En el pasado mes de marzo
se consiguió, por primera vez desde que estos datos se publican, que la balanza
de pagos comercial de España tuviera superávit. La noticia es buena, muy buena,
porque es evidente que las exportaciones de bienes y servicios están
aumentando, y lo hacen con mayor intensidad que en los países de nuestro
entorno; signo inequívoco de que la competitividad española está aumentando a
buen ritmo.
También se reducen las
importaciones, aunque en este caso las causas son variadas:
- Una causa muy importante es la caída de la demanda
interna, que lógicamente afecta también a la cantidad de bienes y servicios
importados
- Otra causa, también importante, es la reducción
de la demanda de energía, derivada tanto de la menor actividad del conjunto de
la economía como del incremento de sus precios, especialmente para las familias.
La tremenda dependencia que tiene España de
las importaciones de energía ha hecho que su coste se haya reducido de forma
espectacular en los primeros meses de este año, y muy especialmente en marzo y
abril, por que se han unido los descensos de la demanda de energía primaria y
de su precio internacional, con el aumento espectacular de la producción de
electricidad eólica e hidráulica.
- Algo habrá influido también la sustitución en
la demanda interna de muchos bienes y servicios del exterior por los equivalentes
de producción nacional, debido a la mejora de la competitividad española ya
mencionada. La utilización de la capacidad productiva instalada es muy baja y,
por tanto, la inmensa mayoría de las empresas pueden aumentar de forma instantánea
su producción si aumentan los pedidos.
Sin embargo el gobierno ha
presentado la noticia, que insisto en que es muy buena, como el preludio de una
nueva etapa en la que la balanza de pagos comercial tendrá superávit de forma
habitual, y probablemente insistirá en este argumento cuando en abril muy
probablemente se repita la situación de superávit.
Esta forma de presentar la
noticia recuerda a los brotes verdes que hizo famosos la vicepresidenta
económica del último gobierno socialista, porque no se ha hecho la menor
mención al hecho de que en marzo, y también en abril, ha habido mucho más
viento y también ha llovido mucho más, no sólo respecto a la media mensual
desestacionalizada, sino también de lo habitual en marzo y en abril.
Es de esperar, en
consecuencia, que a partir de mayo las balanza comercial vuelva a ser
deficitaria y que el conjunto del año termine también con déficit. Pero hasta
que eso ocurra, los portavoces del gobierno y del PP podrán exponer sus recién
descubiertos brotes verdes.
¿No hubiera sido mejor
explicar las perspectivas reales, dando el énfasis justo a la indudable mejora que
el sector exterior está aportando a la evolución del PIB y a la balanza de
pagos?
¿No debería el gobierno
haber explicado también que la mejora de la competitividad se ha conseguido
exclusivamente por la reducción de los costes salariales derivada tanto de la
reducción de los salarios percibidos como del terrible aumento del paro?
¿Por qué el gobierno penaliza
la electricidad generada en España y favorece a la importada, no cargándola con
el impuesto del 7% que aquella tiene que pagar? ¿Por qué el gobierno abre la
puerta a que se introduzcan normativas autonómicas que penalicen, o prohíban, el
alquiler a turistas de las segundas viviendas de cientos de miles de familias
que tantas divisas proporciona? ¿Creerá que hemos entrado en una etapa de superávit
estructural de la balanza de pagos?
¿A que espera el gobierno
para reducir los gastos socialmente improductivos de todas y cada una de las
administraciones?
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