Los
últimos datos disponibles del Banco de España de la deuda española con el
exterior se refieren a finales del primer trimestre de 2016. Estos datos reflejan
que desde hace dos años la ruptura de la tendencia al descenso de la deuda
iniciada en 2012. La deuda total registrada al final de marzo de 2016 ha sido de
1,84 billones de euros, 300.000 millones de euros mas que en el tercer
trimestre de 2007, momento en el que se redujo drásticamente el ritmo de
incremento de los préstamos del exterior a los agentes españoles, por lo que puede considerarse el inicio de la crisis que
todavía padece España.
A
pesar de que se habla muy poco de este indicador, no porque no sea muy
importante, sino porque los políticos tienen terror a admitir que junto a la
parte muy positiva de permitir una financiación adicional a la economía sin la
que el crecimiento sería muy inferior, supone un riesgo muy elevado de recesión
si por cualquier motivo los prestatarios extranjeros dejaran de permitir que
siguiera creciendo, como ya ocurrió desde el cuarto trimestre de 2007 hasta el
primer trimestre de 2012. Y esta posibilidad es para ellos uno de los peores
escenarios porque les obligaría a hacer una política de ajuste fiscal muy
restrictiva, ya que todo lo que no presten desde el exterior en un plazo muy
breve tiene que ser compensado por una reducción equivalente del gasto público
o un aumento de la recaudación impositiva o, lo que es más probable, una mezcla
de los dos
La
evolución de este importante indicador se puede apreciar de forma muy intuitiva
en la gráfica siguiente, en la que se presenta la variación de la deuda total
española con el exterior en los cuatro trimestres anteriores al trimestre de
referencia.
Como
se puede apreciar en la gráfica anterior, desde el año 2000 la economía
española venía aumentando cada año su deuda externa total en unos cien mil
millones de euros anuales. Esta cifra ya era muy elevada, porque este
incremento de deuda se dedicaba en su mayor parte al gasto, o a inversiones muy
poco o nada productivas, lo que de hecho suponía que el país estaba viviendo
muy por encima de sus posibilidades (en una cuantía aproximada al 10%)
En
2004 la deuda externa aumentó en casi ciento veinticinco mil millones y esta
cifra siguió aumentando año a año hasta llegar a un máximo de doscientos ochenta
mil millones de euros en 2006 seguidos de doscientos veinticinco mil millones
de euros en 2007 (siempre con datos referidos a la variación entre el primer
trimestre de un año respecto del mismo trimestre del año anterior) A partir de
2008 el incremento anual se redujo drásticamente (hasta 130.000 millones en
2008, 100.000 millones en 2009 y 80.000 millones en 2010. La deuda se redujo por
primera vez (en 70.000 millones) en 2011 y volvió a aumentar en una cifra
similar en 2012. En 2013 y 2014 volvió a reducirse en 45.000 y en 65000
millones respectivamente, en 2015, año electoral, volvió a aumentar en la nada
despreciable cantidad de 110000 millones y en 2016 el aumento se ha reducido a
la mitad (55000 millones).
La
variación registrada en el conjunto de los cuatro últimos trimestres (54.961
millones de euros, equivalentes al 3,1% de la deuda total de un año antes) ha
sido muy distinta en cada uno de los sectores considerados: las
Administraciones Públicas han registrado en un año un incremento del 2,9% en su
deuda externa, el conjunto de las instituciones financieras la han aumentado en
el 10,7%, y el resto del sector privado (empresas no financieras y familias) ha
registrado una caída del 6,3%. Sin embargo, debe hacerse notar que una parte relevante,
pero no claramente conocida, de la deuda externa de las entidades financieras,
se emplea en adquirir deuda pública española, motivo por el que no es fácil
saber en qué medida las instituciones financieras han aumentado realmente su
deuda externa para fines distintos a la compra por su parte de deuda pública
española.
Lo que si es claro es que, respecto a
un año antes, el endeudamiento exterior conjunto de las administraciones
públicas y del sistema financiero han aumentado en unos 90000 millones de
euros.
Los
problemas que quedan por resolver en la economía española no son pocos, y a
pesar de ello, España debería iniciar lo antes posible una senda de reducción
progresiva de su deuda con el exterior, similar al proceso continuado de
reducción de la deuda externa del sector privado, excluidas las instituciones
financieras, si no se desea estar permanentemente expuestos a una recesión como
la padecida a partir de finales de 2007 y este proceso solo se podrá llevar a
cabo si no se termina previamente con el déficit público.
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