lunes, 20 de abril de 2020

¿ABORTADA UNA BUENA NOTICIA SOBRE EL CORONAVIRUS:? EL 14 DE ABRIL TODO APUNTABA A QUE HABÍA COMENZADO EN ESPAÑA EL DESCENSO DE LOS CASOS ACTIVOS


Antes de empezar a explicar las razones de que piense que el cambio de la serie de datos que publica el gobierno es un cambio que se está usando para justificar la ampliación del Estado de Alerta anunciado el sábado 18 o, quizás, las sucesivas ampliaciones ya que en su anuncio el presidente apuntó a que no es seguro que este próximo verano podamos ir de vacaciones quisiera empezar por indicar que el cambio no explicado es el de un descenso implícito de 1834 personas en el número de casos activos que se deducen de los datos publicados por el gobierno el 17 de abril, al que en días sucesivos siguió un aumento bastante menor al habitual del número de casos activos en los dos días siguientes, 18 y 19 de abril, seguido de otro algo menor también al habitual (aunque no sea tan extraño al corresponder a un domingo) en los datos publicados hoy 20 de abril de 2020.


Pero esta sucesión de datos, aparentemente anómalos, ha terminado con la tendencia anterior que hasta el 14 de marzo sugería que ya había comenzado en España el descenso del número de casos activos y ha dado paso a una nueva serie que nos llevará seguramente a una "meseta", largamente anunciada en las ruedas de prensa diarias, que tendrá una duración todavía impredecible, pero probablemente larga, antes de que se inicie el esperado descenso del número de casos activos.


A fin de que nadie considere este escrito un bulo ni una crítica al Gobierno sin fundamento suficiente, creo pertinente dar unas informaciones que maticen, con algunas dudas razonables, la satisfacción que tuve el 14 de marzo al haber llegado entonces a la conclusión de que se había iniciado el descenso del número de casos activos o se estaba muy cerca de ese punto, ya que si la serie de datos hubiera continuado siendo homogénea, probablemente a estas alturas estaríamos ya con una serie que indicaría estar ya en la fase descendente referida al universo de casos estadísticos publicados hasta el 14 de abril.


Asimismo deseo aclarar que todos los datos numéricos que he usado en este análisis están basados únicamente en los datos diarios publicados por el Gobierno en lo que se refiere a casos acumulados de infectados, fallecidos y curados. Con ellos calculo diariamente el número de nuevos casos de cada grupo y también del acumulado de casos activos, definidos éstos como el resultado de los activos del día anterior más los nuevos casos infectados menos los fallecidos y los curados, también en el día anterior.


Todos somos conscientes de que en todos los grupos faltan muchas personas no contabilizadas, enfermos con síntomas claros o no tan claros que pasan la enfermedad en sus casas sin que se les haya realizado prueba alguna y fallecidos que tenían esos síntomas pero a los que no se les realizó la prueba ni en vida ni después de muertos, pero no es menos cierto que la estadística era fiable hasta el 17 de abril, al margen de los retrasos en incluir algunos casos especialmente durante los fines de semana, aunque eso sí el universo de personas incluidas se limitase hasta entonces a aquellas que dieron positivo en algún análisis realizado en un centro hospitalario, que hubiera llevado a su ingreso, ese hecho no impedía, en mi humilde opinión, que su evolución pudiera servir de referencia válida para estimar el estado en que se encontraba la pandemia.


Por otra parte, como solo se llevaba un día con reducción del número de casos activos, el día 13 de abril ya que los datos se publican al día siguiente, había que tener todavía mucha prudencia, aunque no hubiera nada que hiciera esperar que se produjera un rebrote de la enfermedad en nuestro país durante las semanas siguientes.


Para analizar los datos, dado el tipo de curva esperable para la evolución diaria de los casos activos, que es parecida a una distribución normal, o campana de Gauss, me parece conveniente utilizar también la serie del logaritmo de los valores de los datos a analizar. El motivo no es otro que intentar poner de manifiesto los tramos de la curva que tienen el comportamiento de una curva exponencial, que no son fáciles de apreciar a simple vista en la serie de datos inicial, pero que al mirar la curva del logaritmo del valor se convierten en tramos de rectas, cuya pendiente nos da una idea del ritmo de crecimiento homogéneo en el periodo de tiempo en que esa recta se mantiene.

Para analizar los datos, dado el tipo de curva esperable para la evolución diaria de los casos activos, que es parecida a una distribución normal, o campana de Gauss, me parece conveniente utilizar también la serie del logaritmo de los valores de los datos a analizar. El motivo no es otro que intentar poner de manifiesto los tramos de la curva que tienen el comportamiento de una curva exponencial, que no son fáciles de apreciar a simple vista en la serie de datos inicial, pero que al mirar la curva del logaritmo del valor se convierten en tramos de rectas, cuya pendiente nos da una idea del ritmo de crecimiento homogéneo en el periodo de tiempo en que esa recta se mantiene.



Al analizar la curva del logaritmo de los casos activos, despreciando los primeros días por el escaso número de casos que había, podemos apreciar los siguientes tramos:


Un primer tramo, que sigue el trazado de una recta que va desde el día 31 de enero (6 casos activos) hasta el 26 de febrero (16 casos activos), en el que la recta que se sugiere tiene una pendiente relativamente moderada, con un incremento de los casos activos del orden del 3,8% diario. Relativamente moderada, porque de haberse mantenido habría supuesto un crecimiento del número mensual de casos activos del 210% esto es, algo más del triple de casos cada mes respecto a los del mes anterior.


A continuación sigue un segundo tramo que va hasta el día 15 de marzo (7120 casos activos) que sugiere una recta de pendiente mucho más elevada, que supone un aumento de casos del 43,1% diario. De haber continuado este ritmo, cosa que habría ocurrido algunas semanas más si no se hubiera hecho nada distinto a lo que ya se hacía para limitar el contagio, al cabo de un mes habría llevado a un número de casos activos tremendo (unas 730000 personas, sólo con 13 días más sin confinamiento).


El tercer tramo, que ya no se aprecia tan claramente como una recta llegaría hasta el 26 de marzo (54274 casos activos) que sugiere una recta de pendiente más moderada, que supone un aumento de casos del 16,9% diario.


A partir de ahí, la gráfica ya no sugiere más rectas, sino directamente el inicio de la cúpula y parecía haberse alcanzado el número máximo de activos el 13 de abril, (87281 casos activos) momento a partir del cual era de esperar que se iniciase la parte descendente de la cúpula.


Es probable, aunque solo los datos reales habrían permitido comprobar si esa hipótesis se acercaba a la realidad o no, que el descenso no hubiera sido muy diferente del ascenso desde el 15 de marzo, fecha en que se inició el confinamiento, salvo quizás cuando se reflejasen los efectos del incremento de confinamiento de Semana Santa, cosa que podría haber ocurrido en principio con el mismo retraso que tuvo el primer confinamiento que podríamos cifrar en los trece días que se tardó en tener los primeros efectos del mismo. Sin embargo, se da la circunstancia de que esa fecha habría coincidido, en la práctica, poco más o menos con el día de máximo número de casos activos, lo que habría hecho muy difícil detectar ese efecto que habría supuesto, eso sí, un adelanto del día del máximo número de casos activos por la mayor rigidez del confinamiento en el periodo de la Semana Santa, adelanto del que el número de días conseguido no habría sido fácil de determinar.


Si el descenso se hubiera producido a un ritmo similar al ascenso, se habrían necesitado unas cuatro semanas más para tener una reducción drástica del número de activos que hubiera podido dar lugar entonces a una finalización, o casi finalización, del confinamiento, aunque hubiera seguido siendo muy recomendable el mantenimiento de determinadas medidas de precaución.


Pero todas las consideraciones anteriores ahora se quedarán en el mundo de las hipótesis difícilmente contrastables, dado que el Gobierno ha decidido ir añadiendo casos, tanto del número de infectados, como del de fallecidos y, probablemente en el futuro también lo hagan con el número de curados; todo ello con unos criterios no especificados que harán muy difícil contar con una serie homogénea que permita hacer un análisis serio de la evolución de la pandemia.


Es obvio que la tarea de recomponer una serie que desde el primer momento incluya los casos de todas las situaciones analizadas aplicada, con criterios homogéneos, a un universo mucho más amplio (que preferiblemente debería incluir a todos los residentes en España) será una tarea ardua y costosa, que difícilmente encargará un gobierno tan acostumbrado a limitar la información facilitada a la sociedad, cuando esta información no le parece favorable para sus propios intereses políticos.


Para realizarla, y para establecer en concreto aquellas relaciones que no sea posible cuantificar con las estadísticas puras que se obtengan por la adición de la información de todos los casos individuales que se puedan conocer, habría que contar en primer lugar con los resultados de la macro encuesta ya anunciada, aunque todavía, que se sepa, no iniciada, que tomaría los datos de unas 60000 personas elegidas por el INE por un método aleatorio que maximice su representatividad.


Pero, además, se tendrán que añadir a los datos ya contabilizados en la serie publicada hasta ahora los siguientes nuevos datos referidos a todo el periodo de la pandemia:


En cuanto a los infectados, los de todas aquellas personas que comunicaron en su día a los diferentes servicios médicos, tanto públicos como privados, síntomas suficientes para diagnosticar el coronavirus con una alta probabilidad, aunque no se les hubiera realizado el análisis correspondiente y por tanto no figuren en la serie actual.


En cuanto a los fallecidos, los de todas aquellas personas para las que en su certificado de defunción consten, en los casos en que no haya habido análisis con resultado positivo, síntomas suficientes para considerar altamente probable que hubieran padecido esta enfermedad.


Este es un aspecto especialmente delicado, dada la sensación de abandono de las familias afectadas a las que, aparte de no haber podido despedirse ni hacer el funeral habitual en nuestras costumbres, se les niega la confirmación oficial de que sus seres queridos hayan fallecido por el coronavirus o por sus complicaciones. Sensación de abandono mucho más clara cuando a pesar de los síntomas claros no se les hizo en su día la prueba ni se les dio el tratamiento más conveniente (en no pocas ocasiones por la falta de medios apenas reconocida aunque en la realidad fuera muy grave como conocen de primera mano los sanitarios) cuando no se les aplicó la terrible recomendación de no ingresarles en la UCI por tener más de 80 años. Lo mas triste sería que el posible objetivo final de esta falta de delicadeza pudiera ser únicamente el de presentar unas estadísticas de mortalidad inferiores a la realidad.


En cuanto a los curados, todas las personas que habiendo estado incluidas en el grupo de infectados, hayan pasado la enfermedad fuera de los centros hospitalarios y por lo tanto carezcan de alta médica. La fecha de curación, como una aproximación razonable, podría obtenerse sumando a la fecha en que advirtieron los primeros síntomas el número medio de días que los expertos determinen para su curación cuando no hayan necesitado hospitalización.


Finalmente para estimar las cifras globales de afectados, habría que sumar a los asintomáticos que se podrán estimar en función de los resultados de la ya citada macro encuesta, salvo que finalmente se proceda a un análisis universal de todos los habitantes, o al menos de la inmensa mayoría, que aconseje cambiar ese número si las diferencias con los resultados de la macro encuesta fueran relevantes.


La adición de los asintomáticos es muy importante de cara a conocer la mortalidad global de la pandemia en esta fase temporal, en sus diferentes versiones de referencia (población total, población afectada y población hospitalizada) y asimismo lo será para tomar las medidas que se consideren oportunas para prevenir, y en la medida de lo posible evitar, un rebrote de la pandemia en la próxima temporada otoño/invierno y también en los años siguientes.


Por todas estas razones, sinceramente estoy convencido de que los cambios introducidos en las series obedecen al interés de hacer muy difícil que se pueda llevar a cabo un análisis independiente, pero a la vez serio y ponderado, de lo que está ocurriendo en nuestro país especialmente en el aspecto de definir cuales son las medidas más adecuadas para llegar al necesario equilibrio para minimizar los daños presentes y futuros que estamos teniendo y tendremos en aspectos tan importantes de nuestra vida como son la salud general de la población, la marcha de la economía durante los próximos meses y años, la atención social a los más débiles, pero también a la defensa y continuidad del disfrute de los derechos fundamentales que ampara nuestra Constitución.


A continuación, y para terminar, añado los gráficos puestos al día con los datos publicados hasta el 14 de abril y también hasta el 20 de abril de 2020. En los gráficos de los casos activos, se aprecia claramente el efecto de los cambios en la serie, pero no tanto en los gráficos con los logaritmos, en el los que el efecto que se notará será el del retraso del inicio del descenso.






domingo, 5 de abril de 2020

Los Pactos de La Moncloa 2, una atractiva esperanza


Ayer, 4 de abril de 2020, el Presidente del Gobierno anunció, a la vez que la segunda prórroga del Estado de Alarma también de 15 días a la que seguirán otras prórrogas probablemente menos rígidas, su intención de proponer un acuerdo con todas las fuerzas políticas para alcanzar unos acuerdos parecidos a los de los Pactos de La Moncloa de 1977, con el objetivo de favorecer la reconstrucción de la economía española.

Aunque la situación española, tanto en los aspectos sociales como en los económicos o los políticos, es muy distinta en la actualidad, hay algunos aspectos del diseño de los pactos de 1977 que sería muy conveniente repetir si se desea un éxito similar al obtenido entonces.

El primer aspecto, absolutamente primordial, es el deseo real, y no solamente retórico, de que formaran parte de la elaboración y también de los acuerdos todos los partidos políticos con presencia parlamentaria, así como los sindicatos y patronales más representativos.

El segundo aspecto, también esencial, es que para cada mesa (social, económica y política) cada entidad componente nombre como representantes a sus personas mejor preparadas en los aspectos a discutir, siempre que además tengan un talante realmente negociador y una voluntad inequívoca de hacer posible unos acuerdos finales asumibles por todas las partes que los firmen.

Un tercer aspecto, que entonces me llamó poderosamente la atención por su novedad, pero que a la postre se reveló como un pilar fundamental del éxito final, fue la labor didáctica del representante del gobierno para los aspectos económicos, el Profesor Fuentes Quintana que era entonces el Ministro de Economía. Previamente al inicio público de las negociaciones fue publicando en El País durante varios domingos sucesivos unos artículos, de unas cuatro páginas cada uno, en los que explicaba de forma muy detallada la situación de la economía española y las soluciones que él consideraba más apropiadas para resolver, o al menos mitigar, cada uno de los problemas más graves que entonces tenía nuestro país, de forma que al iniciarse las negociaciones todo el mundo sabía cual era el diagnóstico de los principales problemas (en el que apenas hubo discrepancias) y cuales eran las propuestas concretas para resolverlos que proponía el Gobierno, propuestas que si que fueron muy debatidas y modificadas de forma relevante con las aportaciones de las distintas partes.

El resultado fue el de un éxito notable que, en el caso concreto de la economía llevó a una reducción espectacular de la inflación (que era del 32% anual en los doce meses anteriores a la publicación de los citados artículos y que crecía de forma acelerada mes a mes, y que tras la puesta en práctica de los pactos alcanzados bajó al 15% anual en unos pocos meses) pero también de una mejora relevante de la balanza de pagos, del crecimiento económico y del empleo que se empezaron a notar de forma clara un año después de la puesta en práctica de las medidas acordadas.

De los problemas económicos más agudos existentes en los dos momentos (1977 y 2020) sólo es común a ambas el tremendo desempleo, en tanto que el déficit de la balanza de pagos y el estancamiento económico eran problemas muy serios en 1977 y no lo son en los dos primeros meses de 2020, aunque la recesión que nos espera a partir de marzo de 2020 será sin duda de mucha mayor envergadura que el estancamiento que tuvimos en 1976 y 1977. En cuanto a los problemas actuales, que no lo eran, o no lo eran tanto, en 1977 hay que destacar la precarización creciente del mercado laboral, la insuficiencia crónica, pero además creciente de las cotizaciones sociales para cubrir el coste de las pensiones sin olvidar la necesidad imperiosa de actuar de forma decidida para corregir el cambio climático y otros desmanes medioambientales.

En cuanto a los problemas políticos, en 1977 era crucial avanzar con el menor coste social posible en la rápida democratización del sistema político y en la creación de un nuevo modelo impositivo que permitiera la mejora de la sanidad pública, la educación y las infraestructuras, objetivos que se alcanzaron razonablemente con la promulgación de la Constitución, primero, y su desarrollo después.

La aprobación del Estatuto de los Trabajadores en 1980 fue otro resultado, algo más lejano en el tiempo, del desarrollo de los pactos que permitió disponer de una normativa laboral que hizo posible un crecimiento relevante del empleo cuando la posterior reforma económica, promovida a principios de 1983 por Miguel Boyer, primer ministro de Economía del primer gobierno del PSOE, tuvo como consecuencia el primer ciclo de crecimiento relevante de la economía española durante la democracia.

En 2020 los problemas políticos son bien conocidos por todos, pero en mi modesta opinión, el principal problema a resolver para que unos nuevos pactos sean posibles es la ausencia de una voluntad real y efectiva de resolver los enormes problemas económicos, sociales y medioambientales a que nos enfrentamos. 

La declaración del Presidente Sánchez de promover unos nuevos pactos de la Moncloa, suponiendo que su voluntad sea sincera, tendrá que sortear en primer lugar el obstáculo previo de la previsible postura de no pocos representantes de otros partidos de decir que de acuerdo, pactos sí, pero siempre que incluyan mis propuestas de máximos como líneas rojas, postura que previsiblemente hará imposible la deseable firma de los pactos que resulten de una negociación leal y generosa por parte de todos los partidos parlamentarios, por lo que en el mejor de los casos nos tendremos que conformar con una firma limitada a unos cuantos partidos (que eso sí sumen entre todos una mayoría cualificada del Congreso) y a los principales sindicatos y patronales que previsiblemente no se descolgarían del acuerdo. Si éste fuera el resultado final, creo que nos podríamos dar por contentos porque la alternativa será de crisis todavía más larga y penosa que la que tendremos que pasar si esta atractiva esperanza llegara a ser una realidad.

lunes, 30 de marzo de 2020

Una propuesta para conocer la extensión del Coronavirus en España


Es conocida la manifiesta insuficiencia de los datos estadísticos existentes en la actualidad sobre la extensión e implicaciones del Coronavirus en el mundo y en particular en España. Por otra parte, sería muy importante disponer de un mapa lo más aproximado posible de la extensión del Coronavirus para poder tomar las decisiones pertinentes más allá del final de la pandemia desde el punto de vista sanitario.
 
La estadística y el método de encuesta son dos herramientas fundamentales para obtener esa información tan importante, por lo tanto la elaboración de una "macro encuesta" cuyo universo fuera la totalidad de los residentes en España sería una solución razonable y viable desde el punto de vista práctico, ya que bastaría tomar los datos de una muestra de algunas decenas de miles de personas, elegida eso sí cumpliendo todos los requisitos de aleatoriedad empleados en las encuestas más serias.

La "encuesta" tendría una novedad importante, ya que además de recoger los datos personales que se estimen necesarios para obtener la información que se considere relevante, los encuestados deberían someterse a los análisis clínicos necesarios para determinar su situación respecto al Coronavirus,  y clasificarlos indiciariamente en sin contacto con el virus, infectado asintomático, infectado con síntomas y, si es técnicamente posible, inmunizado.

Los resultados que se obtuvieran podrían servir para diseñar no sólo las políticas sanitarias más adecuadas para prevenir y estar preparados para un eventual rebrote futuro del mismo virus, o también para futuras epidemias o pandemias provocadas por otros agentes, sino también para diseñar las políticas de normativas, aspectos sociales y aspectos económicos que permitan bloquear primero y paliar después las consecuencias de futuros episodios de catástrofes de todo tipo.

Obviamente, una "macro encuesta" de este tipo debería ser promovida y dirigida por el Gobierno, y me temo que el principal obstáculo para su realización será la falta de voluntad política para llevarla a cabo derivada del evidente desconocimiento previo de los resultados que pudiera deparar.