar respuesta.
Maritere era el polo opuesto,
había tenido muy pocos ligues, seguramente porque sin ser fea, que no lo era en
absoluto, tampoco era especialmente agraciada. Además era muy seria y aún más
puritana. Sólo dos chicos antes de Fernando habían conseguido cogerla de la
mano más de una vez y Fernando había sido el primero en besarla, después de
haberle dicho que estaba enamorado de ella y haber oído que ella también lo
estaba de él.
Cuando Olga escuchó las
limitaciones que Maritere le imponía a su novio, no se lo podía creer y menos
aún cuando Fernando llegó unos pocos días después y le encontró aún más
apetecible que el verano anterior. Una semana más tarde, aprovechando que
estaban los tres solos y sin nadie cerca que les pudiera escuchar, sacó el tema
de las relaciones prematrimoniales y comprobó que Maritere seguía pensando que
se casaría virgen y que Fernando, sin que le gustara mucho la idea, parecía
resignado a esperar hasta entonces. Cuando todos hubieron expuesto sus ideas y
sus argumentos, Olga cerró la discusión echando un órdago a Maritere,
diciéndole que si antes de acabar las vacaciones no se había acostado con
Fernando, lo haría ella y se quedaría sin novio.
No se volvió a hablar del asunto
y Maritere siguió actuando como siempre. Como todos los veranos, era la primera
en marcharse, ya que su padre sólo tomaba tres semanas de vacaciones en verano
y el día de su marcha los tres se despidieron hasta el verano siguiente, bueno
en realidad Olga y Maritere quedaron en que sin falta ese curso, que sería el
último en la Uni, se verían en Valencia, pero ambas estaban convencidas de que pasaría
lo de siempre.
Nada más salir el coche de los padres de Maritere de los
apartamentos, Olga le dijo a Fernando que le apetecía ir a una discoteca muy
tranquila para estar con él a solas. Fernando no se supo negar y cuando se
quiso dar cuenta estaba bailando con ella como si fueran una pareja de
enamorados muy afectuosos.
Siguieron saliendo juntos todas
las tardes y Olga le decía que no se preocupara, que ellos eran sólo amigos,
con derecho a roce eso sí, pero sólo amigos que, además, no se rozarían cuando
estuviera presente la pareja de uno de los dos, y tres días antes de la marcha
de Olga cumplió lo que había advertido a Maritere y después de la discoteca se
fueron a la cama, en el apartamento de ella porque se había quedado sola. Repitieron los dos días que
faltaban y, al despedirse, Olga le dijo que quería que se vieran en Paterna, por lo menos
una vez a la semana.
A Fernando le encantó la propuesta
y decidió no decirle nada a Maritere, con la que seguía saliendo como pareja
con voto de castidad. Los miércoles por la tarde, en cuanto la dejaba en su
casa se iba a Paterna donde pasaba la noche con Olga y de madrugada llegaba a
su casa donde dormía apenas una hora antes de levantarse para irse a la Uni. Si
su madre le preguntaba la respuesta era siempre la misma:
- Mamá, ya sabes que los miércoles estudiamos
por la noche un grupo de compañeros.
Al cabo de unos meses, Olga fue
ampliando el grupo y la primera vez hicieron un trío con Roser, una amiga suya.
Después pasaron a ser dos parejas, en las que el otro varón solía durar sólo un
par de sesiones, una con Olga y otra con Roser. En ocasiones eran sólo Roser y
él los que estaban, pero poco a poco se fue ampliando el abanico de mujeres con
las que Fernando acababa la noche. Fernando era muy bueno en la cama y la voz
se corrió rápidamente entre el grupo de conocidas de Olga y como además era
guapo y simpático, raro era el día en que no tenía que elegir entre varias,
aunque si estaban Olga o Roser, estás tenían preferencia en pareja o en trío,
como ellas quisieran.
Cuando el curso estaba próximo a
terminar, Maritere se enteró de que Fernando iba mucho por Paterna y del motivo
de ir allí. Una tarde que estaban sentados en una cafetería, apareció una amiga
de Maritere que vivía en Paterna y ésta le presentó a Fernando como su novio.
La amiga sabía lo que él hacía en Paterna, porque en algunas ocasiones había
escuchado las bondades que de él se contaban allí, pero fue discreta y se
limitó a decirle a Maritere, cuando fueron juntas al baño, que ya podía estar
contenta de que su novio fuera tan bueno en la cama.
Su sorpresa fue mayúscula cuando
Maritere le dijo que ellos no tenían relaciones sexuales, ni las tendrían hasta
que no se casaran y se tuvo que pensar la respuesta cuando Maritere le preguntó
que donde había oído eso. La amiga se echó un poco para atrás diciendo que lo
mismo se había equivocado, porque le había visto de lejos, pero le dejó una
pista envenenada al decirle que podría comprobar si era él o no por el tatuaje
de un pequeño elefante que llevaba bastante más abajo del ombligo.
- ¿Has visto tú el tatuaje? -le preguntó de
sopetón-
- No, Maritere, ya te he dicho que sólo le he
visto de lejos, pero es lo que oí decir a la chica que lo contaba.
- ¿Cómo se llama esa chica?
- La verdad es que no lo recuerdo, pero si
tienes algún nombre que te intrigue dímelo, porque creo que si lo oigo me acordaré.
- Maritere dijo los nombres de tres compañeras
al azar (Carmen, Amparo y Jennifer) y su amiga le dijo que no, que no era
ninguno de esos. En cuarto lugar dijo Olga y entonces le dijo que sí, que así
se llamaba la chica.
Maritere se lo pensó un par de
días y el sábado por la tarde, aprovechando que estaban solos en su casa, le
pidió a Fernando que se bajara un poco los pantalones y los calzoncillos,
porque quería comprobar una cosa. Fernando pensó que por fin Maritere iba a
claudicar, pero se llevó un chasco cuando, tras aparecer su tatuaje, le pidió
que se volviera a subir los calzoncillos y los pantalones y que se sentara
enfrente de ella porque ya había comprobado lo que quería y le iba a hacer unas
cuantas preguntas:
- Fernando, por favor no me mientas. ¿Has visto
a Olga desde que se fue de Gandía?
- Sí, si que la he visto. ¿por qué me lo
preguntas?
- ¿Cuántas veces la has visto?
- No sé. Unas cuantas, pero ¿por qué me haces
esas preguntas?
- ¿Una vez a la semana?
- Si, más o menos. Más bien menos que más ¿Se
puede saber qué ocurre?
- ¿Te has acostado con ella? y si es que sí,
¿cuántas veces?
- Sí, si que nos acostamos y lo hacemos casi
siempre que nos vemos.
- ¿Cómo lo explicas?
- Muy sencillo Maritere. Tú y yo somos novios,
pero tú no quieres saber nada de que nos acostemos como hacen casi todas las
parejas. Bueno, en realidad todas las que conozco menos la nuestra, y yo acepto
lo que tú quieres porque tú eres la mujer. Olga y yo somos amigos, pero ella
quiere que seamos amigos con derecho a roce, cosa que ocurre también muy pocas
veces, y yo acepto lo que ella quiere porque ella es la mujer. Ya sabes que
prefiero dar gusto a las mujeres con las que estoy, siempre que no me caigan mal.
- ¡¡¡Vaya morro que tienes Fernando!!! Así que
como yo quiero llegar virgen al matrimonio tú te vas con otra que conoce tu
situación pero le apetece follar contigo.
- Sí, así es. Yo respeto tu libertad y también
la de Olga, pero a cambio espero que tú, y ella, también respetéis la mía.
- Y si yo te dijera que mis condiciones para
seguir juntos son que ni tú ni yo nos vayamos a la cama con nadie, hasta que
nos casemos, y que después de casarnos sólo vayamos con nuestra pareja, y que si
no lo aceptas, no deseo seguir contigo ¿qué responderías?
- Te respondería, y te respondo, porque no creo
que sea sólo una hipótesis, que respeto tu decisión pero tomo la única opción
que es compatible con hacer lo que yo deseo, por lo que cada uno tomaríamos, o
tomaremos, nuestro camino por separado. Sólo te pido que antes de decirme lo
que decides, lo medites, porque todavía tengo la esperanza de que cambies de
opinión.
- Fernando, no tengo nada que pensar al respecto
porque tengo las ideas muy claras: hasta aquí ha llegado nuestra relación,
porque yo no deseo tener una pareja infiel y, ni mucho menos, aceptar las
infidelidades. Tú, por tu parte, piensas de una manera totalmente distinta,
aunque me parece que tampoco aceptarías fácilmente que tu pareja te fuera
infiel a tus espaldas, de modo que lo mejor es que no nos volvamos a ver.
Fernando se fue y decidió ir a
Paterna para decirle a Olga que ya se había librado de Maritere. No la llamó
antes y, cuando se presento en su piso, a Olga no le gustó nada que lo hubiera hecho
sin previo aviso, de modo que le dijo que lo sentía mucho, pero que había
quedado por lo que se verían el miércoles siguiente, como de costumbre. No era
cierto que hubiera quedado, pero prefirió quedarse en su casa como tenía
previsto.
Llamó por teléfono a Maritere y le
contó la visita de Fernando y lo que le éste le había contado. Maritere no le
respondió de forma muy amigable porque no le parecía bien que se hubiera estado
acostando con su novio a sus espaldas y Olga, con su habitual desparpajo, le
dijo que ya se lo había avisado, pero que no se preocupara que el miércoles
siguiente, cuando viera a Fernando, le despediría definitivamente.
Maritere se imaginó la cara de
Fernando cuando recibiera la noticia, pero prefirió no saber nunca nada más de
ninguno de los dos, de manera que unos días más tarde cuando le explicó a sus
padres, sin entrar en detalles, que había roto con Fernando, aprovechó para
decirles que no tenía intención de volver al apartamento de Gandía, porque no
tenía ganas de encontrarse con él ni con nadie que le preguntara por lo
ocurrido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario