viernes, 1 de mayo de 2020

¿Qué nos espera en la "Nueva normalidad"?


El Gobierno ha empezado a llamar "Nueva Normalidad" al periodo que comenzará cuando termine el Estado de Alarma. Podría pensarse que algunas cosas, desde el punto de vista de los derechos y obligaciones legales, cambiarán cuando llegue ese momento y que esos cambios serían lógicos si estuvieran encaminados exclusivamente a prevenir posibles rebotes de esta pandemia o la aparición de otro tipo de pandemias, corrigiendo errores que se han detectado de forma palmaria estos últimos meses.
 
Sin embargo, ante la falta de definición de ese concepto, que sin embargo repiten machaconamente para que pronto nos parezca algo ya conocido y asentado en la legalidad vigente, y también ante la dificultad de responder de una forma clara y concisa a las previsibles preguntas de algunos periodistas al respecto, las opciones que cabe imaginar son básicamente dos:
a) No tienen la menor idea de las cosas que tendrán que cambiar.
b) Si que saben al menos las principales cosas que quieren cambiar, pero no se atreven a decirlas porque la sociedad quedará muy descontenta cuando se entere.

En la rueda de prensa de ayer 30 de abril, destinada a explicar las fases del proceso que ellos llaman de alivio de las medidas del Estado de Alerta, el ministro pasó olímpicamente de responder en sucesivas ocasiones a sendas preguntas de varios periodistas, que querían saber que pensaba hacer el gobierno en el caso de que alguna de las prórrogas del Estado de Alarma que faltan por aprobar, fuera rechazada por el Congreso.

Al final supongo que se sintió obligado a decir algo, posiblemente porque pensara que la falta repetida de respuesta pudiera tener un efecto muy negativo en la opinión pública, y dijo algo que aunque es obvio, da que pensar: Si no se aprobara la prórroga, entonces ya no sería posible mantener las limitaciones de los derechos fundamentales y habría que cargar con las consecuencias.

La respuesta, al margen de despejar la duda de si el ejecutivo tiene pensada una alternativa de actuaciones para ese caso, que parece que no la tiene, seguramente deja aún más preocupada a la opinión pública, porque parecería que el gobierno le ha cogido el gusto a gobernar sin tener en cuenta los derechos fundamentales que nos otorga la Constitución de 1978.

Uno de esos derechos fundamentales, ligado al derecho a la propia salud, es el derecho que nos asiste a todos de conocer en qué situación nos encontramos cada uno respecto al Coronavirus, en el sentido de saber, además de si estamos padeciendo la enfermedad o no, si tenemos anticuerpos de "largo plazo" o si por el contrario carecemos de ellos, seguramente por no haber tenido ningún contacto con ese virus

Este derecho no está reconocido, de hecho, en la actualidad, ya que el ministro lo dijo claro: No se tiene el derecho individual a que se le haga la prueba si no es por la decisión discrecional del sistema sanitario público, ya que el sistema privado carece de la potestad de realizar las pruebas, ni siquiera cuando sus médicos lo prescriban y aunque dispongan de medios para hacerla que no hayan sido solicitados por el sector público, y mucho menos lo puede solicitar el ciudadano que considere oportuno conocer su situación aunque no tenga síntomas de padecer la enfermedad.

La anulación de este derecho quedará sin efecto cuando termine el Estado de Alarma, salvo que el gobierno pretenda anularlo al iniciarse la "Nueva Normalidad" inventándose alguna Orden Ministerial.

¿Que otros derechos fundamentales pretenderán negarnos en aras de evitar el supuesto riesgo de pandemia?

Se me ocurre que podrían aprovechar la ocasión para limitar el derecho a la libre circulación, o instituir la obligación de estar permanentemente controlados en lo que se refiere a nuestra ubicación geográfica, o limitar el derecho a estar con nuestros familiares (ya sabemos que para la ministra de educación los hijos no son de los padres) pero quizás añadan que los hijos no tienen derecho a estar con sus padres o con sus abuelos, o que solo tendrán este derecho bajo estricta supervisión gubernativa, por el alto riesgo que supone.

Probablemente se les ocurra que no deben hacerse paellas, ni barbacoas ni calçotades colectivas y que las reuniones familiares deberán ser autorizadas a partir de las cinco personas (u otra cifra que se les ocurra)

Mucho me temo que el Gran Hermano y el Ministerio de la Verdad imaginados por Orwell cada día están más próximos a controlar nuestras vidas de forma asfixiante.

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