domingo, 5 de abril de 2020

Los Pactos de La Moncloa 2, una atractiva esperanza


Ayer, 4 de abril de 2020, el Presidente del Gobierno anunció, a la vez que la segunda prórroga del Estado de Alarma también de 15 días a la que seguirán otras prórrogas probablemente menos rígidas, su intención de proponer un acuerdo con todas las fuerzas políticas para alcanzar unos acuerdos parecidos a los de los Pactos de La Moncloa de 1977, con el objetivo de favorecer la reconstrucción de la economía española.

Aunque la situación española, tanto en los aspectos sociales como en los económicos o los políticos, es muy distinta en la actualidad, hay algunos aspectos del diseño de los pactos de 1977 que sería muy conveniente repetir si se desea un éxito similar al obtenido entonces.

El primer aspecto, absolutamente primordial, es el deseo real, y no solamente retórico, de que formaran parte de la elaboración y también de los acuerdos todos los partidos políticos con presencia parlamentaria, así como los sindicatos y patronales más representativos.

El segundo aspecto, también esencial, es que para cada mesa (social, económica y política) cada entidad componente nombre como representantes a sus personas mejor preparadas en los aspectos a discutir, siempre que además tengan un talante realmente negociador y una voluntad inequívoca de hacer posible unos acuerdos finales asumibles por todas las partes que los firmen.

Un tercer aspecto, que entonces me llamó poderosamente la atención por su novedad, pero que a la postre se reveló como un pilar fundamental del éxito final, fue la labor didáctica del representante del gobierno para los aspectos económicos, el Profesor Fuentes Quintana que era entonces el Ministro de Economía. Previamente al inicio público de las negociaciones fue publicando en El País durante varios domingos sucesivos unos artículos, de unas cuatro páginas cada uno, en los que explicaba de forma muy detallada la situación de la economía española y las soluciones que él consideraba más apropiadas para resolver, o al menos mitigar, cada uno de los problemas más graves que entonces tenía nuestro país, de forma que al iniciarse las negociaciones todo el mundo sabía cual era el diagnóstico de los principales problemas (en el que apenas hubo discrepancias) y cuales eran las propuestas concretas para resolverlos que proponía el Gobierno, propuestas que si que fueron muy debatidas y modificadas de forma relevante con las aportaciones de las distintas partes.

El resultado fue el de un éxito notable que, en el caso concreto de la economía llevó a una reducción espectacular de la inflación (que era del 32% anual en los doce meses anteriores a la publicación de los citados artículos y que crecía de forma acelerada mes a mes, y que tras la puesta en práctica de los pactos alcanzados bajó al 15% anual en unos pocos meses) pero también de una mejora relevante de la balanza de pagos, del crecimiento económico y del empleo que se empezaron a notar de forma clara un año después de la puesta en práctica de las medidas acordadas.

De los problemas económicos más agudos existentes en los dos momentos (1977 y 2020) sólo es común a ambas el tremendo desempleo, en tanto que el déficit de la balanza de pagos y el estancamiento económico eran problemas muy serios en 1977 y no lo son en los dos primeros meses de 2020, aunque la recesión que nos espera a partir de marzo de 2020 será sin duda de mucha mayor envergadura que el estancamiento que tuvimos en 1976 y 1977. En cuanto a los problemas actuales, que no lo eran, o no lo eran tanto, en 1977 hay que destacar la precarización creciente del mercado laboral, la insuficiencia crónica, pero además creciente de las cotizaciones sociales para cubrir el coste de las pensiones sin olvidar la necesidad imperiosa de actuar de forma decidida para corregir el cambio climático y otros desmanes medioambientales.

En cuanto a los problemas políticos, en 1977 era crucial avanzar con el menor coste social posible en la rápida democratización del sistema político y en la creación de un nuevo modelo impositivo que permitiera la mejora de la sanidad pública, la educación y las infraestructuras, objetivos que se alcanzaron razonablemente con la promulgación de la Constitución, primero, y su desarrollo después.

La aprobación del Estatuto de los Trabajadores en 1980 fue otro resultado, algo más lejano en el tiempo, del desarrollo de los pactos que permitió disponer de una normativa laboral que hizo posible un crecimiento relevante del empleo cuando la posterior reforma económica, promovida a principios de 1983 por Miguel Boyer, primer ministro de Economía del primer gobierno del PSOE, tuvo como consecuencia el primer ciclo de crecimiento relevante de la economía española durante la democracia.

En 2020 los problemas políticos son bien conocidos por todos, pero en mi modesta opinión, el principal problema a resolver para que unos nuevos pactos sean posibles es la ausencia de una voluntad real y efectiva de resolver los enormes problemas económicos, sociales y medioambientales a que nos enfrentamos. 

La declaración del Presidente Sánchez de promover unos nuevos pactos de la Moncloa, suponiendo que su voluntad sea sincera, tendrá que sortear en primer lugar el obstáculo previo de la previsible postura de no pocos representantes de otros partidos de decir que de acuerdo, pactos sí, pero siempre que incluyan mis propuestas de máximos como líneas rojas, postura que previsiblemente hará imposible la deseable firma de los pactos que resulten de una negociación leal y generosa por parte de todos los partidos parlamentarios, por lo que en el mejor de los casos nos tendremos que conformar con una firma limitada a unos cuantos partidos (que eso sí sumen entre todos una mayoría cualificada del Congreso) y a los principales sindicatos y patronales que previsiblemente no se descolgarían del acuerdo. Si éste fuera el resultado final, creo que nos podríamos dar por contentos porque la alternativa será de crisis todavía más larga y penosa que la que tendremos que pasar si esta atractiva esperanza llegara a ser una realidad.

lunes, 30 de marzo de 2020

Una propuesta para conocer la extensión del Coronavirus en España


Es conocida la manifiesta insuficiencia de los datos estadísticos existentes en la actualidad sobre la extensión e implicaciones del Coronavirus en el mundo y en particular en España. Por otra parte, sería muy importante disponer de un mapa lo más aproximado posible de la extensión del Coronavirus para poder tomar las decisiones pertinentes más allá del final de la pandemia desde el punto de vista sanitario.
 
La estadística y el método de encuesta son dos herramientas fundamentales para obtener esa información tan importante, por lo tanto la elaboración de una "macro encuesta" cuyo universo fuera la totalidad de los residentes en España sería una solución razonable y viable desde el punto de vista práctico, ya que bastaría tomar los datos de una muestra de algunas decenas de miles de personas, elegida eso sí cumpliendo todos los requisitos de aleatoriedad empleados en las encuestas más serias.

La "encuesta" tendría una novedad importante, ya que además de recoger los datos personales que se estimen necesarios para obtener la información que se considere relevante, los encuestados deberían someterse a los análisis clínicos necesarios para determinar su situación respecto al Coronavirus,  y clasificarlos indiciariamente en sin contacto con el virus, infectado asintomático, infectado con síntomas y, si es técnicamente posible, inmunizado.

Los resultados que se obtuvieran podrían servir para diseñar no sólo las políticas sanitarias más adecuadas para prevenir y estar preparados para un eventual rebrote futuro del mismo virus, o también para futuras epidemias o pandemias provocadas por otros agentes, sino también para diseñar las políticas de normativas, aspectos sociales y aspectos económicos que permitan bloquear primero y paliar después las consecuencias de futuros episodios de catástrofes de todo tipo.

Obviamente, una "macro encuesta" de este tipo debería ser promovida y dirigida por el Gobierno, y me temo que el principal obstáculo para su realización será la falta de voluntad política para llevarla a cabo derivada del evidente desconocimiento previo de los resultados que pudiera deparar.   

domingo, 29 de marzo de 2020

Parece que hay algunos motivos para el optimismo respecto al Coronavirus


Los datos publicados en los últimos seis días sobre la evolución de los afectados por el Coronavirus en España parecen indicar que está bajando el ritmo de crecimiento del número de personas que lo padecen. Esto significa que está más cerca el día en que el número de afectados activos será, días tras día, inferior al número de los afectados el día anterior.

Todo lo que voy a comentar en esta entrada está basado en los datos publicados por el Gobierno de España, datos que son manifiestamente incompletos y a veces algo inciertos por las siguientes causas:
a) El número de infectados considerados día a día es muy inferior al real, ya que son multitud las personas infectadas y con síntomas claros que no entran en la estadística porque no se les ha hecho la prueba.
b) Los datos añadidos cada día llevan un cierto retraso, como consecuencia del plazo necesario para realizar el análisis de las muestras tomadas y también por el retraso en trasladar a las bases de datos los resultados, retraso que puede ser muy diferente de unos casos a otros.
c) Se tiene la sospecha fundada de que existe un número elevado de portadores del virus que no desarrollan en ningún momento los síntomas que llevarían a indicar la conveniencia de hacer el análisis correspondiente.




Un primer vistazo al gráfico, si solo se miran las líneas de los casos acumulados (tanto de infectados como de casos activos) da la sensación de un crecimiento imparable, pero si miramos la línea de los nuevos infectados día a día podemos apreciar que en los últimos días está bajando la cifra, es decir cada día se añaden menos infectados que el día anterior, lo que es una muestra de que el problema está empezando a encauzarse.

Las curvas de los datos acumulados dan, a simple vista, la sensación de ser unas curvas exponenciales, pero no resulta fácil apreciar la evolución real. Hay una herramienta matemática que nos puede ayudar a analizar mejor la evolución y es el empleo de una curva en la que en vez del valor de los casos activos se ponga el logaritmo de ese valor. Si la línea se aproximara a una exponencial (cosa que en las magnitudes de la vida real es imposible que se produzca de forma indefinida) lo que obtendríamos sería una recta, pero en el caso que nos ocupa el resultado es bien diferente como puede apreciarse en el gráfico siguiente:
 
                   Logaritmo decimal de los casos activos en España 

Al analizar esta línea se puede apreciar lo siguiente:

Despreciando los primeros días, en los que los datos no parecen ser representativos, parece apreciarse una primera etapa, que termina el día 31 desde el primer infectado conocido, esto es el 27 de febrero, etapa en la que parece apreciarse algo muy parecido a una recta que indicaría una exponencial con una razón relativamente reducida.

A continuación se inicia una segunda etapa que dura hasta el día 48º esto es hasta el 14 de marzo en que se puede intuir otra recta con una pendiente mucho más elevada.

A partir de esa fecha, que aunque coincida con el inicio del estado de Alarma no puede estar relacionada con el confinamiento de una forma tan instantánea, se inicia una tercera etapa en la que durante algunos días se podría intuir una nueva recta con pendiente más reducida, pero que al cabo de esos días parece dar lugar a una curva con forma que en los próximos días podría ser de bóveda que, entonces sí, nos indicaría la proximidad del máximo de casos activos que, con suerte, ocurriría al final de la semana que empieza mañana.