lunes, 10 de abril de 2017

Haz como si me quisieras



I
Enrique se sorprendió, aunque no demasiado, cuando al mirar el correo se encontró con un mensaje, a través de LinkedIn que venía de una compañera de la facultad. El nombre no era especialmente común, Marisa Fernández Gallego y, desde luego, él no conocía más que a una persona que se llamara así. No debía vivir muy lejos de él, porque alguna vez habían coincidido en el metro, durante unas pocas estaciones, al ir a trabajar. Siempre sucedía cuando a él se le habían pegado las sábanas e iba con unos diez minutos de retraso y sólo coincidían durante cuatro estaciones, casi al principio de su viaje, y charlaban brevemente, por lo que él sabía que estaba viviendo con su novio de la facultad del último curso, relación que le había separado del grupo de compañeros que solían juntarse para ir a tomar unas cañas, aunque él no sabía todavía si el causante era él, o ella o, quizás, los dos.

Decidió leer el mensaje, que era muy breve, ya que se limitaba a decirle:

Hola Enrique, perdona que te moleste. Me gustaría que me llamaras lo antes que puedas.
Besos,
Marisa
Y a continuación añadía un número de móvil

Aprovechó lo que le quedaba de pausa para el café para llamarla y se encontró con una Marisa muy decaída:
-  Hola Marisa, soy Enrique. ¿Cómo estás?
-  Hola Enrique. Muchas gracias por responderme tan rápido. Como me imagino que estarás trabajando, seré muy breve: Me he quedado sin trabajo y sin casa y me gustaría saber si me puedes acoger en la tuya, aunque sea sólo por esta noche.
-  Cuenta con ello Marisa y será por el tiempo que necesites. ¿Qué te ha pasado? ¿Estás bien?
- Me llevará mucho tiempo contártelo así que prefiero hacerlo cuando hayas salido. Por cierto ¿a qué hora sales?
-  Los viernes salgo a las tres y llego a casa sobre las cuatro menos cuarto.
-  ¿Podríamos vernos allí a esa hora?
- Si, claro, allí nos veremos. Y mientras comemos me cuentas lo ocurrido ¿te parece?
-  Muchas gracias Enrique. No sabes el favor que me haces.

Enrique le dio la dirección y se disculpó por tener que terminar tan pronto la llamada, pero tenía una reunión y no podía demorarse.

Una vez terminada la reunión, empezó a darle vueltas a lo que podría haberle ocurrido a Marisa, pero como no lo sabría hasta que ella se lo contara, siguió con su trabajo esperando a que llegaran las tres para ir a casa y enterarse.


II
Por suerte, tenía el piso bastante ordenado e, incluso, tenía comida hecha para los dos, a falta de preparar una ensalada. Así que no le daría mala impresión a Marisa.

En realidad no sabría decir si eran amigos o no. Desde luego había sido una buena compañera, y en no pocas ocasiones habían compartido los apuntes. Pero como era muy guapa, y también simpática, tenía muchos pretendientes y Enrique no estaba por la labor de unirse a ese grupo. Cuando empezó a salir con Alfonso, que no era del curso, se separó del grupo fuera de las clases pero, curiosamente, fue a partir de ese año cuando tuvieron más relación, por la cuestión de los apuntes. Era simpática y le caía muy bien, pero no habían hablado a solas demasiado a menudo, por lo que él no tenía muy claro si eran solo compañeros o había algo de amistad.

A la hora prevista llegó al portal y allí estaba Marisa, que no llevaba más que una mochila que hacía la función de bolso. Él le sonrió al acercarse y ella le devolvió una sonrisa que era sincera aunque mezclada con los ojos llorosos que mostraban su estado de ánimo. Ella se abrazó a Enrique, mientras le daba las gracias, y él le dio ánimos y la invitó a pasar, mientras le decía que tendría que esperar a que preparara la ensalada para empezar a comer.

Ella le dijo que si le parecía bien, podían hacerlo a medias, por lo que la prepararon en un periquete y, ya en la mesa, Marisa le contó su situación.

-  Si ayer por la mañana nos hubiéramos encontrado en el metro, me hubieras visto como siempre, porque no tenía ni idea de lo que me esperaba.
Nada más llegar al trabajo nos convocaron a una reunión en la que nos dijeron que la empresa había decidido un cambio organizativo que suponía una reducción de plantilla del 40%. Los despidos eran inmediatos y, como te puedes imaginar, yo estaba entre los despedidos. Me dieron la carta de despido, acompañada de un cheque con la liquidación, y me dijeron que fuera a mi sitio sólo si tenía algún objeto personal y que me fuera a casa sin preocuparme por los trabajos en curso, cosa que me sorprendió bastante porque tenía un par de cosas de bastante envergadura a punto de terminar.
Como no tenía nada personal en mi mesa, porque variaba con mucha frecuencia, me fui a la puerta despidiéndome de las personas con las que me cruzaba. Mi jefe estaba presente y sabía lo de los trabajos pendientes, pero no hizo el menor ademán de hablarme, por lo que decidí irme sin darle la memoria USB que llevaba en la mochila con las últimas versiones, prácticamente terminadas, ya que ese día vencía el plazo para entregarlas. Si quería algo, ya me llamaría, aunque lo más probable es que no lo hiciera.
Me fui a casa y empecé a darle vueltas a la nueva situación. Esperé a que Alfonso llegara a casa para contárselo y lo que no me podía imaginar era su reacción. Cuando terminé de contarle lo ocurrido, me dijo:
    "Marisa, lo siento por ti, pero tienes un problema. Mañana es día uno y una de dos, o me pagas todos los gastos del mes, incluida una provisión para los servicios, o a mediodía coges tus cosas y te vas, porque yo no voy a mantenerte ni a dejarte que vivas aquí sin pagar. Si tienes ahorros y quieres seguir como hasta ahora, mientras puedas pagar todos los gastos puedes hacerlo, pero pagando cada mes por adelantado y en las salidas que hagamos juntos, también me tendrás que pagar por adelantado lo que vayamos a gastar"
   Yo le respondí que, la verdad, no me esperaba de él esa reacción. Nunca me imaginé que fuera tan materialista, ni que careciera de sentimientos, así es que le dije que me iría de su casa antes de las doce.
Por descontado he dormido en otra habitación y me he levantado cuando él ya no estaba. Me ha dejado en la mesa de la cocina su estimación de los gastos que no había pagado todavía y le dejé el dinero al irme, para no tener que volver a hablar con él. He dormido poco y mal, y le he dado muchas vueltas a la cabeza. Por suerte tengo algunos ahorros y confío en encontrar pronto algún trabajo, porque si no, me veré obligada a volver al pueblo, a casa de mis padres, y la verdad es que no me apetece nada.
He pensado que quizás tu estarías dispuesto a echarme una mano, durante unos días, mientras busco una habitación en un piso compartido, y por eso me decidí a escribirte, y no sabes cómo te agradezco tu respuesta, tan rápida y amable.

- La verdad, Marisa, es que es un palo tremendo, y tu cara lo muestra claramente. Puedo entender la sorpresa que te llevaste con el despido de la empresa, pero la reacción de Alfonso esa sí que me parece alucinante.
   Tendremos que hablar un poco de cómo organizarnos aquí mientras estés, pero por mi parte no te tienes que preocupar. Puedes quedarte hasta que encuentres trabajo y no te pediré que me pagues nada hasta que vuelvas a tener ingresos. Tampoco te tienes que sentir obligada a que salgamos juntos, aunque para empezar, si lo quieres, podrás venir cuando vaya con los de la Facultad. Seguro que estarán encantados de volverte a ver.
Ahora, lo más importante es que te dediques a buscar trabajo sin perder ni un minuto, y también a rehacer tu vida. Pero deberías empezar a comer algo, porque no te has tomado ni la mitad de la ensalada, salvo que el motivo sea que no te gusta nada la ensalada.

Continuaron la comida y Enrique procuró llevar la conversación a otros temas para que Marisa se fuera tranquilizando. Después de comer la acompañó a su coche para recoger sus cosas y Marisa se convenció de que era mejor no ir ese fin de semana a su pueblo, ya que no lo tenía previsto.

Cuando llegó la hora de cenar, Enrique le dijo que había quedado con varios de la Facultad, pero ella prefirió no ir porque estaba muy afectada, y prefirió quedarse ordenando sus cosas. Cuando volvió, hacia medianoche, ella todavía estaba despierta y con ganas de hablar, sobre todo para agradecerle lo bien que se estaba portando con ella, cuando nunca antes habían tenido una relación demasiado próxima.

     III

Pasaron unos meses y tras varios procesos de selección, Marisa encontró un trabajo no muy diferente del anterior aunque, por fortuna para ella, algo mejor pagado. En ese tiempo se había fraguado una relación de amistad sincera entre los dos, que en el caso de Marisa llevaba añadida una enorme gratitud, porque le había facilitado mucho la recomposición de su vida.

Un viernes, cuando ya había cobrado el primer sueldo del nuevo trabajo, Marisa se decidió a hablar con Enrique para revisar su situación. Ella había entendido que él esperaba que, sin prisa pero sin pausa, ella se buscara otra vivienda, pero Marisa estaba muy a gusto compartiendo el piso con Enrique. Desde luego ya no había ningún motivo para que ella no pagara su parte de los gastos, pero temía que Enrique prefiriera volver a vivir solo.

Preparó una cena que sabía que a él le gustaba y, previamente, le había preguntado si le podía dedicar el resto del día. Enrique se imaginaba algo, porque desde los primeros días nunca habían vuelto a hablar de las condiciones de la estancia de Marisa. Para él era obvio que, por fortuna, la Marisa actual nada tenía que ver con la que llegó por primera vez a su casa y sabía que, antes o después, alguno de los dos tendría que sacar el tema.

Después de cenar, Marisa se puso sentimental y comenzó a decirle lo agradecida que estaba por como la había acogido. También le comentó lo contenta que estaba por la amistad que había surgido entre los dos, amistad que le había ayudado muchísimo a superar el bache que había pasado y le preguntó si le podía hacer una propuesta para el futuro:
-  Propón lo que quieras, y salvo que sea una burrada, lo más probable es que la acepte, porque ya sabes la enorme influencia que tienes sobre mí. Como te puedes imaginar, yo también te estoy muy agradecido por la alegría que has traído contigo; no desde el primer momento, claro, pero si desde hace ya varios meses. Así que estoy deseando escuchar tu propuesta.
-  Cuando me acogiste en tu casa, me quedó claro que podía quedarme mientras no tuviera trabajo. Ahora lo tengo y por lo tanto hay que volver a plantear la cuestión. A mí me gusta vivir contigo y me gustaría seguir aquí, aunque como te puedes imaginar contribuyendo económicamente con la mitad de los gastos, más una cantidad razonable en concepto de alquiler, así que espero que aceptes mi presencia con esas condiciones.
-  Me parece bien lo que propones; a mí también me gusta tenerte de compañera de piso, así que sólo falta es que tú pongas las condiciones económicas.
-  Yo esperaba que fueras tú el que las pusieras, por lo que no tengo nada pensado. Miraré lo que se paga por aquí y te lo diré. ¡Qué suerte que también tú quieras compartir el piso conmigo!. ¡Esto hay que celebrarlo! pero me gustaría hacerlo en la intimidad de nuestra casa, porque ya puedo decir que la compartimos ¿no?
-  Lo podías decir desde el primer día y respecto a la celebración, la haremos como tú prefieras. Me has pedido que te dedique el resto del día y me pongo en tus manos. Lo que quieras hacer, lo haré con mucho gusto.
-  De momento, una vez que recojamos la mesa, me gustaría que bailáramos un poquito. Nunca lo hemos hecho y no me explico por qué.
-  Pues a mí me parece que es bastante sencillo de explicar. Los primeros cursos había una cola tremenda para bailar contigo, y no me apetecía competir con tantos chicos que te iban detrás. Después te enrollaste con Alfonso y él te acaparó hasta separarte del grupo. Y cuando viniste aquí, estabas tan machacada que no te lo pedí por si no te apetecía y te sentías obligada. Pero ahora no te ocultaré que me encanta la idea y que no se me ocurre nada mejor para empezar esta velada. Así que, si te parece, vamos a recoger y nos ponemos a bailar la música que tu prefieras.

Estuvieron bailando un buen rato, después se sentaron en el sofá a charlar, pero abrazados, y al cabo de un rato Marisa decidió indicarle la dirección de su habitación y allí pasaron el resto de la noche haciendo el amor hasta que se durmieron.

IV

Durante el año siguiente las visitas al otro dormitorio se fueron haciendo cada vez más frecuentes, pero sin perder la libertad para ir con quien quisieran. Otro viernes Marisa le pidió una velada en exclusiva porque había decidido declararle su amor.

Pero el amor no era compartido por los dos. Marisa se había ido enamorando de Enrique, pero para él Marisa era una amiga del alma, con la que siempre estaba bien, pero no estaba enamorado, y así se lo explicó.

Ella le preguntó que con cuantas se había acostado desde que lo hiciera con ella por primera vez y la respuesta fue que con ninguna, porque ninguna le atraía como ella; pero no quería engañarla y su sentimiento era el de una profunda amistad unida a una atracción sexual muy intensa.

Marisa se lo pensó y mientras le acariciaba le dijo:
- Una vez más, permíteme que te haga una propuesta. Te agradezco tu sinceridad, pero aún sabiendo lo que sientes me gustaría tener una relación más estrecha contigo, de modo que, por favor, haz como si me quisieras. No hace falta que me digas que me quieres, pero por favor no me digas que no me quieres y si un día te cansas de esa relación, sencillamente dímelo y actuaremos en consecuencia.
-  De acuerdo Marisa, así lo haremos. No creo que haya gran diferencia respecto a la situación actual, salvo que compartiremos la cama, ¿no?
-  Sí, si tu lo quieres.

La vida siguió y sus amigos no salían de su asombro. Aunque no eran pareja, Marisa se quedó embarazada dos veces y tuvieron dos niñas y se comportaban como un matrimonio de los muy enamorados. Cuando las hijas se habían emancipado, un día Enrique le pidió a Marisa compartir una velada. Preparó una cena especial y una vez terminada, le dijo a su pareja:
-  Marisa, hace treinta años que vivimos juntos y estoy encantado de como nos ha ido. Poco a poco, sin apenas darme cuenta, me he ido enamorando de ti. No me preguntes desde cuándo, porque no lo sé, pero creo que  después de que nacieran las niñas. Aunque no hemos vuelto a hablar del asunto, lo cierto es que desde hace tiempo no actúo como si te quisiera, porque estoy enamorado de ti, y quiero que lo sepas y que, si tú sigues enamorada, podamos decidir ser una pareja comprometida.
-  Pues si que has tardado en decirlo. Tanto que, ahora, la que ya no está enamorada soy yo, y no te quiero engañar. Parece que nuestro sino es mantener este extraño tipo de pareja, que por raro que sea parece tener una solidez muy superior a la de la mayoría de las parejas convencionales.
-  ¿Puedo preguntarte si es porque estás enamorada de otro?
-  No seas tonto Enrique. Si así fuera, ya lo sabrías. No, nunca desde que estamos juntos he ido con otro, ni he tenido ganas de hacerlo.

Enrique se quedó pensativo y mientras la acariciaba le dijo:
- Marisa, permíteme que esta vez sea yo el que te haga una propuesta. Te agradezco tu sinceridad pero aún sabiendo lo que sientes me gustaría mantener contigo la relación tan estrecha que hemos tenido hasta ahora, de modo que, por favor, haz como si me quisieras. No hace falta que me digas que me quieres, pero por favor no me digas que no me quieres y si un día te cansas de esta relación, por favor dímelo y actuaremos en consecuencia.
-  De acuerdo Enrique, así lo haremos. Me parece que ahora me toca decir a mí que creo que no habrá ninguna diferencia respecto a la situación actual ¿no?

martes, 28 de marzo de 2017

Amores fallidos



I
Loli había vuelto de pasar la Semana Santa en Denia en el apartamento de sus padres, como solía hacer desde que se acordaba, y estaba deseando que llegara el finde para contárselo a Nuria, porque en vez de aburrirse como le había pasado desde que empezó la adolescencia, no sólo se había divertido un montón sino que se había enamorado de Marcos, y estaba convencida de que, por fin, había encontrado el amor de su vida.

Marcos había ido por primera vez a los apartamentos en que ella estaba, también porque sus padres lo habían comprado, y se encontraron cuando ella estaba a punto de entrar en el suyo. Cruzaron una mirada de complicidad y él le hizo una seña para verse en el jardín que ella contestó con otra mostrándole los cinco dedos de la mano, intentando decirle que bajaría en cinco minutos.

Los cinco minutos en realidad fueron un cuarto de hora y cuando bajó él la esperaba tranquilamente. Se presentaron y ella le dijo que tenía que ir a comprar algunas cosas y Marcos le preguntó si la podía acompañar.

Y ya no se separaron durante toda la estancia. Loli era una joven de diecinueve años, muy guapa y simpática, que estaba deseando encontrar a alguien que viera en ella algo más que un delicioso quesito. Marcos era cuatro años mayor y tenía un gran éxito con las chicas porque, además de apuesto, era divertido y sabía engatusarlas. A todas las hacía creer que eran su primer amor y las mantenía en el engaño hasta que por un motivo u otro se enteraban de que iba con otra, a veces con otras, a la vez. Era un maestro en moverse en ambientes distintos lo que le permitía que pasara algún tiempo hasta que la mentira se descubría.

En Denia no había problema, porque apenas conocía a nadie y por eso pudo dedicarle todo el tiempo a una Loli que estaba evidentemente prendada por el que imaginaba que era su novio y sería su pareja estable.

Marcos vivía en Alcalá de Henares y ella en Las Rozas, lo que a él le permitía evitar los encuentros entre semana. Para los fines de semana que quería pasar con ella, Denia fue la forma perfecta alternando los apartamentos de los dos, pero ésto Loli no lo vería claro hasta unos meses después.
  
 II

Nuria no había salido de viaje por Semana Santa, y se había aburrido bastante. No llamaba especialmente la atención, aunque con el maquillaje que solía usar conseguía que algunos muchachos la hicieran caso durante un tiempo. Pero cuando se iban a la cama con ella dos o tres veces, ella tenía un arte especial para espantarles. No es que lo hiciera aposta ni que desconociera la causa, ya que había oído argumentos muy parecidos en la mayoría de las rupturas, pero ella no quería creerlo y consideraba que eran excusas de mal pagador.

A la mayoría de sus incipientes parejas les habían echado para atrás dos aspectos de su carácter: era excesivamente absorbente y controladora a partir del momento en que conseguía oírles decir que les gustaría salir como pareja y además, también a partir de ese momento, era muy mandona.

En aquel momento, hacía muy poco que había iniciado la relación con Ricardo, un compañero de la Uni que no estaba nada mal, pero que destacaba por su timidez. Hasta el momento todo iba bien y aunque ya había empezado con sus hábitos de control y de imposición de criterios, Ricardo todavía no había mostrado reparo alguno. Pero, como hacía siempre, se fue a pasar la Semana Santa a su pueblo, en casa de sus padres, y solo podía conectar con él por Whatsapp cuando  estaba en la zona de wifi libre del Ayuntamiento.

Tenía ganas de ver a Loli, porque estaba intrigada por la pareja que había encontrado en Denia. ¡Por primera vez desde que la conocía no se había quejado del aburrimiento casi mortal de la Semana Santa en Denia junto a sus padres! El viernes las dos amigas quedaron como de costumbre para ir a Madrid en autobús con dirección a Malasaña, donde Nuria se encontraría con Ricardo, de forma que dispondrían al menos del trayecto de ida para hablar de sus cosas.

  III

Nuria estaba fascinada con el relato de su amiga, y su cara de felicidad era una muestra evidente del sueño que estaba viviendo.

Todo parecía maravilloso, pero a Nuria le escamaba un tanto que Marcos no hubiera querido acompañarla en Madrid. Hasta a ella le parecía razonable que los días de diario no se pudieran ver por los horarios que tenían (él supuestamente trabajaba y estudiaba) y lo mucho que tardaba el tren. ¡Pero los finde no debería haber ningún problema, especialmente si quedaban en Madrid!

Loli le dijo lo que menos le gustaba oír a su amiga:
- Nuria, tú eres excesivamente absorbente, pero la mayoría de la gente prefiere tener su propio espacio incluso cuando ya viven juntos. Estaremos  juntos el próximo fin de semana en Denia ¡y además sin padres!

Cuando se encontraron con Ricardo, Nuria procuró separarse de su amiga en cuanto su pareja aceptó el plan que ella había pensado. Quedaron como siempre para volver juntas en el Buho de las tres, y si alguna prefería no ir en ese, avisaría con tiempo a la otra. Aunque nunca habían tenido el menor problema a la vuelta, preferían hacerlo juntas siempre que una de ellas no tuviera un plan mejor y así podían comentar la velada durante el viaje.

Loli se fue por Malasaña, haciendo la ruta que solía seguir, de manera que se encontraría con grupos conocidos, en los que podía entrar y salir a su gusto.
Aquella noche, por primera vez, se dio cuenta de que ya no atraía tanto a los muchachos que acababa de conocer, con la excepción de los que Nuria y ella calificaban de pulpos, calificativo que en cuanto era asignado a un especimen suponía la huida instantánea de su zona de alcance.

Como no lo estaba pasando especialmente bien, a la una y media llamó a Nuria para decirle que se volvía en el Buho de las dos y la respuesta de su amiga fue que ella haría lo propio en el de las cuatro, para estar un rato más con Ricardo.

   IV

El primer fin de semana junto a Marcos en Denia fue para ella como el avance de la Luna de Miel. Estuvieron en casa de él, aunque ella hizo el paripé como si hubiera dormido en la suya. Seguro que si su madre iba antes que ella, notaría que ella había pasado por allí pero sin compañía. Todavía no quería decirle nada de su pareja porque no estaba segura de que no empezara a poner pegas.

Estaba tan segura de que todo iba sobre ruedas que ya había empezado a hacer planes para el verano. Marcos aprovechó su entusiasmo para acotar los fines de semana que irían, pero cuando le dijo que podrían estar juntos desde el 15 de julio al 15 de agosto, las fechas de sus vacaciones, ella se quedó totalmente convencida de que la relación ya estaba consolidada.

Cuando al lunes siguiente volvió a ver a Nuria, ésta le contó que el tal Ricardo ya había comenzado a mostrar los primeros síntomas de agobio. Loli le dijo que si todavía no se había cansado de él, le diera un poco de respiro y tuvo que escuchar, como de costumbre, que parecía mentira que siempre se pusiera de parte de sus novios. Pero ella continuaría como siempre y si se iba, como de costumbre, ella pasaría página y se buscaría otro hasta que encontrara a alguno que la aceptara como era y pudiera ser su pareja definitiva.

Cuando llegó el verano, Ricardo ya había puesto los puntos sobre las íes y Nuria, por primera vez había introducido un cambio: dejarían de ser pareja, pero cuando ella no tuviera otra le llamaría de vez en cuando para pasar alguna noche juntos. Lo puso en práctica, aunque sin comentárselo ni dar la menor pista. Ricardo había entendido la nueva situación y la había aceptado de buen grado.

En Denia durante el verano las cosas pasaron como estaba más o menos previsto, Loli fue con su madre julio y agosto y a partir del 15 de julio su madre entendió la razón del cambio repentino de Loli respecto a querer estar en Denia en vez de quejarse cada vez que se hablaba de ir allí a pasar unos días. Veía a su hija feliz y eso le gustaba mucho, pero todo ello se truncó cuando llegó el puente de la Virgen de Agosto. Una noche, la primera del puente, su hija volvió a casa demacrada y sin querer decir nada. Su madre pensó que habría discutido con Marcos, y le sorprendió no volver a verles juntos a partir de aquel día.

Loli cambió de sitio en la playa y apenas salió de casa en todo el puente, pero no quiso compartir con su madre lo que le pasaba. Solo accedió a salir con sus padres alguna tarde para pasear y tomar un refresco y, una vez terminadas las vacaciones de Marcos, volvió a su lugar habitual en la playa y a las salidas habituales en los veranos anteriores, pero la cara de felicidad había desaparecido y la madre no volvió a ver a Marcos en ningún sitio.

Cuando volvieron de la playa, Nuria y Loli volvieron a encontrarse y Loli le contó a su amiga lo que había pasado.
-  No te puedes imaginar el trago que pasé. El cabrón de Marcos me invitó a hacer el amor en su casa un día por la tarde, en que sus padres se habían ido, y con la excusa de que su madre no notara nada me pidió ayuda para cambiar las sábanas de su cama y lavar las que habíamos usado. Una vez tendida la ropa, me dijo que me sentara porque tenía que decirme algo importante. Lo envolvió con toda la dulzura que pudo, pero tuvo el rostro de pedirme que aceptara que no era la única pareja que tenía. De hecho, cuando volvieran sus padres vendrían acompañados de Laura, su novia desde hacía tres años y como yo podría comprender no podría atenderme durante los días que ella estuviera allí. Yo me quedé helada, le dije que ni soñara con tenerme de segundo plato y me fui para casa. No le volví a ver, aunque sí que pude comprobar que después del puente se fue como tenía previsto.
-  Lo siento mucho Loli. No me lo puedo creer. Ahora tienes que volver a tu vida anterior, y ya verás como dentro de un tiempo se te habrá pasado todo y dejarás de pensar en él. Aunque yo, si fuera tú, se la intentaría jugar.
-  No te pienses que estoy para jugadas. Mi intención es no volver a verle, al menos hasta que se me pase. Y tú, ¿cómo has estado de amores este verano?
-  Como siempre, aunque como era verano, todo más rápido. He tenido cuatro o cinco, con los mismos resultados que te puedes imaginar, y en medio me he visto tres veces con Ricardo. Aunque no te lo creas, parece como si siempre estuviera esperando mi llamada. Hasta ahora siempre ha estado disponible, aunque como te puedes imaginar no le he preguntado nada sobre si ha salido o no con otras. Pero algún día de estos se lo preguntaré porque es el chico que más cerca ha estado de lo que yo considero una pareja medio estable. ¡Lástima que no acepte mis condiciones!        

  V

A mediados de octubre Loli no pudo evitar el ir a Denia un fin de semana con sus padres y, a la vuelta, le dijo a Nuria que se había encontrado allí con Marcos.

-  Fue una sorpresa tremenda porque de repente noté que alguien me tapaba los ojos con sus manos y con una voz fingida me preguntó ¿A que no sabes quién soy? Me volví y me encontré con que era Marcos que ni corto ni perezoso me abrazó y me dio un beso en la boca. Yo, sin pensarlo, se lo devolví y cuando me quise dar cuenta estaba entrando en su casa, yendo directa a su habitación y aceptando hacer el amor con él. Estaba sorprendidísima, especialmente conmigo misma, porque nunca me hubiera imaginado nada parecido. Volvimos a hacer el amor varias veces cada día hasta que me fui y su despedida fue también sorprendente: ¿Ves como no está tan mal que nos veamos de vez en cuando?
-  ¿Y que más te dijo?
-  Nada más, se fue y no quedamos en nada. Todavía no me lo acabo de creer.
-  Yo tampoco me lo hubiera imaginado de ti. Y ahora ¿qué piensas hacer?
-  Nada. La verdad es que al principio temí que me volviera el disgusto que tuve la primera vez, pero por suerte no ha sido así. estoy segura de que ya no estoy enamorada de él y no me importa nada si le vuelvo a ver o no. Pero la verdad es que es muy bueno en la cama y no me importaría que la experiencia se repitiera de vez en cuando, pero eso sí, bastante de vez en cuando.
-  ¿Y su novia?
-  Desde luego no estaba con él. Pero eso no significa nada, y si no está con ella estará con otra porque si no habría intentado que nos volviéramos a ver.
-  Pues si que te lo tomas bien, a pesar de lo que te hizo.
-  Y tú, ¿qué tal con Ricardo?
-  Pues sí, no sé como lo has adivinado, pero le llamé y estuvimos juntos el fin de semana, prácticamente encamados todo el tiempo. Tuvimos mucho tiempo para hablar entre polvo y polvo, pero tía, no consigo que se amolde a mis condiciones y la verdad es que ya empiezo a pensar que me resultará difícil encontrar alguno mejor que él.
-  ¿Y no te has pensado que quizás te iría mejor si aflojas un poco en tu control?
-  De eso ni hablar. Soy como soy y quien quiera ser mi pareja me tendrá que aceptar así. Pero tengo que confesarte que a veces le doy vueltas a la posibilidad de que pueda ir con otras y lo peor es que noto que me pongo celosa.
-  Pues tía, ten cuidado porque cualquier día te encuentras con que tiene novia. No está mal, es buena persona, le falta poco más de un curso para terminar y habrá unas cuantas que estarán deseando echarle el guante, especialmente en su pueblo, y ese flanco no lo tienes cubierto ni lo puedes cubrir.

 VI

Casi un año más tarde, a la vuelta del siguiente verano, Loli y Nuria quedaron como de costumbre para contarse como habían pasado las vacaciones. Nada más verse, las dos se dieron cuenta de que Loli estaba contenta al contrario que  Nuria que estaba bastante afectada. Loli pensó que era mejor dejar hablar a su amiga primero para que pudiera desahogarse, así que le dijo que en esa ocasión le tocaba a ella empezar y Nuria no dudo ni un momento en iniciar su relato.
-  La verdad, Loli, estoy desesperada. A final de curso todo estaba como siempre, yo llamaba a Ricardo cuando me apetecía y él continuaba estando siempre disponible. Se fue al pueblo y, como el verano anterior, yo no le dije ni media palabra hasta que a la vuelta le llamé, tras haber dejado pasar un par de semanas para que se fuera cociendo en su propia salsa.
   Pero, para mi sorpresa, cuando le llamé me salió con una excusa que no se la creería nadie para decirme que aquel día no podía verme. Yo le dije que eso no era lo establecido, que él tenía que estar siempre disponible cuando yo le llamara y que se tendría que atener a las consecuencias. Deje pasar tres semanas más y cuando le llamé me dijo que creía que era importante que nos viéramos una tarde porque teníamos que hablar de algo importante.
   Y resultó que me contó que se había echado novia en el pueblo y que por ese motivo pensaba que no sería adecuado que siguiéramos haciendo el amor cuando nos viéramos. Me quedé de piedra, porque no me dijo que no quería verme, ni me echó en cara mis defectos, ni nada de nada. El tío se había creído eso de que éramos follamigos y ahora se pensaba que podíamos pasar a ser simplemente amigos. Me metió un rollo infumable de lo mucho que me apreciaba y se quedó tan tranquilo, porque además tuvo el morro de decirme que podía seguir siendo yo la que le llamara cuando tuviera ganas de verle, ya que esa era una de las condiciones que le puse desde el primer momento.
   Yo le dije que de acuerdo, que ya no volveríamos a hacer el amor, al menos mientras tuviera esa novia, y que esperara con paciencia mi llamada, porque me parecía que iba a pasar bastante tiempo antes de que la recibiera.
    ¿Qué te parece lo que te he contado?
-  Pues me parece una gran putada, después de la paciencia que has tenido con él durante tanto tiempo que ninguna le hacía el menor caso. Y ahora te toca pasar página lo antes que puedas, para poder seguir tu vida como siempre.
-  Eso mismo pienso yo tía. Ahora cuéntame como te ha ido a ti. ¿Has encontrado a alguien potable, o has seguido como segundo plato de Marcos?
-  Pues ni lo uno ni lo otro. He conocido a algunos que me han parecido bien para pasar el rato durante unos días y también he visto a Marcos. Pero las cosas han ido de una manera algo distinta a como él lo tendría planeado. Echamos unos cuantos polvos antes de que llegara su novia, que sigue siendo Laura, la de siempre y, en esta ocasión, tuvo la deferencia de avisarme de su llegada con un par de días.
   Lo que no se esperaba es que yo le iba a requerir sus servicios mientras ella estaba allí. Él solía salir a la hora de la siesta para fumar un cigarrillo y darse un garbeo para ver si encontraba alguna chica que le apeteciera. ¡Y vaya si la encontró! porque siempre que mis padres no estaban en casa yo le echaba el lazo y él venía como un corderito. La verdad es que entre Laura y yo le hicimos follar tanto que empezó a notar que las fuerzas le faltaban y, mira por donde, una tarde que él no estaba porque había ido con sus padres a visitar a unos amigos, me decidí a hablar con Laura, ya que nos habíamos visto varias veces con el resto de la antigua panda. Le pregunté si estaba sola aquella tarde y la invité a merendar en una cafetería tranquila.
    No me costó mucho que entrara al trapo en cuanto empezó a hablar de Marcos y yo, como quien no quiere la cosa, le comenté sutilmente que parecía estar más débil que de costumbre. Ella lo corroboró y se atrevió a hacerme la confidencia de que ya no funcionaba en la cama como antes. La pobre lo achacaba a que ya debía haber empezado la pérdida de potencia que tanto temen los chicos en cuanto empiezan a acercarse a los treinta, pero yo, devolviéndole confidencia por confidencia, le saqué de su error y le dije que yo había notado lo mismo.
   Como te puedes imaginar, la pobre se quedó de piedra y cuando me pidió algunos detalles más para asegurarse de que le estaba diciendo que yo también me acostaba con él, aproveché para terminar de quitarle la venda de los ojos. Me seguí haciendo la tonta y di por sentado que ella lo sabía porque Marcos me había asegurado, al final del puente de la Virgen en que nos vimos por primera vez, que él se lo había contado porque no quería engañarla. También le dije que quizás no le decía todas las veces que hacíamos el amor, pero por si acaso le di cumplido detalle de lo ocurrido desde que ella había llegado ese verano.
   Al final llegamos a la conclusión de que poco más o menos lo hacía el mismo número de veces con las dos, y parecía claro que el número conjunto de veces era la causa de su debilidad. Yo hice como que no notaba su enorme disgusto y cuando nos despedimos al llegar a los apartamentos le di un abrazo cariñoso y le agradecí la confianza que había mostrado conmigo y su apertura de mente para compartir a Marcos.
   Al día siguiente Marcos no apareció y un día más tarde sólo se acercó un momento para echarme en cara la que había liado. Yo pasé del asunto con una sonrisa y le dije que cuando tuviera ganas y fuerzas suficientes podríamos volver a nuestros juegos habituales. Y a los pocos días volvió.
   Cuando se fue Laura, yo limité los encuentros hasta que un día se decidió a hablar, y me contó que Laura había estado a punto de dejarle y que al final no lo hizo para no dejarme el campo libre. Pobrecita, lo mismo se cree que a mí me gustaría que fuera mi novio. Pero el tío estaba contento porque su novia había admitido compartirle y él estaba encantado.
-  ¡Vaya con la mosquita muerta! y eso que no querías hacerle ninguna jugada. Te lo has tenido que pasar genial. Y ahora ¿qué piensas hacer?
-  Estoy preparando la puntilla para que nunca se olvide de mí. Le voy a montar un numerito que no olvidará en su vida y espero que Laura tome buena nota para atarle en corto el resto de su vida.

VII

Dos meses después Loli le contó el final de la historia a su amiga.

Había llamado a Laura por teléfono para convencerla de que quedaran los tres para tener una charla prolongada. Le costó un rato convencerla de que aceptara, porque en el fondo no tenía ningunas ganas de que los tres hablaran juntos de su relación. Pero cuando Loli le dijo que el motivo era finalizar su intromisión en la pareja para que ellos pudieran continuar juntos, ella accedió.

Cuando se encontraron Laura estaba un poco mosca, pero Marcos lo estaba mucho más y según Loli fue hablando, la cara de Laura fue mejorando poco a poco y el cabreo de Marcos aumentó hasta que se puso como un tomate a causa de la ira:
-  Os he reunido porque quiero contaros que tras pensarlo mucho he llegado a la conclusión de que no es razonable que sigamos la relación de esta manera.
    Por muy moderno que pueda parecer lo que hacemos, yo en realidad pienso que lo mejor es una pareja de dos, sin escarceos con terceros ni intervenciones de ningún tipo. Vosotros sois novios desde antes de que yo conociera a Marcos y a pesar de lo que ha pasado, quiero que sepas Laura que te aprecio y te deseo de todo corazón que seas feliz.
   De forma que para facilitaros la felicidad a los dos y daros también la posibilidad de que tengáis una pareja sin terceros que se inmiscuyan, creo que lo mejor es que yo desaparezca de vuestras vidas al menos durante tres décadas. Cuando pase ese tiempo, si todavía sentís algún aprecio por mí, entonces me gustaría que nos volviéramos a ver los tres porque ya no habrá ningún riesgo de infidelidad. Si solo es uno de vosotros quien quiera verme, también estaré encantada de hacerlo.
    Creo que yo, por mi parte, después de un tiempo podré encontrar a alguien con el que compartir la vida y estoy segura de que así todos seremos más felices. Sólo falta que tú Marcos decidas no volver a las andadas y dejes también a tus otras novias. Y no lo niegues ni me pidas nombres, porque tengo una lista que, aunque seguramente incompleta, no te gustaría que Laura la conociera.

Se despidió de ellos y se fue tan tranquila. Ahora era el turno de Laura si es que no quería que Marcos le siguiera poniendo los cuernos, pero de eso ella seguramente no se enteraría.

Nuria, por su parte, le contó que su relación con Ricardo había terminado como ya sabía, la felicitó por su valentía y le propuso que volvieran a salir como antes a ver si eran capaces de encontrar el amor.

Las dos se rieron y comenzaron la ruta habitual por Malasaña, pero sin demasiado interés en intentar llamar la atención de los tíos que iban sin compañía femenina. Seguramente pasarían algunas semanas antes de que les apeteciera conocer a alguien nuevo.