El laudo que ha dado plenamente la razón a Sonatrach en su conflicto de precios del gas con Gas Natural viene a sumarse a la próxima puesta en operación de la nueva conexión con Argelia por Almería, conocida como Medgaz, para complicar de forma relevante la situación de los precios del gas natural para los consumidores españoles.
Gas Natural ha gestionado de forma muy deficiente sus contratos con Sonatrach para recibir el gas argelino por Tarifa, como lo prueba el hecho poco común de que en un laudo arbitral se de el cien por cien de la razón a una de las partes, y ahora pretende que el Ministerio español competente acuda en su ayuda para traspasar a los consumidores que se mantengan en la TUR la mayor parte de la indemnización que debe pagar, lo que podría provocar una desbandada de clientes al mercado libre, con la consiguiente subida de precios en este mercado.
Lo más probable es que se consolide la fórmula de precios aprobada por el laudo arbitral, al menos para los años 2007, 2008 y 2009 ya que Gas Natural afirma haber reclamado la revisión de la misma a partir de 2010. También es más que probable que los contratos que Sonatrach ha firmado con sus clientes a través de Medgaz (Iberdrola, Endesa, Cepsa-Total y Gaz de France-Suez) tengan fórmulas de precios tales que el gas puesto en Almería a través de Medgaz cueste poco más o menos lo mismo que el gas puesto en Tarifa a través del Gasoducto Magreb-Europa con los precios fijados en el laudo. Como es sabido, los contratos de suministro de gas a largo plazo son muy opacos, por lo que las empresas se resisten a proporcionar las fórmulas de precios que los rigen (incluso a la Comisión Nacional de Energía) y hay muy pocas personas en cada empresa compradora de gas que las conozcan con certeza.
Por los datos que han expresado públicamente algunos representantes de Sonatrach, la subida de precios derivada del laudo estaría comprendida entre el 20 y el 30% respecto a la fórmula anteriormente vigente, por lo que no es arriesgado suponer que el gas argelino por gasoducto habrá pasado a ser el gas más caro de los que llegan a España, cuando debería ser el más barato (por los menores costes de producción y de transporte respecto a los de cualquier otra alternativa) como ocurría cuando en 1996 se inició la operación del gasoducto Magreb-Europa negociado, diseñado y realizado por Enagás.
Con la entrada en operación de Medgaz, que probablemente se producirá a lo largo de 2011, Sonatrach podría aprovisionar por gasoducto algo más del 50% del gas consumido en España, compitiendo con gas de otros países que llegará a precios sensiblemente inferiores. Gas Natural será el comprador de algo más de la mitad del gas que venga de Argelia, por lo que la fijación de los precios al consumidor en España será un aspecto fundamental para su cuenta de resultados.
Dado el mayor precio del gas argelino, lo más probable es que todas las comercializadoras, incluida Gas natural, limiten sus compras a las cantidades mínimas contractuales (unos 7,5 bcm anuales de Gas Natural y unos 5,5 bcm anuales del conjunto de comercializadoras que recibirán el gas a través de Medgaz) y Sonatrach intentará vender todo el gas que pueda, a través de sus comercializadoras, siempre que su precio de venta no suponga un precio implícito en Almería inferior al que le paguen la comercializadoras en ese punto.
Por otra parte, Gas Natural estará muy interesada en que el precio de referencia sea su precio de compra en Tarifa, única forma de evitar pérdidas en la venta de una cantidad de gas tan elevada, pero esta política le llevaría, probablemente, a perder una parte relevante del mercado en favor de otras comercializadoras que tengan una proporción inferior de gas argelino en su cesta de aprovisionamientos.
El resto de las comercializadoras que compran gas a Sonatrach estarán también interesadas en que la referencia de precio sea la misma, y las que no compran gas en Argelia se estarán frotando las manos porque tendrán la oportunidad de ganar cuota de mercado con unos márgenes muy suculentos.
La competencia será especialmente dura entre las empresas que aprovisionan de gas a los ciclos combinados de su propiedad, dada la escasa ocupación media que tendrán en los próximos años, por lo que para ellas disponer de gas que en su mayor parte, o en la totalidad, tenga un precio de compra inferior al argelino podría suponer la posibilidad de que sus ciclos tengan una ocupación sensiblemente mayor. También en este aspecto Gas Natural tiene las peores bazas, porque su capacidad de generación tiene mayor proporción de ciclos combinados que su competencia.
La entrada en operación de Medgaz, unida a los elevados precios del gas argelino contratado a largo plazo supondrá un cambio estructural del mercado español de gas y el Gobierno debe actuar para que no suponga un incremento de precio para los consumidores de gas que reste competitividad a nuestra economía.
La llegada de gas a través de Medgaz podría suponer, además, algunas complicaciones técnicas adicionales, si en días concretos las peticiones totales de entrada de gas por el sur fueran muy superiores a la demanda en esa zona, ya que el sistema gasista español no se diseñó teniendo en cuenta que todo el gas que entre por Almería tuviera como destino el mercado español.
La única manera de paliar los problemas que supondrá el aumento de la proporción de gas que llegará a España por gasoducto, procedente de Argelia y a un precio más elevado que el de los mercados próximos, será la implantación de un mercado secundario de gas en España que funcione con precios transparentes.
Ya existe un mercado secundario que funciona con bastante liquidez desde hace años, pero que tiene el grave inconveniente de que sus precios no son públicos, por lo que el Ministerio debería implantar una normativa que garantizara el funcionamiento transparente del mismo. Una forma eficaz para conseguirlo sería obligar a los dos grupos incumbentes (Gas Natural como comercializador y Sonatrach como suministrador) a que completaran cada día, a partes iguales, la oferta y la demanda de gas en ese mercado hasta que haya al menos gas ofrecido y también gas demandado en una cuantía no inferior al 10% de la demanda total de gas prevista para ese día por el GTS, con unas diferencias entre los precios a los que cada empresa ofrezca y demande el gas que no superen el 1% del precio del gas ofrecido por esa misma empresa (o 0,02 céntimos de euro por kWh, cuando aquel valor sea inferior) Si esta norma se pusiera, es seguro que ambos incumbentes sólo tendrían que complementar la oferta y la demanda durante unos pocos días, ya que la cantidad de gas comercializada cada día en el mercado secundario, sin precio declarado, es desde hace tiempo muy superior.
En este cuaderno iré poniendo notas sobre los temas que me gustan o que me preocupan. Por deformación profesional abundarán los temas sobre economía en general y sobre energía y empresas en particular, pero también saldrán temas políticos y sociales y recetas de cocina sencillas y sanas. Son bienvenidos los comentarios, incluso aunque no sean discrepantes, sólo pido educación y respeto para las opiniones de los demás.
jueves, 14 de octubre de 2010
Dividendos virtuales: la magia fiscal
El sistema impositivo español, como los de los demás países, tiene un aspecto profundamente injusto, ya que al gravar las rentas que se obtienen, aplica tipos impositivos muy diferentes, dependiendo del origen de las rentas.
Para una persona que tenga una nómina relativamente alta, el tipo impositivo marginal estará el próximo año entre el 44 y el 50% dependiendo de la comunidad autónoma en la que declare su renta. Si la renta en lugar de proceder del trabajo personal, lo hace de inversiones financieras, independientemente del nivel de renta, el tipo marginal será, enseguida, del 21%, esto es, menos de la mitad. Si la renta proviene de una actividad sujeta a módulos, para una renta efectiva equivalente a la nómina anterior, el tipo marginal será prácticamente nulo para la mayor parte de la renta obtenida, y si la renta proviene de una empresa el tipo variará entre el 1% de las famosas SICAV y el 25% (de una base imponible inferior porque se pueden deducir numerosos gastos que no son deducibles en las rentas de otros orígenes) para la mayoría de las empresas pequeñas y medianas, tipos a los que habrá que añadir el 21% si se reparten dividendos, lo que explica que los profesionales con rentas elevadas monten una sociedad a poco que puedan para reducir el tipo impositivo efectivo.
Pero la verdadera magia fiscal aparece con los dividendos virtuales, que son aquellas retribuciones que se obtienen indirectamente de la empresa de la que uno es propietario y que tienen la virtud, para el contribuyente, de que no pagan impuesto sobre la renta e incluso, en muchos casos, permiten recuperar, total o parcialmente, el IVA.
Para los que no son ricos, los dividendos virtuales sólo se pueden aplicar a bienes y servicios limitados, pero los ricos de verdad pueden pagar una parte muy relevante de sus gastos sin tener que pagar ni siquiera el IVA.
La persona no rica puede, por ejemplo, comprar a través de la empresa el ordenador que después usará su hijo. Recuperará la totalidad del IVA y no sólo no pagará ningún impuesto sino que dejará de pagar el 25% del precio antes de IVA en el impuesto de sociedades. Si el precio antes de IVA del ordenador fuera de 600 euros, el coste después de impuestos habría sido para su empresa de 450 euros.
Si esa misma persona pagara el mismo ordenador a través de un dividendo obtenido de su empresa, necesitaría recibir de la empresa 896,20 euros (para pagar el impuesto sobre la renta (188,2 euros) y el ordenador con el IVA (708 euros)) para lo que la empresa habría pagado antes otros 298,73 euros por impuesto de sociedades, con lo que habría tenido que dedicar un total de 1194,93 euros de los resultados de la empresa, de los que Hacienda habría recibido 594,93 euros por las distintas vías impositivas.
La magia del dividendo virtual está en la diferencia entre ambas cifras, 1194,93 euros por la vía del dividendo tradicional frente a 450 euros por la vía del dividendo virtual, lo que equivale a haber tenido una reducción en el precio del 62,3%.
Los ricos de verdad pueden extender esta práctica, y lo hacen, a la mayoría de sus gastos en bienes y servicios, incluidas las vacaciones, ya que nada impide que su empresa (una SA de alta facturación) decida realizar cada año una reunión para definir la estrategia de la empresa, o una convención de ventas, en un hotel de lujo de la ciudad en la que el dueño de la empresa desee pasar sus vacaciones con su familia.
Para una persona que tenga una nómina relativamente alta, el tipo impositivo marginal estará el próximo año entre el 44 y el 50% dependiendo de la comunidad autónoma en la que declare su renta. Si la renta en lugar de proceder del trabajo personal, lo hace de inversiones financieras, independientemente del nivel de renta, el tipo marginal será, enseguida, del 21%, esto es, menos de la mitad. Si la renta proviene de una actividad sujeta a módulos, para una renta efectiva equivalente a la nómina anterior, el tipo marginal será prácticamente nulo para la mayor parte de la renta obtenida, y si la renta proviene de una empresa el tipo variará entre el 1% de las famosas SICAV y el 25% (de una base imponible inferior porque se pueden deducir numerosos gastos que no son deducibles en las rentas de otros orígenes) para la mayoría de las empresas pequeñas y medianas, tipos a los que habrá que añadir el 21% si se reparten dividendos, lo que explica que los profesionales con rentas elevadas monten una sociedad a poco que puedan para reducir el tipo impositivo efectivo.
Pero la verdadera magia fiscal aparece con los dividendos virtuales, que son aquellas retribuciones que se obtienen indirectamente de la empresa de la que uno es propietario y que tienen la virtud, para el contribuyente, de que no pagan impuesto sobre la renta e incluso, en muchos casos, permiten recuperar, total o parcialmente, el IVA.
Para los que no son ricos, los dividendos virtuales sólo se pueden aplicar a bienes y servicios limitados, pero los ricos de verdad pueden pagar una parte muy relevante de sus gastos sin tener que pagar ni siquiera el IVA.
La persona no rica puede, por ejemplo, comprar a través de la empresa el ordenador que después usará su hijo. Recuperará la totalidad del IVA y no sólo no pagará ningún impuesto sino que dejará de pagar el 25% del precio antes de IVA en el impuesto de sociedades. Si el precio antes de IVA del ordenador fuera de 600 euros, el coste después de impuestos habría sido para su empresa de 450 euros.
Si esa misma persona pagara el mismo ordenador a través de un dividendo obtenido de su empresa, necesitaría recibir de la empresa 896,20 euros (para pagar el impuesto sobre la renta (188,2 euros) y el ordenador con el IVA (708 euros)) para lo que la empresa habría pagado antes otros 298,73 euros por impuesto de sociedades, con lo que habría tenido que dedicar un total de 1194,93 euros de los resultados de la empresa, de los que Hacienda habría recibido 594,93 euros por las distintas vías impositivas.
La magia del dividendo virtual está en la diferencia entre ambas cifras, 1194,93 euros por la vía del dividendo tradicional frente a 450 euros por la vía del dividendo virtual, lo que equivale a haber tenido una reducción en el precio del 62,3%.
Los ricos de verdad pueden extender esta práctica, y lo hacen, a la mayoría de sus gastos en bienes y servicios, incluidas las vacaciones, ya que nada impide que su empresa (una SA de alta facturación) decida realizar cada año una reunión para definir la estrategia de la empresa, o una convención de ventas, en un hotel de lujo de la ciudad en la que el dueño de la empresa desee pasar sus vacaciones con su familia.
jueves, 30 de septiembre de 2010
Huelga general: Fracaso Global
Ayer tuvo lugar en España la Huelga General convocada fundamentalmente por los dos principales sindicatos CCOO y UGT. La prensa de hoy califica el resultado, en general, de fracaso de la convocatoria, basándose en los datos, más o menos objetivos, del escaso seguimiento que tuvo la huelga. Pero lo que no se dice es que el fracaso lo ha sido de todos, porque la huelga de ayer no habrá servido para nada para casi nadie.
Mucha gente usa el consumo de energía eléctrica como indicador del alcance de la huelga. Afortunadamente, Red Eléctrica proporciona a todo el que quiera verlo en Internet los datos desglosados y, como es habitual, cada estamento los interpreta para defender sus tesis. Yo he realizado un ejercicio que me parece bastante objetivo, a partir de los datos, también creo que objetivos, del distinto seguimiento por sectores. Parece claro que en la gran industria el paro ha sido muy elevado (cosa que beneficia a las empresas, ya que se habrán ahorrado unos cuantos salarios y si les hace falta, ya recuperarán la producción perdida en las próximas semanas) Esas empresas son grandes consumidoras de electricidad y trabajan las 24 horas del día a ritmo muy regular, por lo que he calculado cuanta energía eléctrica se ha dejado de consumir en las primeras seis horas del día y he supuesto que esa misma cantidad es la que han dejado de consumir esas mismas empresas las otras dieciocho horas restantes. Después he calculado cuanto ha descendido la demanda de electricidad en el resto de la economía durante las veinticuatro horas, y la cifra que resulta es un descenso del 7,3%. Teniendo en cuenta que hay bastante relación entre actividad económica y consumo de electricidad y que lógicamente hay que sumar las personas que trabajan en las industrias de trabajo continuo, y sin pretender que el resultado sea algo más que una mera aproximación, considero que la repercusión efectiva de la huelga debió ser del orden del 10%, cifra que además parece congruente con los datos facilitados por empresas y organismos públicos, aunque se aleje mucho de la cifra del 70% que dan los sindicatos convocantes.
Los sindicatos han perdido una porción más de la escasa imagen que tenían antes ante la sociedad, por su empeño en calificar de éxito innegable lo que a todas luces ha sido un fracaso importante, por su objetivo principal de seguir viviendo de la sopa boba y por su falta de autocrítica al analizar los comportamientos inaceptables de determinados piquetes, llegando a decir que en caso de huelga, el derecho a la huelga es más importante que el derecho al trabajo, lo que sería absurdo (ya que el derecho fundamental, que corresponde a cada una de las personas por separado, es el de poder decidir libremente si desea hacer huelga o desea trabajar) si no fuera porque lo que en realidad están diciendo es que en caso de huelga ellos tienen el derecho de impedir, incluso por la fuerza, que aquellas personas que deseen trabajar puedan hacerlo, esto es que las personas que no les siguen pierden por ese motivo uno de sus derechos fundamentales.
Los empresarios que no respetan el derecho a la huelga, y que impiden a sus empleados que lo hagan por medios más sutiles que el uso de los piquetes coactivos, habrán conseguido que las personas que hubieran deseado hacer huelga hayan cedido a la presión subliminal de “si haces huelga, allá tú, porque antes o después perderás parte de tu retribución, en el mejor de los casos, o el trabajo si tienes peor suerte” por descontado también habrán conseguido desmotivar a muchos empleados, incluida buena parte de los que no deseaban hacer huelga. Tengo la impresión, aunque no esté basada en datos contrastables, de que el número de personas que han visto violentada su libertad de elección por parte de los empresarios supera en varias veces al número de personas que no han podido trabajar por la presión sindical.
Los gobernantes, a todos los niveles, que en su afán de no perder votos se niegan a denunciar y rechazar públicamente todas las actuaciones contra la libertad (tanto de hacer huelga como de no hacerla) y al margen de que hayan podido salvar algunos votos, también han conseguido erosionar aún más la ya menguada credibilidad de los políticos.
La población en general, porque al margen de la actitud tomada ante la huelga respecto a hacerla o no, y dejando al margen a los violentos que no han dudado en quitar la libertad a personas que no conocen y que probablemente no volverán a ver en su vida, no ha sido capaz de dar el mensaje de rechazo a las actitudes inaceptables de sindicatos, empresarios y políticos, lo que llevará a una sensación de impotencia que hará aún más difícil la salida de la crisis.
Y es que para solucionar la crisis actual, como muestra la viñeta gentilmente cedida por su autor, más que hacer una Huelga General para que el Gobierno cambie algunas de sus políticas económicas, el conjunto de la sociedad debería expresar su rechazo a que los hilos de la economía, y en consecuencia de la política social, sigan siendo movidos por los que, siendo desconocidos, tienen el poder de hacer que políticos, sindicatos y empresarios actúen según sus órdenes.
Ayer tuvo lugar en España la Huelga General convocada fundamentalmente por los dos principales sindicatos CCOO y UGT. La prensa de hoy califica el resultado, en general, de fracaso de la convocatoria, basándose en los datos, más o menos objetivos, del escaso seguimiento que tuvo la huelga. Pero lo que no se dice es que el fracaso lo ha sido de todos, porque la huelga de ayer no habrá servido para nada para casi nadie.
Mucha gente usa el consumo de energía eléctrica como indicador del alcance de la huelga. Afortunadamente, Red Eléctrica proporciona a todo el que quiera verlo en Internet los datos desglosados y, como es habitual, cada estamento los interpreta para defender sus tesis. Yo he realizado un ejercicio que me parece bastante objetivo, a partir de los datos, también creo que objetivos, del distinto seguimiento por sectores. Parece claro que en la gran industria el paro ha sido muy elevado (cosa que beneficia a las empresas, ya que se habrán ahorrado unos cuantos salarios y si les hace falta, ya recuperarán la producción perdida en las próximas semanas) Esas empresas son grandes consumidoras de electricidad y trabajan las 24 horas del día a ritmo muy regular, por lo que he calculado cuanta energía eléctrica se ha dejado de consumir en las primeras seis horas del día y he supuesto que esa misma cantidad es la que han dejado de consumir esas mismas empresas las otras dieciocho horas restantes. Después he calculado cuanto ha descendido la demanda de electricidad en el resto de la economía durante las veinticuatro horas, y la cifra que resulta es un descenso del 7,3%. Teniendo en cuenta que hay bastante relación entre actividad económica y consumo de electricidad y que lógicamente hay que sumar las personas que trabajan en las industrias de trabajo continuo, y sin pretender que el resultado sea algo más que una mera aproximación, considero que la repercusión efectiva de la huelga debió ser del orden del 10%, cifra que además parece congruente con los datos facilitados por empresas y organismos públicos, aunque se aleje mucho de la cifra del 70% que dan los sindicatos convocantes.
Los sindicatos han perdido una porción más de la escasa imagen que tenían antes ante la sociedad, por su empeño en calificar de éxito innegable lo que a todas luces ha sido un fracaso importante, por su falta de autocrítica al analizar los comportamientos inaceptables de determinados piquetes, llegando a decir que en caso de huelga, el derecho a la huelga es más importante que el derecho al trabajo, lo que sería absurdo (ya que el derecho fundamental, que corresponde a cada una de las personas por separado, es el de poder decidir libremente si desea hacer huelga o desea trabajar) si no fuera porque lo que en realidad están diciendo es que en caso de huelga ellos tienen el derecho de impedir, incluso por la fuerza, que aquellas personas que deseen trabajar puedan hacerlo, esto es que las personas que no les siguen pierden por ese motivo uno de sus derechos fundamentales.
Los empresarios que no respetan el derecho a la huelga, y que impiden a sus empleados que lo hagan por medios más sutiles que el uso de los piquetes coactivos, habrán conseguido que las personas que hubieran deseado hacer huelga hayan cedido a la presión subliminal de “si haces huelga, allá tú, porque antes o después perderás parte de tu retribución, en el mejor de los casos, o el trabajo si no tienes suerte” por descontado también habrán conseguido desmotivar a muchos empleados, incluida buena parte de los que no deseaban hacer huelga. Tengo la impresión, aunque no esté basada en datos contrastables, de que el número de personas que han visto violentada su libertad de elección por parte de los empresarios supera en varias veces al número de personas que no han podido trabajar por la presión sindical.
Los gobernantes, a todos los niveles, que en su afán de no perder votos se niegan a denunciar y rechazar públicamente todas las actuaciones contra la libertad (tanto de hacer huelga como de no hacerla) y al margen de que hayan podido salvar algunos votos, también han conseguido erosionar aún más la ya menguada credibilidad de los políticos.
La población en general, porque al margen de la actitud tomada ante la huelga respecto a hacerla o no, y dejando al margen a los violentos que no han dudado en quitar la libertad a personas que no conocen y que probablemente no volverán a ver en su vida, no ha sido capaz de dar el mensaje de rechazo a las actitudes inaceptables de sindicatos, empresarios y políticos, lo que llevará a una sensación de impotencia que hará aún más difícil la salida de la crisis.
Y es que para solucionar la crisis actual, como muestra la viñeta gentilmente cedida por su autor, más que hacer una Huelga General para que el Gobierno cambie algunas de sus políticas económicas, el conjunto de la sociedad debería expresar su rechazo a que los hilos de la economía, y en consecuencia de la política social, sigan siendo movidos por los que, siendo desconocidos, tienen el poder de hacer que políticos, sindicatos y empresarios actúen según sus órdenes.
Mucha gente usa el consumo de energía eléctrica como indicador del alcance de la huelga. Afortunadamente, Red Eléctrica proporciona a todo el que quiera verlo en Internet los datos desglosados y, como es habitual, cada estamento los interpreta para defender sus tesis. Yo he realizado un ejercicio que me parece bastante objetivo, a partir de los datos, también creo que objetivos, del distinto seguimiento por sectores. Parece claro que en la gran industria el paro ha sido muy elevado (cosa que beneficia a las empresas, ya que se habrán ahorrado unos cuantos salarios y si les hace falta, ya recuperarán la producción perdida en las próximas semanas) Esas empresas son grandes consumidoras de electricidad y trabajan las 24 horas del día a ritmo muy regular, por lo que he calculado cuanta energía eléctrica se ha dejado de consumir en las primeras seis horas del día y he supuesto que esa misma cantidad es la que han dejado de consumir esas mismas empresas las otras dieciocho horas restantes. Después he calculado cuanto ha descendido la demanda de electricidad en el resto de la economía durante las veinticuatro horas, y la cifra que resulta es un descenso del 7,3%. Teniendo en cuenta que hay bastante relación entre actividad económica y consumo de electricidad y que lógicamente hay que sumar las personas que trabajan en las industrias de trabajo continuo, y sin pretender que el resultado sea algo más que una mera aproximación, considero que la repercusión efectiva de la huelga debió ser del orden del 10%, cifra que además parece congruente con los datos facilitados por empresas y organismos públicos, aunque se aleje mucho de la cifra del 70% que dan los sindicatos convocantes.
Los sindicatos han perdido una porción más de la escasa imagen que tenían antes ante la sociedad, por su empeño en calificar de éxito innegable lo que a todas luces ha sido un fracaso importante, por su objetivo principal de seguir viviendo de la sopa boba y por su falta de autocrítica al analizar los comportamientos inaceptables de determinados piquetes, llegando a decir que en caso de huelga, el derecho a la huelga es más importante que el derecho al trabajo, lo que sería absurdo (ya que el derecho fundamental, que corresponde a cada una de las personas por separado, es el de poder decidir libremente si desea hacer huelga o desea trabajar) si no fuera porque lo que en realidad están diciendo es que en caso de huelga ellos tienen el derecho de impedir, incluso por la fuerza, que aquellas personas que deseen trabajar puedan hacerlo, esto es que las personas que no les siguen pierden por ese motivo uno de sus derechos fundamentales.
Los empresarios que no respetan el derecho a la huelga, y que impiden a sus empleados que lo hagan por medios más sutiles que el uso de los piquetes coactivos, habrán conseguido que las personas que hubieran deseado hacer huelga hayan cedido a la presión subliminal de “si haces huelga, allá tú, porque antes o después perderás parte de tu retribución, en el mejor de los casos, o el trabajo si tienes peor suerte” por descontado también habrán conseguido desmotivar a muchos empleados, incluida buena parte de los que no deseaban hacer huelga. Tengo la impresión, aunque no esté basada en datos contrastables, de que el número de personas que han visto violentada su libertad de elección por parte de los empresarios supera en varias veces al número de personas que no han podido trabajar por la presión sindical.
Los gobernantes, a todos los niveles, que en su afán de no perder votos se niegan a denunciar y rechazar públicamente todas las actuaciones contra la libertad (tanto de hacer huelga como de no hacerla) y al margen de que hayan podido salvar algunos votos, también han conseguido erosionar aún más la ya menguada credibilidad de los políticos.
La población en general, porque al margen de la actitud tomada ante la huelga respecto a hacerla o no, y dejando al margen a los violentos que no han dudado en quitar la libertad a personas que no conocen y que probablemente no volverán a ver en su vida, no ha sido capaz de dar el mensaje de rechazo a las actitudes inaceptables de sindicatos, empresarios y políticos, lo que llevará a una sensación de impotencia que hará aún más difícil la salida de la crisis.
Y es que para solucionar la crisis actual, como muestra la viñeta gentilmente cedida por su autor, más que hacer una Huelga General para que el Gobierno cambie algunas de sus políticas económicas, el conjunto de la sociedad debería expresar su rechazo a que los hilos de la economía, y en consecuencia de la política social, sigan siendo movidos por los que, siendo desconocidos, tienen el poder de hacer que políticos, sindicatos y empresarios actúen según sus órdenes.
Ayer tuvo lugar en España la Huelga General convocada fundamentalmente por los dos principales sindicatos CCOO y UGT. La prensa de hoy califica el resultado, en general, de fracaso de la convocatoria, basándose en los datos, más o menos objetivos, del escaso seguimiento que tuvo la huelga. Pero lo que no se dice es que el fracaso lo ha sido de todos, porque la huelga de ayer no habrá servido para nada para casi nadie.
Mucha gente usa el consumo de energía eléctrica como indicador del alcance de la huelga. Afortunadamente, Red Eléctrica proporciona a todo el que quiera verlo en Internet los datos desglosados y, como es habitual, cada estamento los interpreta para defender sus tesis. Yo he realizado un ejercicio que me parece bastante objetivo, a partir de los datos, también creo que objetivos, del distinto seguimiento por sectores. Parece claro que en la gran industria el paro ha sido muy elevado (cosa que beneficia a las empresas, ya que se habrán ahorrado unos cuantos salarios y si les hace falta, ya recuperarán la producción perdida en las próximas semanas) Esas empresas son grandes consumidoras de electricidad y trabajan las 24 horas del día a ritmo muy regular, por lo que he calculado cuanta energía eléctrica se ha dejado de consumir en las primeras seis horas del día y he supuesto que esa misma cantidad es la que han dejado de consumir esas mismas empresas las otras dieciocho horas restantes. Después he calculado cuanto ha descendido la demanda de electricidad en el resto de la economía durante las veinticuatro horas, y la cifra que resulta es un descenso del 7,3%. Teniendo en cuenta que hay bastante relación entre actividad económica y consumo de electricidad y que lógicamente hay que sumar las personas que trabajan en las industrias de trabajo continuo, y sin pretender que el resultado sea algo más que una mera aproximación, considero que la repercusión efectiva de la huelga debió ser del orden del 10%, cifra que además parece congruente con los datos facilitados por empresas y organismos públicos, aunque se aleje mucho de la cifra del 70% que dan los sindicatos convocantes.
Los sindicatos han perdido una porción más de la escasa imagen que tenían antes ante la sociedad, por su empeño en calificar de éxito innegable lo que a todas luces ha sido un fracaso importante, por su falta de autocrítica al analizar los comportamientos inaceptables de determinados piquetes, llegando a decir que en caso de huelga, el derecho a la huelga es más importante que el derecho al trabajo, lo que sería absurdo (ya que el derecho fundamental, que corresponde a cada una de las personas por separado, es el de poder decidir libremente si desea hacer huelga o desea trabajar) si no fuera porque lo que en realidad están diciendo es que en caso de huelga ellos tienen el derecho de impedir, incluso por la fuerza, que aquellas personas que deseen trabajar puedan hacerlo, esto es que las personas que no les siguen pierden por ese motivo uno de sus derechos fundamentales.
Los empresarios que no respetan el derecho a la huelga, y que impiden a sus empleados que lo hagan por medios más sutiles que el uso de los piquetes coactivos, habrán conseguido que las personas que hubieran deseado hacer huelga hayan cedido a la presión subliminal de “si haces huelga, allá tú, porque antes o después perderás parte de tu retribución, en el mejor de los casos, o el trabajo si no tienes suerte” por descontado también habrán conseguido desmotivar a muchos empleados, incluida buena parte de los que no deseaban hacer huelga. Tengo la impresión, aunque no esté basada en datos contrastables, de que el número de personas que han visto violentada su libertad de elección por parte de los empresarios supera en varias veces al número de personas que no han podido trabajar por la presión sindical.
Los gobernantes, a todos los niveles, que en su afán de no perder votos se niegan a denunciar y rechazar públicamente todas las actuaciones contra la libertad (tanto de hacer huelga como de no hacerla) y al margen de que hayan podido salvar algunos votos, también han conseguido erosionar aún más la ya menguada credibilidad de los políticos.
La población en general, porque al margen de la actitud tomada ante la huelga respecto a hacerla o no, y dejando al margen a los violentos que no han dudado en quitar la libertad a personas que no conocen y que probablemente no volverán a ver en su vida, no ha sido capaz de dar el mensaje de rechazo a las actitudes inaceptables de sindicatos, empresarios y políticos, lo que llevará a una sensación de impotencia que hará aún más difícil la salida de la crisis.
Y es que para solucionar la crisis actual, como muestra la viñeta gentilmente cedida por su autor, más que hacer una Huelga General para que el Gobierno cambie algunas de sus políticas económicas, el conjunto de la sociedad debería expresar su rechazo a que los hilos de la economía, y en consecuencia de la política social, sigan siendo movidos por los que, siendo desconocidos, tienen el poder de hacer que políticos, sindicatos y empresarios actúen según sus órdenes.
viernes, 24 de septiembre de 2010
Informe sobre competitividad global del World Economic Forum (II)
El informe clasifica los 111 factores en 12 grupos, que llama pilares, y también junta los pilares en los tres grupos fundamentales ya comentados.
El primer grupo (Necesidades básicas) está formado por cuatro pilares: Instituciones, Infraestructuras, Entorno macroeconómico y Salud y Enseñanza Primaria. Como es lógico, España obtiene una puntuación buena o muy buena en cada uno de los cuatro pilares, pero si se analizan en detalle los factores, hay algunos aspectos que deben destacarse:
Desde el lado positivo, la calidad de las infraestructuras, especialmente los ferrocarriles y los puertos, la reducida inflación, la tasa de escolarización (99,8%) la esperanza de vida (81,1 años) y la escasa mortalidad infantil (3,5 bebés muertos en el primer año de vida por cada 1000 nacidos vivos)
En el lado negativo destacan los fallos que ya conocemos de las administraciones (despilfarro del gasto público, efectos negativos de las regulaciones, la falta de transparencia de las políticas del gobierno, la escasa credibilidad de los políticos) También las empresas tienen aspectos claves a mejorar (eficiencia de los consejos de administración, protección de los intereses de los accionistas minoritarios y calidad de los informes y auditorías) En lo que se refiere a la estabilidad macroeconómica, los aspectos a mejorar son el déficit público, la deuda pública (que sorprendentemente tiene una valoración muy parecida a la del déficit, cuando la realidad objetiva es bien distinta) y la tasa de ahorro interior. Los aspectos más sorprendentes están en el lado de la enseñanza primaria, ya que la excelente tasa de escolarización va acompañada, por desgracia, de una pésima calidad de la enseñanza y de un gasto público en enseñanza muy reducido.
El segundo grupo (Impulsores de la eficiencia) está formado por seis pilares: Enseñanzas Secundaria y Superior y Formación Profesional, Eficiencia de los mercados de bienes, Eficiencia del mercado laboral, Sofisticación del mercado financiero, Actualización tecnológica y tamaño del mercado.
Los principales aspectos positivos de este segundo grupo son las tasas de escolarización (excelente en Secundaria y muy alta en Superior) la excelencia de las Escuelas de Negocios la ausencia de barreras tarifarias, la más que suficiente sofisticación de las entidades financieras y el tamaño del mercado (por nuestra pertenencia a la Unión Europea)
A cambio, tenemos un buen puñado de aspectos negativos: En las enseñanzas Secundaria y Superior y Formación de los profesionales, la deficiente calidad del sistema educativo en general, y de las enseñanzas de las matemáticas y ciencias en particular, la escasez de la formación de los técnicos durante la etapa del ejercicio profesional, y la escasa disponibilidad de Internet en los centros educativos. En el pilar de eficiencia del mercado de bienes destacan, por su deficiencia, el tiempo y los trámites necesarios para iniciar una actividad económica, la elevada tasa fiscal global y los costes de la política agrícola: El mercado de trabajo es el pilar que presenta peores resultados a causa de la rigidez del mercado, las practicas de reclutamiento y despido, la escasa equidad del pago recibido por la productividad demostrada y la escasa colaboración en las relaciones trabajadores-empleadores. El mercado financiero tiene sus aspectos más negativos en la dificultad de obtener préstamos, en la deficiente regulación de los mercados de activos financieros, en la debilidad de los derechos legales y en la escasa disponibilidad de capital para proyectos de alto riesgo. La actualización tecnológica y el tamaño de mercado no tienen aspectos que merezcan la calificación de deficientes.
El tercer grupo (Factores de Innovación y Sofisticación de los negocios) está formado por los dos pilares restantes que están en el nombre del grupo.
Los aspectos positivos a destacar son la cantidad y calidad de suministradores locales y el número de patentes por mil habitantes.
En la parte negativa hay que resaltar la escasa capacidad para delegar, el deficiente control de la distribución internacional, el deficiente procedimiento para la adquisición por parte del sector público de bienes de alta tecnología, la escasa disponibilidad de científicos e ingenieros, la escasa inversión de las empresas en I+D y la poca calidad de las entidades de investigación, todos estos últimos aspectos puestos, lógicamente, en relación con el nivel de desarrollo del país.
El primer grupo (Necesidades básicas) está formado por cuatro pilares: Instituciones, Infraestructuras, Entorno macroeconómico y Salud y Enseñanza Primaria. Como es lógico, España obtiene una puntuación buena o muy buena en cada uno de los cuatro pilares, pero si se analizan en detalle los factores, hay algunos aspectos que deben destacarse:
Desde el lado positivo, la calidad de las infraestructuras, especialmente los ferrocarriles y los puertos, la reducida inflación, la tasa de escolarización (99,8%) la esperanza de vida (81,1 años) y la escasa mortalidad infantil (3,5 bebés muertos en el primer año de vida por cada 1000 nacidos vivos)
En el lado negativo destacan los fallos que ya conocemos de las administraciones (despilfarro del gasto público, efectos negativos de las regulaciones, la falta de transparencia de las políticas del gobierno, la escasa credibilidad de los políticos) También las empresas tienen aspectos claves a mejorar (eficiencia de los consejos de administración, protección de los intereses de los accionistas minoritarios y calidad de los informes y auditorías) En lo que se refiere a la estabilidad macroeconómica, los aspectos a mejorar son el déficit público, la deuda pública (que sorprendentemente tiene una valoración muy parecida a la del déficit, cuando la realidad objetiva es bien distinta) y la tasa de ahorro interior. Los aspectos más sorprendentes están en el lado de la enseñanza primaria, ya que la excelente tasa de escolarización va acompañada, por desgracia, de una pésima calidad de la enseñanza y de un gasto público en enseñanza muy reducido.
El segundo grupo (Impulsores de la eficiencia) está formado por seis pilares: Enseñanzas Secundaria y Superior y Formación Profesional, Eficiencia de los mercados de bienes, Eficiencia del mercado laboral, Sofisticación del mercado financiero, Actualización tecnológica y tamaño del mercado.
Los principales aspectos positivos de este segundo grupo son las tasas de escolarización (excelente en Secundaria y muy alta en Superior) la excelencia de las Escuelas de Negocios la ausencia de barreras tarifarias, la más que suficiente sofisticación de las entidades financieras y el tamaño del mercado (por nuestra pertenencia a la Unión Europea)
A cambio, tenemos un buen puñado de aspectos negativos: En las enseñanzas Secundaria y Superior y Formación de los profesionales, la deficiente calidad del sistema educativo en general, y de las enseñanzas de las matemáticas y ciencias en particular, la escasez de la formación de los técnicos durante la etapa del ejercicio profesional, y la escasa disponibilidad de Internet en los centros educativos. En el pilar de eficiencia del mercado de bienes destacan, por su deficiencia, el tiempo y los trámites necesarios para iniciar una actividad económica, la elevada tasa fiscal global y los costes de la política agrícola: El mercado de trabajo es el pilar que presenta peores resultados a causa de la rigidez del mercado, las practicas de reclutamiento y despido, la escasa equidad del pago recibido por la productividad demostrada y la escasa colaboración en las relaciones trabajadores-empleadores. El mercado financiero tiene sus aspectos más negativos en la dificultad de obtener préstamos, en la deficiente regulación de los mercados de activos financieros, en la debilidad de los derechos legales y en la escasa disponibilidad de capital para proyectos de alto riesgo. La actualización tecnológica y el tamaño de mercado no tienen aspectos que merezcan la calificación de deficientes.
El tercer grupo (Factores de Innovación y Sofisticación de los negocios) está formado por los dos pilares restantes que están en el nombre del grupo.
Los aspectos positivos a destacar son la cantidad y calidad de suministradores locales y el número de patentes por mil habitantes.
En la parte negativa hay que resaltar la escasa capacidad para delegar, el deficiente control de la distribución internacional, el deficiente procedimiento para la adquisición por parte del sector público de bienes de alta tecnología, la escasa disponibilidad de científicos e ingenieros, la escasa inversión de las empresas en I+D y la poca calidad de las entidades de investigación, todos estos últimos aspectos puestos, lógicamente, en relación con el nivel de desarrollo del país.
Informe sobre competitividad global del World Economic Forum (I)
Hace dos semanas que el World Economic Forum (WEF) publicó su informe sobre la competitividad global 2010-2011, que abarca a 139 países. La prensa española se hizo eco, con opiniones distintas según el pelaje político del editor, de la caída de España desde el puesto 33 al 42 (dos años antes estaba en el puesto 29)
Este tipo de informes tienen, en mi opinión, un defecto genérico que hace muy difícil considerar sus datos simplificados como datos objetivos, ya que variaciones mínimas de cualquier indicador llevan a variaciones muy importantes en la clasificación, cuando se trata de países muy parecidos en ese aspecto, pero son necesarias variaciones muy fuertes para cambiar unos pocos puestos cuando se está en un tramo en el que los países son muy diferentes.
Este informe hace un estudio muy completo, ya que analiza para cada país 111 factores diferentes. Pero la comparabilidad de los resultados entre unos países y otros es más que dudosa, y no sólo cuando se trata de países muy diferentes. Una buena parte de los factores son subjetivos y las respuestas en unos países y otros pueden ser poco homogéneas por distintas razones: en países muy nacionalistas, las respuestas de las empresas del país para valorar su situación serán de una puntuación más elevada que en países menos nacionalistas, pero también en países con un problema grave, por ejemplo de falta de competencia, las empresas del país que se estén beneficiando de esa situación de monopolio u oligopolio la valorarán de forma más positiva que las empresas en países con mayor competencia, donde habrá pocas empresas que se beneficien de los fallos de competencia, pero donde las que no se benefician serán mucho más exigentes al valorar los fallos de competencia que puedan existir.
En lo que se refiere a la comparación de países con estado de desarrollo muy distinto, el informe del WEF intenta hacerla más objetiva dividiendo a los países en tres grupos en función de su PIB por persona y aplicando distintas ponderaciones para los factores en función del grupo en que se encuentre. Sin duda el resultado global será positivo, pero se puede dar el caso (como ocurre con España) en que está técnica haga que un país se encuentre en un puesto más bajo que el que tiene en cada uno de los tres grupos de indicadores. En efecto, en este informe España alcanza el puesto 42, cuando tiene el puesto 38 en el grupo de Necesidades básicas, el puesto 32 en el grupo de Impulsores de la Eficiencia y el puesto 41 en el de Factores de Innovación y Sofisticación de los negocios.
Sin embargo, creo que es muy interesante analizar la situación de cada país en cada uno de los 111 factores usados y compararlo con los valores medios, y también con los máximos, de todos los países, en vez de hacerlo con el puesto que ocupa.
Los resultados dan unas pautas sobre los aspectos que la sociedad española debería esforzarse en mejorar, para consolidar y mejorar en el futuro la calidad de vida ya alcanzada.
Entre los que cuestan poco dinero y serían socialmente deseados o al menos aceptados sin oposición relevante (lo que no significa que sean fáciles de implantar) destacan la drástica reducción del despilfarro del gasto público, la mejora de las regulaciones, la adopción de la transparencia en las políticas del gobierno, la recuperación de la credibilidad de los políticos, la incorporación efectiva y universal de Internet a todos los centros de enseñanza, la simplificación de los trámites burocráticos y la eliminación de las decisiones arbitrarias para la obtención de permisos y la mejora drástica de los procedimientos de compra de bienes de alta tecnología por parte del sector público.
Hay otro grupo de mejoras que no costarían demasiado dinero pero que presenta grandes dificultades para ser aceptadas por los que tienen que tomar la decisión de implantarlas, por los que tienen que aplicarlas o por los destinatarios finales. Sin embargo , España necesita que se mejoren drásticamente la calidad de la enseñanza (Primaria, Secundaria y Superior) la eficiencia de los Consejos de Administración, la protección efectiva de los intereses de los accionistas minoritarios, la mejora del mercado laboral, la regulación eficaz del sistema financiero y de los mercados de activos financieros, la mejora de la delegación en las empresas, así como el establecimiento de una mayor equidad entre trabajo realizado y retribución obtenida.
Finalmente, hay un tercer grupo de mejoras que son casi imprescindibles pero que difícilmente serán acometidas por el gobierno: la racionalización del gasto público, única manera de conseguir reducir el déficit público y la deuda pública sin tener que aumentar todavía más la carga fiscal efectiva.
En la segunda parte de este artículo haré una referencia más detallada a los resultados de España en aquellos factores en los que destaca y en los que está claramente retrasada, porque son los factores en los que la sociedad debería esforzarse más para mejorar la situación de forma más rápida y eficaz.
Este tipo de informes tienen, en mi opinión, un defecto genérico que hace muy difícil considerar sus datos simplificados como datos objetivos, ya que variaciones mínimas de cualquier indicador llevan a variaciones muy importantes en la clasificación, cuando se trata de países muy parecidos en ese aspecto, pero son necesarias variaciones muy fuertes para cambiar unos pocos puestos cuando se está en un tramo en el que los países son muy diferentes.
Este informe hace un estudio muy completo, ya que analiza para cada país 111 factores diferentes. Pero la comparabilidad de los resultados entre unos países y otros es más que dudosa, y no sólo cuando se trata de países muy diferentes. Una buena parte de los factores son subjetivos y las respuestas en unos países y otros pueden ser poco homogéneas por distintas razones: en países muy nacionalistas, las respuestas de las empresas del país para valorar su situación serán de una puntuación más elevada que en países menos nacionalistas, pero también en países con un problema grave, por ejemplo de falta de competencia, las empresas del país que se estén beneficiando de esa situación de monopolio u oligopolio la valorarán de forma más positiva que las empresas en países con mayor competencia, donde habrá pocas empresas que se beneficien de los fallos de competencia, pero donde las que no se benefician serán mucho más exigentes al valorar los fallos de competencia que puedan existir.
En lo que se refiere a la comparación de países con estado de desarrollo muy distinto, el informe del WEF intenta hacerla más objetiva dividiendo a los países en tres grupos en función de su PIB por persona y aplicando distintas ponderaciones para los factores en función del grupo en que se encuentre. Sin duda el resultado global será positivo, pero se puede dar el caso (como ocurre con España) en que está técnica haga que un país se encuentre en un puesto más bajo que el que tiene en cada uno de los tres grupos de indicadores. En efecto, en este informe España alcanza el puesto 42, cuando tiene el puesto 38 en el grupo de Necesidades básicas, el puesto 32 en el grupo de Impulsores de la Eficiencia y el puesto 41 en el de Factores de Innovación y Sofisticación de los negocios.
Sin embargo, creo que es muy interesante analizar la situación de cada país en cada uno de los 111 factores usados y compararlo con los valores medios, y también con los máximos, de todos los países, en vez de hacerlo con el puesto que ocupa.
Los resultados dan unas pautas sobre los aspectos que la sociedad española debería esforzarse en mejorar, para consolidar y mejorar en el futuro la calidad de vida ya alcanzada.
Entre los que cuestan poco dinero y serían socialmente deseados o al menos aceptados sin oposición relevante (lo que no significa que sean fáciles de implantar) destacan la drástica reducción del despilfarro del gasto público, la mejora de las regulaciones, la adopción de la transparencia en las políticas del gobierno, la recuperación de la credibilidad de los políticos, la incorporación efectiva y universal de Internet a todos los centros de enseñanza, la simplificación de los trámites burocráticos y la eliminación de las decisiones arbitrarias para la obtención de permisos y la mejora drástica de los procedimientos de compra de bienes de alta tecnología por parte del sector público.
Hay otro grupo de mejoras que no costarían demasiado dinero pero que presenta grandes dificultades para ser aceptadas por los que tienen que tomar la decisión de implantarlas, por los que tienen que aplicarlas o por los destinatarios finales. Sin embargo , España necesita que se mejoren drásticamente la calidad de la enseñanza (Primaria, Secundaria y Superior) la eficiencia de los Consejos de Administración, la protección efectiva de los intereses de los accionistas minoritarios, la mejora del mercado laboral, la regulación eficaz del sistema financiero y de los mercados de activos financieros, la mejora de la delegación en las empresas, así como el establecimiento de una mayor equidad entre trabajo realizado y retribución obtenida.
Finalmente, hay un tercer grupo de mejoras que son casi imprescindibles pero que difícilmente serán acometidas por el gobierno: la racionalización del gasto público, única manera de conseguir reducir el déficit público y la deuda pública sin tener que aumentar todavía más la carga fiscal efectiva.
En la segunda parte de este artículo haré una referencia más detallada a los resultados de España en aquellos factores en los que destaca y en los que está claramente retrasada, porque son los factores en los que la sociedad debería esforzarse más para mejorar la situación de forma más rápida y eficaz.
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