domingo, 8 de octubre de 2017

Causas y efectos de los cambios de domicilio social de empresas catalanas


En los últimos días se ha producido el cambio de domicilio social de algunas de las empresas catalanas más importantes, y otras han manifestado su intención de hacerlo en el caso de que se produzca la anunciada declaración de independencia por parte del gobierno autonómico o de su parlamento.

La noticia ha despertado un gran interés, tanto que hay quien considera que los citados cambios de domicilio social serán un freno para la declaración de independencia mucho mayor que todos los autos y resoluciones judiciales, del Tribunal de Cuentas y del Tribunal Constitucional. El gobierno de la Generalidad apenas lo ha comentado, probablemente porque tema que a continuación se produzca una avalancha de cambios de domicilio social de empresas de todo tipo y tamaño, de empresarios y de autónomos que, como se verá más adelante podría suponer para Cataluña un descenso muy relevante de los ingresos autonómicos.

Las causas más importantes de los cambios de domicilio social y fiscal son las siguientes:


Inseguridad jurídica, derivada de la introducción de una legalidad paralela emitida por el Parlamento autonómico en materias para las que carece de competencias, que hará que los actores económicos incumplan necesariamente una de las dos, por lo que podrían ser investigados y multados o condenados, y, en el caso concreto de los principales impuestos, verse obligados a pagarlos dos veces si quieren evitar ser perseguidos por una u otra hacienda. Además, cabe esperar la aparición de lagunas legales que puedan perjudicar a los más débiles en beneficio de los que tengan más poder.

En el caso de los bancos, el riesgo es mayor aún ya que si continuaran con el domicilio social en Cataluña, se arriesgarían a perder la capacidad de financiación que les ofrece el Banco Central Europeo y a que sus clientes perdieran la garantía de Fondo de Garantía de depósitos en el mismo instante en que Cataluña dejara de formar parte de España.


Descenso de actividad. Aunque la propaganda de los independentistas lo niegue, y aunque sea imposible predecir a priori la cuantía de la pérdida de actividad, es obvio que una secesión unilateral supondría una reducción de las ventas de Cataluña al resto de España, ya que dejaría de formar parte del mercado único español y una reducción, probablemente inferior en porcentaje a la anterior, de las ventas al resto de países de la UE y también al resto de países con los que la UE tiene acuerdos de reducciones arancelarias. En el caso de los bancos, ya se estaba produciendo una salida de depósitos que cuando se iban a cuentas del mismo banco en otras comunidades autónomas no tenían ningún efecto relevante para el banco correspondiente, pero que en el caso del cambio a cuentas de otros bancos si que suponían un problema muy grave. Por ese motivo los dos bancos han hecho público su cambio de domicilio social, ya que con él se evitan los problemas citados.

Es obvio que también caerán, incluso en mayor porcentaje, las compras de los residentes catalanes al resto de España, pero como el volumen es muy inferior, el daño en valores absolutos también será inferior, lo que no supone que la economía del resto de España no se vaya a ver afectada de forma relevante.


Costes del cambio de domicilio social. El coste directo del cambio de domicilio social es muy reducido, especialmente cuando el nuevo domicilio se pone en una sede en la que ya está trabajando la empresa. Los costes indirectos pueden ser más importantes por la pérdida de clientes catalanes que no aprueben la operación.

En principio, el cambio de domicilio social podría hacerse sin que se tuviera que trasladar un solo trabajador. Sin embargo a medio y largo plazo no es difícil que las nuevas inversiones se realicen en mayor porcentaje en otras comunidades autónomas.


Beneficios del cambio de domicilio social. Los más claros y directos son la eliminación de la inseguridad jurídica y, sobre todo, la ausencia de presiones para pagar dos veces los impuestos.

Indirectamente, la pérdida de ventas se puede reducir de forma muy notable, tanto en el resto de España como en los países de la UE y en los que la UE tiene acuerdos arancelarios.


Límites de la posibilidad efectiva de cambio de domicilio social.
Evidentemente, cuanto menor sea el tamaño económico de la empresa o persona que se plantee el cambio de domicilio social o fiscal, mayores serán los costes y dificultades de realizarlo.

Para empresas, bastará con que tenga algún despacho en cualquier otra comunidad autónoma para que el cambio sea factible, ya que el trabajo a distancia ya no es un problema. En caso contrario, deberá analizar la posibilidad de montar un despacho en algún lugar que resulte conveniente.

Para los empresarios individuales y autónomos, la cuestión se complica ya que sería muy conveniente que cambiara su domicilio habitual ya que hoy es muy fácil comprobar si una persona vive realmente o no en su domicilio declarado


Efectos de los cambios de domicilio social ya realizados.
La institución más afectada, desde el punto de vista de sus ingresos, es la Generalidad de Cataluña, por lo que parecería razonable esperar que cambiara su actitud respecto a los contribuyentes catalanes.

El primer cambio debería ser el anuncio claro y contundente de la renuncia a la legislación paralela en todos los ámbitos y muy especialmente en los impuestos. Para que ese anuncio, si es que se produce, sea realmente efectivo, sería necesario que las mismas personas que han ido avisando a los empresarios medianos y pequeños de los males que les llegarían si de forma voluntaria no se avinieran a pagar los impuestos que corresponde liquidar en la AEAT en una cuenta del gobierno autonómico, se volvieran a reunir con ellas para decirles que lo mejor que pueden hacer, sin miedo a ninguna represalia, es continuar ingresando los impuestos en la AEAT.

El segundo cambio debería ser la vuelta a la gestión de las competencias autonómicas procurando mejorar la gestión y erradicar tan rápido como sea posible la corrupción y el despilfarro.



Efectos de los cambios de domicilio social en los ingresos por impuestos.

Cuando una empresa catalana cambia su domicilio social a otra comunidad autónoma, la Generalidad deja de recibir:
El 50% de los ingresos por IVA que se realizaban en su territorio y ahora pasan a realizarse en otra comunidad autónoma.
El 50% de los ingresos por Impuesto de Sociedades que se realizaban en su territorio y ahora pasan a realizarse en otra comunidad autónoma.
Además el ayuntamiento del antiguo domicilio social deja de percibir el 100% del IAE, en favor del ayuntamiento del nuevo domicilio social.   

Cuando un empresario o un autónomo catalán cambia su domicilio fiscal a otra comunidad autónoma, la Generalidad deja de recibir:
El 50% de los ingresos por IVA que se realizaban en su territorio y ahora pasan a realizarse en otra comunidad autónoma.
El 50% de los ingresos por la tarifa general del IRPF que se realizaban en su territorio y ahora pasan a realizarse en otra comunidad autónoma. Además deja de percibir el 100% de los ingresos por los incrementos autonómicos del IRPF que se realizaban en su territorio y ahora, sencillamente, dejan de realizarse.

Obviamente, la comunidad autónoma del nuevo domicilio fiscal recibe las cantidades que deja de recibir la comunidad catalana por IVA, Sociedades y por el tramo general del IRPF.
 

sábado, 8 de julio de 2017

No votaré (en el referendum ilegal de Cataluña)

A continuación transcribo el artículo de Xavier Sardà  publicado el 8 de julio de 2017.

He usado como base el texto en catalán. La traducción corresponde en su inmensa mayor parte a la versión castellana de El Periódico, pero me he permitido tres o cuatro cambios que, en mi opinión, reflejan mejor lo expresado en el texto catalán, que supongo que es el original.

Estoy de acuerdo en todo, absolutamente en todo, aunque en mi caso personal hay dos variaciones que no afectan al artículo: la primera es que yo no votaré, en primer lugar porque no estoy entre los elegidos a los que los convocantes conceden el derecho a voto, ya que soy español no residente en Cataluña, y la segunda que yo no recibí "hostias físicas y morales en el trabajo" porque por edad no pude recibirlas ya que empecé a trabajar en febrero de 1974 y no hubo ocasión para ello.


 NO VOTARÉ 
 
No votaré en el ejercicio de mi libertad personal. No votaré ante el Estado segregado
que se plantea. No votaré ante el dualismo que se perpetra. No votaré instado por una
parte del Estado que genera otro Estado. No votaré en la consulta de quien desobedece
para que le obedezcamos, ni en la de quien nos libra de una élite para entregarnos a otra.

No votaré por el burlesco trámite parlamentario a través del cual se nos concede votar.
No votaré por las reiteradas y cotidianas mentiras del 'brexit' doméstico. No votaré en
una consulta propuesta por los que confunden malintencionadamente el Gobierno de
Rajoy con España. No votaré no para no legitimar tanto sí dirigista y dirigido. No
votaré no porque me prefiero inútil a tonto útil. No votaré no porque no acepto
invitaciones de conocidos.

No votaré porque se cesa al discordante, se persigue al diletante y se excomulga al
discrepante. No votaré porque no quiero que me salven ni creyentes ni entusiastas, ni
vehementes ni capitostes, ni emancipadores ni filántropos.

No votaré porque en su primera línea la ley del referéndum alega el derecho a la
autodeterminación de Catalunya aludiendo a lo estipulado en unos Pactos de la ONU de
1966. Pues bien, el informe 4 del Consell Assessor per a la Transició Nacional explica
en su página 13 que, según la ONU, dicho derecho solo se refiere a "situaciones
coloniales".

Cuando muchos de estos adalides estaban aún por nacer o convertir, algunos ingenuos
recibíamos hostias físicas y morales en la calle y el trabajo. Aquella era una España
feroz
. Ahora es Caperucita. Así cualquiera puede jugar a Gandhi.

LA COMISIÓN DE VENECIA

No votaré porque apeláis a la Comisión de Venecia, y ella os quita la razón en todo. En
realidad, la Comisión dice que no deben celebrarse referéndums hasta un año después
de la promulgación de la reforma legal que los regule y que las autoridades no deben
usar fondos públicos para hacer campaña. Dice también que el referéndum debe
organizarlo un órgano imparcial y que las autoridades deben ser neutrales. No votaré
porque apeláis a la Comisión de Venecia cuando dice claramente que el uso de
referéndums debe cumplir con el sistema legal en su totalidad. Sí, dice que no es
necesaria participación mínima (excepto precisamente en los de independencia), y es el
único aspecto en el cual chuleáis de venecianistas.

No votaré porque creo que los funcionarios están ante una situación de inseguridad
jurídica
sin precedentes. No votaré porque creo que situáis a nuestra policía al borde
del abismo, de la división y de su intervención por Interior. No votaré porque si esto no
llega a buen puerto la frustración puede ser abismal. No votaré, además, porque os
desautoriza el Consell de Garanties Estatutàries.

lunes, 10 de abril de 2017

Haz como si me quisieras



I
Enrique se sorprendió, aunque no demasiado, cuando al mirar el correo se encontró con un mensaje, a través de LinkedIn que venía de una compañera de la facultad. El nombre no era especialmente común, Marisa Fernández Gallego y, desde luego, él no conocía más que a una persona que se llamara así. No debía vivir muy lejos de él, porque alguna vez habían coincidido en el metro, durante unas pocas estaciones, al ir a trabajar. Siempre sucedía cuando a él se le habían pegado las sábanas e iba con unos diez minutos de retraso y sólo coincidían durante cuatro estaciones, casi al principio de su viaje, y charlaban brevemente, por lo que él sabía que estaba viviendo con su novio de la facultad del último curso, relación que le había separado del grupo de compañeros que solían juntarse para ir a tomar unas cañas, aunque él no sabía todavía si el causante era él, o ella o, quizás, los dos.

Decidió leer el mensaje, que era muy breve, ya que se limitaba a decirle:

Hola Enrique, perdona que te moleste. Me gustaría que me llamaras lo antes que puedas.
Besos,
Marisa
Y a continuación añadía un número de móvil

Aprovechó lo que le quedaba de pausa para el café para llamarla y se encontró con una Marisa muy decaída:
-  Hola Marisa, soy Enrique. ¿Cómo estás?
-  Hola Enrique. Muchas gracias por responderme tan rápido. Como me imagino que estarás trabajando, seré muy breve: Me he quedado sin trabajo y sin casa y me gustaría saber si me puedes acoger en la tuya, aunque sea sólo por esta noche.
-  Cuenta con ello Marisa y será por el tiempo que necesites. ¿Qué te ha pasado? ¿Estás bien?
- Me llevará mucho tiempo contártelo así que prefiero hacerlo cuando hayas salido. Por cierto ¿a qué hora sales?
-  Los viernes salgo a las tres y llego a casa sobre las cuatro menos cuarto.
-  ¿Podríamos vernos allí a esa hora?
- Si, claro, allí nos veremos. Y mientras comemos me cuentas lo ocurrido ¿te parece?
-  Muchas gracias Enrique. No sabes el favor que me haces.

Enrique le dio la dirección y se disculpó por tener que terminar tan pronto la llamada, pero tenía una reunión y no podía demorarse.

Una vez terminada la reunión, empezó a darle vueltas a lo que podría haberle ocurrido a Marisa, pero como no lo sabría hasta que ella se lo contara, siguió con su trabajo esperando a que llegaran las tres para ir a casa y enterarse.


II
Por suerte, tenía el piso bastante ordenado e, incluso, tenía comida hecha para los dos, a falta de preparar una ensalada. Así que no le daría mala impresión a Marisa.

En realidad no sabría decir si eran amigos o no. Desde luego había sido una buena compañera, y en no pocas ocasiones habían compartido los apuntes. Pero como era muy guapa, y también simpática, tenía muchos pretendientes y Enrique no estaba por la labor de unirse a ese grupo. Cuando empezó a salir con Alfonso, que no era del curso, se separó del grupo fuera de las clases pero, curiosamente, fue a partir de ese año cuando tuvieron más relación, por la cuestión de los apuntes. Era simpática y le caía muy bien, pero no habían hablado a solas demasiado a menudo, por lo que él no tenía muy claro si eran solo compañeros o había algo de amistad.

A la hora prevista llegó al portal y allí estaba Marisa, que no llevaba más que una mochila que hacía la función de bolso. Él le sonrió al acercarse y ella le devolvió una sonrisa que era sincera aunque mezclada con los ojos llorosos que mostraban su estado de ánimo. Ella se abrazó a Enrique, mientras le daba las gracias, y él le dio ánimos y la invitó a pasar, mientras le decía que tendría que esperar a que preparara la ensalada para empezar a comer.

Ella le dijo que si le parecía bien, podían hacerlo a medias, por lo que la prepararon en un periquete y, ya en la mesa, Marisa le contó su situación.

-  Si ayer por la mañana nos hubiéramos encontrado en el metro, me hubieras visto como siempre, porque no tenía ni idea de lo que me esperaba.
Nada más llegar al trabajo nos convocaron a una reunión en la que nos dijeron que la empresa había decidido un cambio organizativo que suponía una reducción de plantilla del 40%. Los despidos eran inmediatos y, como te puedes imaginar, yo estaba entre los despedidos. Me dieron la carta de despido, acompañada de un cheque con la liquidación, y me dijeron que fuera a mi sitio sólo si tenía algún objeto personal y que me fuera a casa sin preocuparme por los trabajos en curso, cosa que me sorprendió bastante porque tenía un par de cosas de bastante envergadura a punto de terminar.
Como no tenía nada personal en mi mesa, porque variaba con mucha frecuencia, me fui a la puerta despidiéndome de las personas con las que me cruzaba. Mi jefe estaba presente y sabía lo de los trabajos pendientes, pero no hizo el menor ademán de hablarme, por lo que decidí irme sin darle la memoria USB que llevaba en la mochila con las últimas versiones, prácticamente terminadas, ya que ese día vencía el plazo para entregarlas. Si quería algo, ya me llamaría, aunque lo más probable es que no lo hiciera.
Me fui a casa y empecé a darle vueltas a la nueva situación. Esperé a que Alfonso llegara a casa para contárselo y lo que no me podía imaginar era su reacción. Cuando terminé de contarle lo ocurrido, me dijo:
    "Marisa, lo siento por ti, pero tienes un problema. Mañana es día uno y una de dos, o me pagas todos los gastos del mes, incluida una provisión para los servicios, o a mediodía coges tus cosas y te vas, porque yo no voy a mantenerte ni a dejarte que vivas aquí sin pagar. Si tienes ahorros y quieres seguir como hasta ahora, mientras puedas pagar todos los gastos puedes hacerlo, pero pagando cada mes por adelantado y en las salidas que hagamos juntos, también me tendrás que pagar por adelantado lo que vayamos a gastar"
   Yo le respondí que, la verdad, no me esperaba de él esa reacción. Nunca me imaginé que fuera tan materialista, ni que careciera de sentimientos, así es que le dije que me iría de su casa antes de las doce.
Por descontado he dormido en otra habitación y me he levantado cuando él ya no estaba. Me ha dejado en la mesa de la cocina su estimación de los gastos que no había pagado todavía y le dejé el dinero al irme, para no tener que volver a hablar con él. He dormido poco y mal, y le he dado muchas vueltas a la cabeza. Por suerte tengo algunos ahorros y confío en encontrar pronto algún trabajo, porque si no, me veré obligada a volver al pueblo, a casa de mis padres, y la verdad es que no me apetece nada.
He pensado que quizás tu estarías dispuesto a echarme una mano, durante unos días, mientras busco una habitación en un piso compartido, y por eso me decidí a escribirte, y no sabes cómo te agradezco tu respuesta, tan rápida y amable.

- La verdad, Marisa, es que es un palo tremendo, y tu cara lo muestra claramente. Puedo entender la sorpresa que te llevaste con el despido de la empresa, pero la reacción de Alfonso esa sí que me parece alucinante.
   Tendremos que hablar un poco de cómo organizarnos aquí mientras estés, pero por mi parte no te tienes que preocupar. Puedes quedarte hasta que encuentres trabajo y no te pediré que me pagues nada hasta que vuelvas a tener ingresos. Tampoco te tienes que sentir obligada a que salgamos juntos, aunque para empezar, si lo quieres, podrás venir cuando vaya con los de la Facultad. Seguro que estarán encantados de volverte a ver.
Ahora, lo más importante es que te dediques a buscar trabajo sin perder ni un minuto, y también a rehacer tu vida. Pero deberías empezar a comer algo, porque no te has tomado ni la mitad de la ensalada, salvo que el motivo sea que no te gusta nada la ensalada.

Continuaron la comida y Enrique procuró llevar la conversación a otros temas para que Marisa se fuera tranquilizando. Después de comer la acompañó a su coche para recoger sus cosas y Marisa se convenció de que era mejor no ir ese fin de semana a su pueblo, ya que no lo tenía previsto.

Cuando llegó la hora de cenar, Enrique le dijo que había quedado con varios de la Facultad, pero ella prefirió no ir porque estaba muy afectada, y prefirió quedarse ordenando sus cosas. Cuando volvió, hacia medianoche, ella todavía estaba despierta y con ganas de hablar, sobre todo para agradecerle lo bien que se estaba portando con ella, cuando nunca antes habían tenido una relación demasiado próxima.

     III

Pasaron unos meses y tras varios procesos de selección, Marisa encontró un trabajo no muy diferente del anterior aunque, por fortuna para ella, algo mejor pagado. En ese tiempo se había fraguado una relación de amistad sincera entre los dos, que en el caso de Marisa llevaba añadida una enorme gratitud, porque le había facilitado mucho la recomposición de su vida.

Un viernes, cuando ya había cobrado el primer sueldo del nuevo trabajo, Marisa se decidió a hablar con Enrique para revisar su situación. Ella había entendido que él esperaba que, sin prisa pero sin pausa, ella se buscara otra vivienda, pero Marisa estaba muy a gusto compartiendo el piso con Enrique. Desde luego ya no había ningún motivo para que ella no pagara su parte de los gastos, pero temía que Enrique prefiriera volver a vivir solo.

Preparó una cena que sabía que a él le gustaba y, previamente, le había preguntado si le podía dedicar el resto del día. Enrique se imaginaba algo, porque desde los primeros días nunca habían vuelto a hablar de las condiciones de la estancia de Marisa. Para él era obvio que, por fortuna, la Marisa actual nada tenía que ver con la que llegó por primera vez a su casa y sabía que, antes o después, alguno de los dos tendría que sacar el tema.

Después de cenar, Marisa se puso sentimental y comenzó a decirle lo agradecida que estaba por como la había acogido. También le comentó lo contenta que estaba por la amistad que había surgido entre los dos, amistad que le había ayudado muchísimo a superar el bache que había pasado y le preguntó si le podía hacer una propuesta para el futuro:
-  Propón lo que quieras, y salvo que sea una burrada, lo más probable es que la acepte, porque ya sabes la enorme influencia que tienes sobre mí. Como te puedes imaginar, yo también te estoy muy agradecido por la alegría que has traído contigo; no desde el primer momento, claro, pero si desde hace ya varios meses. Así que estoy deseando escuchar tu propuesta.
-  Cuando me acogiste en tu casa, me quedó claro que podía quedarme mientras no tuviera trabajo. Ahora lo tengo y por lo tanto hay que volver a plantear la cuestión. A mí me gusta vivir contigo y me gustaría seguir aquí, aunque como te puedes imaginar contribuyendo económicamente con la mitad de los gastos, más una cantidad razonable en concepto de alquiler, así que espero que aceptes mi presencia con esas condiciones.
-  Me parece bien lo que propones; a mí también me gusta tenerte de compañera de piso, así que sólo falta es que tú pongas las condiciones económicas.
-  Yo esperaba que fueras tú el que las pusieras, por lo que no tengo nada pensado. Miraré lo que se paga por aquí y te lo diré. ¡Qué suerte que también tú quieras compartir el piso conmigo!. ¡Esto hay que celebrarlo! pero me gustaría hacerlo en la intimidad de nuestra casa, porque ya puedo decir que la compartimos ¿no?
-  Lo podías decir desde el primer día y respecto a la celebración, la haremos como tú prefieras. Me has pedido que te dedique el resto del día y me pongo en tus manos. Lo que quieras hacer, lo haré con mucho gusto.
-  De momento, una vez que recojamos la mesa, me gustaría que bailáramos un poquito. Nunca lo hemos hecho y no me explico por qué.
-  Pues a mí me parece que es bastante sencillo de explicar. Los primeros cursos había una cola tremenda para bailar contigo, y no me apetecía competir con tantos chicos que te iban detrás. Después te enrollaste con Alfonso y él te acaparó hasta separarte del grupo. Y cuando viniste aquí, estabas tan machacada que no te lo pedí por si no te apetecía y te sentías obligada. Pero ahora no te ocultaré que me encanta la idea y que no se me ocurre nada mejor para empezar esta velada. Así que, si te parece, vamos a recoger y nos ponemos a bailar la música que tu prefieras.

Estuvieron bailando un buen rato, después se sentaron en el sofá a charlar, pero abrazados, y al cabo de un rato Marisa decidió indicarle la dirección de su habitación y allí pasaron el resto de la noche haciendo el amor hasta que se durmieron.

IV

Durante el año siguiente las visitas al otro dormitorio se fueron haciendo cada vez más frecuentes, pero sin perder la libertad para ir con quien quisieran. Otro viernes Marisa le pidió una velada en exclusiva porque había decidido declararle su amor.

Pero el amor no era compartido por los dos. Marisa se había ido enamorando de Enrique, pero para él Marisa era una amiga del alma, con la que siempre estaba bien, pero no estaba enamorado, y así se lo explicó.

Ella le preguntó que con cuantas se había acostado desde que lo hiciera con ella por primera vez y la respuesta fue que con ninguna, porque ninguna le atraía como ella; pero no quería engañarla y su sentimiento era el de una profunda amistad unida a una atracción sexual muy intensa.

Marisa se lo pensó y mientras le acariciaba le dijo:
- Una vez más, permíteme que te haga una propuesta. Te agradezco tu sinceridad, pero aún sabiendo lo que sientes me gustaría tener una relación más estrecha contigo, de modo que, por favor, haz como si me quisieras. No hace falta que me digas que me quieres, pero por favor no me digas que no me quieres y si un día te cansas de esa relación, sencillamente dímelo y actuaremos en consecuencia.
-  De acuerdo Marisa, así lo haremos. No creo que haya gran diferencia respecto a la situación actual, salvo que compartiremos la cama, ¿no?
-  Sí, si tu lo quieres.

La vida siguió y sus amigos no salían de su asombro. Aunque no eran pareja, Marisa se quedó embarazada dos veces y tuvieron dos niñas y se comportaban como un matrimonio de los muy enamorados. Cuando las hijas se habían emancipado, un día Enrique le pidió a Marisa compartir una velada. Preparó una cena especial y una vez terminada, le dijo a su pareja:
-  Marisa, hace treinta años que vivimos juntos y estoy encantado de como nos ha ido. Poco a poco, sin apenas darme cuenta, me he ido enamorando de ti. No me preguntes desde cuándo, porque no lo sé, pero creo que  después de que nacieran las niñas. Aunque no hemos vuelto a hablar del asunto, lo cierto es que desde hace tiempo no actúo como si te quisiera, porque estoy enamorado de ti, y quiero que lo sepas y que, si tú sigues enamorada, podamos decidir ser una pareja comprometida.
-  Pues si que has tardado en decirlo. Tanto que, ahora, la que ya no está enamorada soy yo, y no te quiero engañar. Parece que nuestro sino es mantener este extraño tipo de pareja, que por raro que sea parece tener una solidez muy superior a la de la mayoría de las parejas convencionales.
-  ¿Puedo preguntarte si es porque estás enamorada de otro?
-  No seas tonto Enrique. Si así fuera, ya lo sabrías. No, nunca desde que estamos juntos he ido con otro, ni he tenido ganas de hacerlo.

Enrique se quedó pensativo y mientras la acariciaba le dijo:
- Marisa, permíteme que esta vez sea yo el que te haga una propuesta. Te agradezco tu sinceridad pero aún sabiendo lo que sientes me gustaría mantener contigo la relación tan estrecha que hemos tenido hasta ahora, de modo que, por favor, haz como si me quisieras. No hace falta que me digas que me quieres, pero por favor no me digas que no me quieres y si un día te cansas de esta relación, por favor dímelo y actuaremos en consecuencia.
-  De acuerdo Enrique, así lo haremos. Me parece que ahora me toca decir a mí que creo que no habrá ninguna diferencia respecto a la situación actual ¿no?